Altares como refugio a la Navidad de Vigo: «Te quitan la posibilidad de vivirla de una forma tranquila»
Dos artistas viguesas instalan una serie de mesas en cuatro locales de la ciudad para que los vecinos puedan «dejar una palabra, un poema, una flor, un pequeño objeto, etc.» más allá del «ruido y el consumo» que inunda las calles durante la época navideña

A la izquierda, el altar colocado en la asociación Évame Oroza; a la derecha, el del Café UF. / Cedidas
En plena Navidad de Vigo en la que imperan las multitudes, se esconden pequeños refugios de paz. En medio de la vorágine lumínica, se alzan una serie de altares en varios locales de la ciudad para que los vecinos coloquen «una palabra, un poema, una flor, un pequeño objeto, etc.», elementos a través de los cuales puedan «realizar una reflexión sobre esta época del año, sobre quiénes somos como individuos y como colectivo». Así lo explica a FARO la fotógrafa y poeta Elvira Jardón, impulsora junto a la también artista Paula Vilas de esta iniciativa, bautizada como Vigo Encendido.
Los altares se emplazan concretamente en cuatro locales de la urbe, todos ellos ligados a la cultura, a saber: la Librería Versus, la asociación Évame Oroza, el Café UF y A Morada Cooperativa.

Mapa con los establecimientos de Vigo en los que figuran los altares. / Cedida
Cada uno de estos puntos alberga una mesa pequeña «con muy poca decoración; una apelación a la simplicidad lejos del ruido y el consumo», con el propósito de que las personas depositen «algo que quieran soltar o invocar». «En estos altares, se reúnen nuestros deseos y nuestros duelos, lo que anhelamos y lo que nos pesa, lo que queremos sembrar y lo que necesitamos dejar ir», consta en el mensaje que figura en cada uno de ellos. Se trata, así, de pequeños ‘parajes’ para aquellos ciudadanos «que desean vivir la Navidad de diferente manera» y, al mismo tiempo, puedan «tener una conexión» con quien comparta semejante sentimiento, concreta Jardón como portavoz.
Fue precisamente este sentir, que creció gradualmente desde que la Ciudad Olívica se convirtió en referente navideño, el que provocó que las viguesas Jardón y Vilas alentasen esta idea sin ánimo de lucro: «La Navidad en Vigo se está comiendo todo el espacio público, si vives aquí, te quitan totalmente la posibilidad de vivir esto de una forma tranquila».

Mesa colocada en la asociación Évame Oroza. / Cedida
«Tanto yo como las personas que me rodean estamos cansadas e incómodas con esta desproporcionada espectacularidad», abunda la fotógrafa, quien reprueba igualmente la premura en la instalación de los adornos de Navidad. «Ya están presenten desde el verano; eso tiene una influencia en nuestra concepción del tiempo, es tóxico porque no te da espacio para disfrutar el momento en el que vives, está todo acelerado», denuncia.
«Tanto yo como las personas que me rodean estamos cansadas e incómodas con esta desproporcionada espectacularidad»
Con todo, la artista subraya que aquello que se entregue en el punto «simbólico» no tiene por qué ser una crítica a las luces necesariamente, sino una reflexión que a cada uno le «pueda parecer interesante». Anima también a los niños a que se acerquen a los establecimientos adheridos, por ejemplo, «pintando algo».
De este modo, los altares se erigen en una «forma muy bonita, la de traer este recurso folclórico a la cotidianeidad: es un elemento muy unido al desarrollo humano». «Se pierden en el tipo de mundo en el que vivimos ahora mismo, pero realmente cumplen la función de marcar los aspectos importantes de nuestra vida», esgrime la poeta, quien ya erigió otros altares para citas señaladas como el Día de Rosalía de Castro mediante su proyecto con Vilas, Altar Galicia.
Cuando los Reyes Magos cierren la puerta de la Navidad en Vigo, ambas profesionales recopilarán todo lo que los vigueses depositaron en los establecimientos y lo aunarán en un «gran altar colectivo en el bosque»: «Será el resultado de una conversación silenciosa, observaremos qué generó nuestra interacción de lo individual a lo colectivo para indicar qué está dentro de los vecinos», zanja Jardón.
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