La reforma de un edificio que dejó a Isabel sin pared en su vivienda
La Audiencia ordena llevar a juicio a los propietarios de un inmueble de la calle Elduayen de Vigo que procedieron al derrumbe de la fachada pese a que aún había una inquilina dentro

Isabel, la inquilina que se quedó sin pared en su salón y en un dormitorio debido al derrumbe de la fachada por unas obras de rehabilitación, en una imagen del 3 octubre de 2024, el día que tuvo que ser desalojada. / PABLO HERNANDEZ GAMARRA

El 3 de octubre de 2024 un amplio operativo de la Policía Local y de los bomberos se desplegó ante un edificio de la calle Elduayen de Vigo. Las obras de rehabilitación que se estaban realizando en ese inmueble ubicado en el número 53, para dedicarlo a pisos de alquiler turístico, habían dejado a la única inquilina que seguía en su interior sin la pared del salón y de uno de los dormitorios. Lo único que separaba a esas estancias de los andamios de obra y en definitiva de la calle era una lámina de plástico transparente. La mujer, Isabel, acabó aquel día desalojada por el riesgo de derrumbe. Y ya no pudo volver, al menos hasta el momento porque eso es objeto de un litigio civil, a la que ha sido su vivienda desde hace más de dos décadas. Ahora, tras un recorrido judicial de algo más de un año, este caso pronto llegará a juicio en la vía penal. El juzgado de Instrucción que asumió la causa archivó inicialmente el procedimiento al no apreciar la existencia de «moobing inmobiliario». La Audiencia, ahora, revoca esa decisión y ordena continuar con las diligencias: aunque coincide en que «no existió acoso», sino a ojos de los magistrados «una pretensión de desalojo temporal que fue objeto de negociación y diálogo», la forma de proceder de la nueva propiedad de este edificio sí podría constituir, concluyen, un delito leve de coacciones.
Este procedimiento se tramita en el Juzgado de Instrucción número 8 de Vigo, que a raíz del reciente auto de la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Pontevedra acordando que se siga adelante con la causa acaba de registrar como juicio por delito leve el caso, que ahora solo está pendiente de que se ponga fecha a la vista oral. La denunciante es esa inquilina que acabó aquel día en la calle, una mujer de 57 años que tenía un contrato de renta antigua con los antiguos dueños del edificio y que, según expone su abogado en la denuncia que dio inicio a la causa, vive sola con el único ingreso de la RISGA, en situación de vulnerabilidad y con un deterioro cognitivo «que se ha visto agravado por el estrés y la ansiedad» sufrida por la conducta de sus arrendadores.

La Policía Local ante el edificio cuando tuvieron que proceder al desalojo de Isabel. / Pablo Hernández Gamarra
El juez instructor sobreseyó inicialmente el asunto. A juicio del magistrado, la situación denunciada no parecía obedecer a una premeditada estrategia de acoso inmobiliario, sino a unas «necesarias obras» en la fachada del edificio con la correspondiente licencia municipal, «constando también que los responsables de la propiedad de la obra ofrecieron alternativas habitacionales a la mujer con anterioridad al inicio de la obra».
«Ella perdió todas sus pertenencias»
La perjudicada, a través de su letrado Abraham Tenoira, recurrió en apelación. El abogado insistió en la existencia de una situación de «moobing inmobiliario», haciendo hincapié en los acontecimientos del 3 de octubre, cuando policías locales y bomberos «ordenaron el desalojo inmediato» de la mujer debido a las «graves deficiencias estructurales en el edificio» ante la falta de fachada en el salón y un dormitorio «así como por amenazar de colapso el techo de la propia vivienda». «Ella perdió todas sus pertenencias», agrega, ya que el edificio fue precintado, y se vio abocada a vivir en un hostal «que no puede pagar» dada la escasez de recursos económicos que tiene. Sobre las alternativas habitacionales que le dieron los dueños del edificio, alegó que no fueron tal, sino que lo que le ofrecieron es que siguiera pagando la vivienda de Elduayen y, mientras durasen las obras, se expone en el escrito, que abonara otro alquiler provisional a mayores.
La Audiencia acoge a medias los argumentos plasmados en el recurso. Comparte el criterio del juez instructor de que «las pretensiones de la propiedad se circunscribían al desalojo de la inquilina mientras durasen las obras de arreglo de la fachada», ofreciéndole para ello diversas soluciones. «No existió por tanto esa situación de acoso, sino una pretensión de desalojo temporal que fue objeto de negociación y diálogo, en unas condiciones no determinadas pero que excluyen el delito grave de coacciones en los términos previstos en el artículo 172.1 del Código Penal», argumentan los magistrados. Ese artículo es el que castiga las coacciones severas ejercidas para «impedir el legítimo disfrute de la vivienda».
Pero la actuación de la propiedad, al realizar las obras en los términos que se señalan en la denuncia, «donde las precauciones adoptadas podían ser criticables», sí podrían constituir un delito leve de coacciones de ese mismo artículo del texto legal, el 172, pero las que se recogen en el punto 3, que es el precepto castigado con una multa económica que más se está aplicando para casos en los que los caseros proceden a realizar algún tipo de acción (corte del agua o del suministro eléctrico como ha ocurrido en otros casos que llegaron a juicio en Vigo) con el fin de echar a la calle a sus inquilinos.

Vista en detalle del plástico que había en la pared del salón de la demandante. / Pablo Hernández Gamarra
«Vulnerabilidad social y económica»
La Sección Quinta no ve otros hipotéticos responsables penales en este caso ni ninguno de los otros delitos que plantea la denunciante, que citaba más ilícitos como los de daños, apropiación indebida o contra la integridad moral. Sobre este último, rechaza su existencia porque la afectada «prefirió quedarse en la vivienda mientras durasen las obras». La situación de Isabel no era fácil y se agravó a raíz de estos hechos. Un informe del Concello realizado tras el desalojo señala que sufre «una vulnerabilidad social y económica cronificada en el tiempo», a lo que se unen sus problemas de salud. «Encontrándose en la actualidad sin vivienda, pertenencias y enseres básicos e inmersa en una situación de riesgo de exclusión social», zanjaba aquel informe de octubre de 2024.
Junto a la causa penal, también hay otro procedimiento abierto en la vía civil por la demanda de desahucio de los propietarios del edificio con respecto a esta vecina de Vigo, que se opone haciendo valer su alquiler de renta antigua firmado con los antiguos dueños, por lo que lucha judicialmente para volver al piso del que se tuvo que ir con lo puesto aquel día de octubre de 2024. A día de hoy sigue malviviendo en un hostal y aún no pudo regresar a su domicilio.
«Iniciamos las obras con ella dentro con la autorización de la propiedad y el arquitecto»
El informe de la Policía Local realizado a raíz de la intervención del 3 de octubre de 2024 describe la situación en la que estaba la vivienda de Isabel cuando llegaron allí los agentes y las declaraciones tomadas a raíz de comprobar que parte del piso se había quedado sin pared y expuesto a la intemperie. Una de las gestiones que realizaron fue localizar al responsable de la obra de rehabilitación del edificio, quien, según se recoge en el atestado, reconoció que iniciaron las obras «con la inquilina en su interior con la autorización de la propiedad y del arquitecto» debido, añadió, a que la mujer se negaba a irse de allí. Agregó también que debido a la subvención concedida por la Xunta para la reforma del inmueble, debían finalizar dicha rehabilitación antes de diciembre de ese año.
La dueña del edificio, mientras, alegó que se ofreció a la inquilina trasladarse a otros domicilios o al primer piso del mismo edificio desde la de la cuarta planta donde residía y que ella no quiso, admitiendo también que ante esta situación «decidió iniciar las obras con doña Isabel dentro». Lo cierto es que la ejecución de esos trabajos pusieron a la inquilina en un grave riesgo, según se desprende de ese mismo parte policial y del informe que realizaron los bomberos. «No se cumplen los estándares mínimos de habitabilidad ni de seguridad», reflejaron, haciendo hincapié en la falta de fachada, en el uso de muebles a modo de barrera y en la entrada de agua en la vivienda.
Suscríbete para seguir leyendo
- El centro de la tercera edad que financió Amancio Ortega ya cubre sus 120 plazas
- Marruecos abre sus aguas a la flota rusa para pescar la sardina que veta a la conserva gallega
- El chalé de O Castro que fue sede del Celta, vendido a una empresa extranjera
- Mingueza, rumbo a la Juventus: acuerdo cerrado para después del 30 de junio
- Llega a Vigo un buque mercante con un espectacular corrimiento de carga causado por el fuerte oleaje
- Tal día como hoy hace 39 años una gran nevada paralizó Vigo
- Medio millón de adultos están llamados a colaborar con la ciencia este fin de semana en el hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo
- Fisios, nutricionistas y centros de estética de Vigo ya cobran a los pacientes que piden cita y no aparecen