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El vuelo Vigo-Barcelona: de rozar su récord a la absoluta desidia

Vueling logró en 2022 su récord en el aeropuerto de Peinador, pero desde entonces ha ido recortando plazas

Ni instituciones ni empresarios han presionado para recuperar una ruta usada por emigrados y viajes de negocios

Un avión de Vueling en el aeropuerto de Peinador

Un avión de Vueling en el aeropuerto de Peinador / Marta G. Brea

Víctor P. Currás

Víctor P. Currás

Vigo

La situación de la conexión aérea entre Vigo y Barcelona se podría definir en la desidia de aerolíneas, administraciones y agentes económicos. Pese a ser el segundo destino más importante desde el aeropuerto de Peinador, su peso se ha ido reduciendo tras la pandemia: desde el 25% de los pasajeros entre 2016 y 2022 al 20% en 2023 y 2024 o un raquítico 15,8% durante este ejercicio.

El principal motivo ha sido la marcha de Ryanair en su «guerra» por las tasas con Aena a pesar de registrar ocupaciones superiores al 90% durante todo el año. El perfil de viajeros, combinando de negocios con visitas a familiares y amigos (VFR), la hacía menos sensible a los precios que otras rutas más turísticas, lo que explica que los precios medios puedan superar los 100 euros en días señalados.

Tampoco Vueling ha querido ocupar de forma completa las más de 45.000 plazas que la compañía irlandesa ha llevado a otros destinos que considera más rentables. Todo ello a pesar de que en 2022 la catalana batió su récord en la ciudad (189.082 pasajeros) todavía bajo los efectos de la pandemia.

La llegada del AVE a la ciudad con dos frecuencias por debajo de las cuatro horas ha reequilibrado las fuerzas entre tren y avión hacia Madrid, ofreciendo una bajada de precios generalizada. Los destinos secundarios como Gran Canaria, Londres y Tenerife llevan dos años batiendo sus récords al aumentar la demanda. Pero en el caso de Barcelona nadie ha levantado la voz más allá de los emigrados gallegos.

Tras la confirmación de Ryanair de que dejaría de operar en Vigo durante el próximo año la patronal y otros representantes económicos urgieron nuevas conexiones internacionales como Ámsterdam o París. Aena ha identificado decenas de potenciales rutas y Vueling ha aumentado su presencia en Lavacolla. Pero para ese Vigo-Barcelona que sirve de puerta también al resto de Europa, ningún movimiento.

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