Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Salvador Beloso rescata la historia del tranvía de Vigo: «Nos lo arrebataron de manera injusta»

El libro «Un gran tranvía para una gran ciudad» hace un recorrido nostálgico por la trayectoria del medio de transporte que cambió el rumbo de la ciudad, desde el comienzo de su reinado, hasta su ocaso

Salvador Beloso con su libro junto al homenaje a los tranvías en Castelao.

Salvador Beloso con su libro junto al homenaje a los tranvías en Castelao. / Pablo Hernández Gamarra

Vigo

No solo forman parte de la historia de la ciudad, también de la memoria de muchos vigueses que, como Salvador Beloso, recuerdan los tranvías como un personaje más en su infancia. «Éramos niños de 10, 11 o 12 años, jugábamos en las vías, los guardagujas iban detrás de nosotros, a veces nos subíamos en la parte de atrás y saltábamos del vagón en marcha», cuenta con cierta nostalgia. Eran otros tiempos: «solo lo sabemos los que lo vivimos», asegura. Esas vivencias las ha recogido en el libro Un gran tranvía para una gran ciudad, con el objetivo de dar a conocer, a las nuevas generaciones, «un Vigo diferente al actual», y arrojar cierta melancolía a aquellos que, como él, disfrutaron de sus raíles.

Más que un medio de transporte, fueron actores clave en el desarrollo de Vigo como una ciudad moderna. «Era un territorio fragmentado antes del tranvía», explica el escritor. Estas máquinas tenían la misión de unirlo. Su llegada favoreció al crecimiento de la urbe y acercó a los barrios más alejados como Cabral, Teis o el Calvario. También conectó personas, por primera vez un trabajador de las afueras podía vivir en el centro y viceversa. Vigo se convirtió en una ciudad más inclusiva y dinámica, había llegado el «progreso». En 1914, este diario anunciaba la llegada del tranvía, una promesa de futuro. El precio inicial se fijó en 5 céntimos de peseta, que acabaría subiendo. Quedaba atrás el rudimentario carruaje tirado por caballos, lento y sucio; era el momento de tener un servicio mucho más limpio y rápido, una misión para los vagones eléctricos.

Nueve líneas cruzaban el área metropolitana, algunas llegaban hasta Gondomar, Ramallosa o Baiona. En su época de esplendor llegaron a circular 99 vehículos por las calles viguesas, de modelos muy diferentes. Se adquirían los vagones a otras ciudades que ya no los usaban. «Mi favorito era el Odessa», reconoce Beloso. Su nombre se debe a que fueron construidos en Bélgica para circular por Odessa, pero la revolución rusa de 1917 cambió las circunstancias y acabaron desfilando por los raraílese Vigo. El más reconocido quizás sea el modelo Vigo, llamado así por vestir los colores de la bandera de la ciudad.

En 1968, el tranvía de Vigo dejó de circular. «Nos lo arrebataron de manera injusta», asegura Beloso. En ese año los contratos seguían vigentes «algunos seguirían circulando en 2025», aclara el escritor. El entonces alcalde, D. Rafael Portanet, anticipó a los ciudadanos que debían sumarse a siguiente ola de progreso: los autobuses. «Decía que el tranvía era un objeto anticuado e inútil», concreta el autor del libro. Para muchos vigueses, aquella decisión fue como perder un amigo, un símbolo de la ciudad que se desvaneció de golpe, para otros, el comienzo de una era. «No dependían de raíles, llegaban a más lugares», era el motivo principal del cambio. Durante ese año convivieron ambos medios de transporte, hasta el 31 de diciembre, ese día, los tranvías de Vigo, con solo 54 años de edad, entraron en la cochera de Florida para jubilarse para siempre. Los raíles quedaron soterrados bajo el asfalto, pero cuando se hacen obras asoma su memoria.

¿Un regreso al Tranvía?

Hoy en día, la idea de recuperar el tranvía parece una quimera para muchos. Para Beloso no difiere tanto de los nuevos modelos: «Madrid ya se están haciendo pruebas de de autobuses eléctricos sin conductor». Pero no cree que vuelva el «romanticismo» de antes.

Le hubiese gustado que, como ocurrió en Lisboa, se conservasen algunos modelos en zonas concretas de la ciudad como «la autovía de Baiona»; en vez de eso acabaron todos en «la chatarra». La finalidad de la obra de Beloso devuelve a los tranvías el servicio que un día dieron.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents