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Cuatro hoteles históricos de Vigo: del lujo decimonónico al apartamento turístico

Estos edificios han configurado el panorama de Vigo y han tenido que adaptarse en cada época para sobrevivir

El edificio Moderno, proyectado en 1897 por Pacewicz, es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad.

El edificio Moderno, proyectado en 1897 por Pacewicz, es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. / Marta G. Brea

En esta época del año, los hoteles de Vigo cuelgan el cartel de lleno y trabajan con denuedo para satisfacer las necesidades de los cientos de visitantes que llegan para admirar las luces de Navidad más populares del país.

Los tiempos cambian y estos establecimientos han tenido que aprender a adaptarse a los nuevos tiempos y a la creciente oferta de alquileres turísticos. Aunque hoy en día un hotel siga siendo un elemento importante en la vida y la economía de una ciudad, hubo un tiempo en el que, además de alojar huéspedes, los hoteles también eran la carta de presentación de la ciudad a los visitantes.

La elegancia y el lujo eran elementos obligados a la hora de concebirlos y esta debía quedar patente antes incluso de entrar por la puerta. Es por esto que algunos de los edificios más emblemáticos de Vigo son sus antiguos hoteles. Algunos reconvertidos y otros reformados, pero todos ellos apareciendo antes que ningún otro edificio en nuestras cabezas cuando nos paramos a pensar en la calle que ocupan o en el skyline de la ciudad.

Hotel Universal: la supervivencia de lo decimonónico

Fachada del Hotel Universal.

Fachada del Hotel Universal. / Marta G. Brea

Terminado en 1888 siguiendo los planos de Jenaro de la Fuente Domínguez, el Hotel Universal fue durante muchas décadas, junto al desaparecido Hotel Continental, uno de los hoteles más lujosos de la ciudad y el encargado de hospedar a los visitantes más ilustres. Entre otros, el hotel alojó al presidente de la I República, Francisco Pi y Margall, durante una visita en 1892. También se especula sobre si entre sus paredes llegó a estar la espía más famosa de la historia, Mata Hari.

El estilo ecléctico del edificio se destacaba en la primera vista de la ciudad que tenían quienes llegaban por mar. Durante muchos años, su terraza llena de árboles y las vista de la ría, completados por un elegante servicio de cafetería y la música en directo de las orquestas, lo convirtieron en el punto de encuentro de la burguesía local.

Ya en la década de los ochenta, 100 años después de su inauguración, el establecimiento sufrió un deterioro progresivo. El hotel pasó de reunir a lo más granado de la sociedad viguesa a convertirse en un salón de juegos recreativos asociado con la prostitución y el trapicheo de drogas.

Durante el tiempo que permaneció cerrado no le faltaron pretendientes, pero quien desease hacerse con el inmueble debía acatar las condiciones del concello, que exigía la conservación del edificio. Finalmente en 2004, la cadena AC Hoteles consiguió la concesión para renovar el edificio y convertirlo en el hotel de cuatro estrellas que conocemos hoy.

Hotel Bahía: el gigante azul que mira al mar

Vigo. Edificio y fachada del hotel Bahía

Vigo. Edificio y fachada del hotel Bahía / Marta G. Brea / FDV

Fijar la vista en el Hotel Bahía, una de las piezas clave del skyline vigués, es lo más parecido a meterse en una máquina del tiempo. Sus característicos azulejos de color azul claro, la cartelería de antaño, los desperfectos en el exterior o la vegetación que saluda desde la fachada acompañan al viandante en este viaje, el cual tiene ya fecha de caducidad. 

La semana pasada se anunció que la Xerencia Municipal de Urbanismo ha concedido a la sociedad anónima Hotel Bahía de Vigo la licencia de obras para la reforma interior y la rehabilitación del edificio, situado en el número 24 de la calle Cánovas del Castillo, besando el Náutico y la ría, una de las zonas más turísticas y privilegiadas de la ciudad.

Este proyecto cambiará el aspecto de una de las fachadas más reconocidas de la ciudad. Sus azulejos azules no son lo único curioso del edificio, el proyecto partió de un grupo de médicos que, con visión de futuro, decidieron apostar por un hotel en la ciudad que tuviera vistas al mar. Querían levantar un edificio que marcara el panorama urbano y que luciera la categoría de cuatro estrellas. La motivación: el único establecimiento de este nivel, el histórico Hotel Continental, había sido derribado apenas unos meses antes, dejando un vacío en la oferta hotelera viguesa.

La construcción avanzaba con varias plantas levantadas cuando los promotores se toparon con un obstáculo: la falta de fondos para culminar la obra. La solución fue tan pragmática como singular: un uso mixto de carácter residencial. Una parte del bloque se destina al hotel, mientras que la otra se vende como apartamentos privados con el objetivo de financiar la finalización del edificio. Años más tarde, la empresa propietaria logró recomprar determinadas viviendas y recuperar algunas plantas para el negocio hotelero.

Hoy en día, las nueve primeras plantas tienen habitaciones para clientes y las ocho restantes están ocupadas por apartamentos: una treintena, la mitad aproximadamente, son de particulares —viven ellos o están en alquiler residencial o temporal— y la otra mitad forma parte de la oferta hotelera.

Edificio El Moderno: de las estrellas de cine a los apartamentos turísticos

El Hotel Moderno de Vigo, en el edificio de Pacewicz, en una foto tomada alrededor de 1910.

El Hotel Moderno de Vigo, en el edificio de Pacewicz, en una foto tomada alrededor de 1910. / Archivo Pacheco / Reproducción Marta G. Brea

El edificio El Moderno es una de las obras más emblemáticas de Michel Pacewicz y del eclecticismo del siglo XIX en la ciudad. Terminado en 1902 y situado en la esquina de la Puerta del Sol con la calle Carral, nació como un edificio de viviendas inspirado en los que pueblan los bulevares parisinos, pero pronto pasó a ser el Hotel Moderno.

Muchos vigueses todavía se refieren a él como Hotel Moderno a pesar de los cambios que ha sufrido con el paso de los años. Uno de los más relevantes se dio en 1947, cuando el productor de cine, Cesáreo González compró el establecimiento para modernizarlo y cambiarle el nombre al de Gran Hotel.

Esta figura del mundo del espectáculo, descubridor de celebridades como Lola Flores, encargó la decoración de los interiores a los artistas Urbano Lugrís y Manuel Colmeiro. Los grandes murales que pintaron cubrían las paredes de los salones y fueron testigo de la gran reinauguración en 1953. En este evento participaron autoridades de la época, así como actores famosos como Emma Penella, Maruja Asquerino, Raúl Cancio, Benito Manuel Goyanes o Perico Chicote.

El Gran Hotel cerró en 1975, pero este no fue el final. Hoy vuelve a ser un edificio residencial e incluso alguno de sus apartamentos sigue utilizándose para hospedar turistas, pero en este caso como alquiler vacacional.

Hotel Zenit: el mejor mirador del centro de Vigo

El actual Hotel Zénit y el torreón que lo corona.

El actual Hotel Zénit y el torreón que lo corona. / Archivo

En el cruce de Gran Vía y Urzáiz se eleva un edificio coronado por un templete desde el que se puede vigilar el centro de Vigo. Se trata del Hotel Zenit, antes conocido como Hotel Lisboa, un edificio de 11 plantas que se erige como el edificio más alto de esa zona de la ciudad.

La construcción de este inmueble arrancó en 1947, bajo las órdenes de Pascual Bravo. Inicialmente, fue concebido como un edificio de viviendas, de tintes eclécticos y gran monumentalidad para destacar su aventajada ubicación en el cruce de las principales arterias urbanas.

Aunque terminó siendo un hotel, la monumentalidad quedó asegurada con esa cuasi torre de vigía que colma la estructura. Este balcón ofrece la panorámica más amplia y bella de la ciudad, pero solo al alcance de los huéspedes del establecimiento.

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