El árbol flotante de Navidad que supera al de Vigo: 80 metros de altura y en medio del mar
La ciudad de Río de Janeiro instala dos armazones navideños sobre la superficie del agua; uno de ellos se erige entre los más grande del mundo y su creador, curiosamente, también se llama Abel: «Amo la Navidad»
La urbe carioca presume además de organizar la mayor fiesta de fin de año de todo el planeta, en pleno verano

El árbol de Navidad se erige en medio del agua ante la mirada de miles de personas, que acompañaron su encendido. / Fábio Motta (Ayuntamiento de Río de Janeiro)
¿Y si algún día Vigo 'planta' un árbol de Navidad en las aguas de la playa de Samil? Una idea semejante se le ocurrió a Abel, pero no a Caballero, sino a Gomes, el portugués que plasmó tal hazaña en el mar de Río de Janeiro. La estructura mide casi el doble de la instalada en Porta do Sol, erigiéndose, así, como una de las más espigadas del mundo -si no la que más-: 80 metros de altura engalanados con 2,3 millones de ledes. Para su montaje final, el armazón carioca navegó 10 kilómetros en una travesía de 4 horas. Pero este no es el único árbol que impera en medio del océano que baña la ciudad brasileña: se montó uno más pequeño en otro punto turístico, que se recupera después de cinco años tras cerca de tres décadas de historia. La urbe presume además de organizar la mayor fiesta de fin de año de todo el planeta, su Réveillon.
«Esta idea loca nació porque amo mucho la Navidad», expresó a la reconocida televisión Globo Abel Gomes, el 'padre' del colosal árbol de Navidad instalado por el gobierno municipal en la urbe carioca. Este escenógrafo de origen luso proyectó la iniciativa junto al empresário Alexandre Accioly y su diseño está inspirado en la naturaleza de Río de Janeiro. La citada frase podría ser fácilmente aplicable igualmente al alcalde de Vigo, pero lo cierto es que este nuevo inmenso armazón colocado por primera vez en la playa de Botafogo supera con creces al que corona Porta do Sol.
Su altura es prácticamente el doble, 80 metros por los 45 del vigués, comparable a un edificio de 30 alturas o, para los futboleros, al ancho del estadio de Balaídos ampliando los límites más allá de las líneas de cal. «Iba a ser un poco más alta -hasta 90 metros-, pero, por un problema de ingeniería», le 'recortaron' las alas al propio Gomes, según confiesa él mismo al programa 'Fantástico'.
Sus luces 'ganan' igualmente 'por goleada': 2,3 millones de ledes frente a las 100.000 del olívico. Cuenta asimismo con un conjunto de tiras blancas que fueron colocadas manualmente. Todo ello hace que su peso se eleve a las 1.405 toneladas -20 toneladas posee el inaugurado por Caballero- sumando la balsa de apoyo.
El montaje de este árbol de Río, que se prolongó durante seis meses, supuso todo un desafío. Unos 400 empleados participaron de un proceso supervisado por dos ingenieros, padre e hijo. Su ensamblaje se realizó en una orilla de la ciudad vecina de Niterói, separada por un puente de más de 13 kilómetros, lo más parecido en el ámbito local al de Rande.
Tras colocar la última de sus piezas, se estudió minuciosamente su traslado a la playa de Botafogo, emplazada en la bahía de Guanabara, por donde entraron los primeros portugueses para colonizar y 'fundar' la actual Río de Janeiro. Dos remolcadores trasladaron el pesado esqueleto en un histórico trayecto de 10 kilómetros y 4 horas navegado durante la madrugada, en un momento de perfectas condiciones meteorológicas.

La estructura, totalmente iluminada en plena playa de Botafogo. / Antonio Lacerda (EFE)
A finales de noviembre, la imperante 'diva natalina', como allí han bautizado a su gigante árbol, comenzó a brillar en medio del agua 'regalando' una postal única con el icónico Cristo Redentor y el famoso peñasco Pão de Açúcar (Pan de Azúcar) al fondo. El acto de encendido reunió a unas 60.000 personas, que observaron atónitas bajo el calor primaveral el inicio de su Navidad con un espectáculo de fuegos artificiales, conciertos y varios 'food trucks'.
Hasta el 6 de enero, Día de Reyes, sus ledes deslumbrarán en la ensenada todos los días a partir de las 19.00 h y hasta la medianoche. Cada 30 minutos, se programa un 'show' de luces que es acompañado por una serie de efectos especiales en el agua. Además, durante las 24 horas de cada día, 10 técnicos embarcados supervisan que todo discurra con normalidad.
Y, por si un árbol en medio del mar ya fuera simbólico de por sí, Río de Janeiro ha recuperado tras cinco años otro semejante en la visitada Lagoa Rodrigo de Freitas, aunque con una altura menor, de 60 metros, pero todavía por encima del de Vigo.
Actualmente, la opción más factible para viajar a Río de Janeiro para los gallegos pasa por salir desde el aeropuerto de Oporto, con vuelos directos los martes y los viernes a través de la compañía pública lusa TAP.
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