Sacar una sonrisa por Navidad
La asociación GaliClown trabaja desde 2019 en el Hospital Álvaro Cunqueiro. Para celebrar estas fechas con los pacientes, organizan una fiesta, pero ellos actúan todos los meses, sin importar si es o no un día señalado. Javier Argüelles, conocido como el payaso Wocky, cuenta su experiencia.

Wocky y su compañera «clown», con los niños del Cunqueiro / Marta G. Brea
Patch Adams es reconocido como el «doctor de la risa», una figura pionera que en los años 70 revolucionó la medicina al descubrir que sanar no solo era cuestión de curar el cuerpo, sino también el alma. Así nació la risoterapia, un enfoque que entiende la risa como un poderoso aliado en el proceso de curación.
Su legado llegó a Vigo. Javier Argüelles descubrió su historia a través de la película de Robin Williams y, en ese momento, supo que debía llevar la magia de la animación infantil a los hospitales. Así nació Galiclown, la única asociación de payasos de hospital de toda Galicia. Se creó en 2019, justo antes de que la pandemia trastocara el mundo entero, pero eso no les impidió seguir adelante. Hoy son un equipo de 30 personas que, de forma voluntaria, llevan sonrisas y esperanza a los pequeños pacientes.
La Navidad es una fecha especialmente sensible. Las reuniones familiares, las comidas, las cenas… son tradición. También es el momento de acordarse de aquel amigo con el que llevas meses sin hablar o de felicitar el año a medio WhatsApp. En el hospital, sin embargo, se vive de otra manera: «Es un día más», sostiene Javier Argüelles, conocido en el Álvaro Cunqueiro como Wocky, su personaje: un mago que trabajó muchos años en el Alto de Europa y que ahora hace su particular «residencia médica» en Vigo.
«En estas fechas todo el mundo se apunta a visitar el hospital, cuando la realidad es que hay niños enfermos todo el año», recuerda. Su filosofía es regalar sonrisas no solo en un momento puntual, sino todos los meses. Aun así, hay un día que se cuela entre la rutina de los tratamientos: el 20 de diciembre. Ese día la asociación organiza una gran fiesta navideña en el hospital, en la zona de descanso a la que llaman «la sala de la Vaca Lola». Habrá actuaciones, bailes, actividades y cuentacuentos. «Además llevamos algo navideño», apunta Javier. Este año estará incluso el Grinch, que dejará de gruñir para sumarse a la fiesta. Los pacientes que no puedan salir de la habitación recibirán la visita de los payasos en su propia cama. El 24 y el 31 muchos niños ya están acompañados por sus familias.
«Cuando llegamos, el ambiente cambia. La risa aligera la tensión», comenta Argüelles
La risa, como bien saben estos voluntarios, no es solo diversión: es terapia. «Cuando llegamos, el ambiente cambia. La risa aligera la tensión, ayuda a los niños a olvidar el dolor y hace que la relación con el personal médico sea más cercana», explica Javier. A veces les piden que distraigan al pequeño mientras le ponen la vía; otras, reciben el agradecimiento emocionado de las familias. «Un niño llevaba dos o tres días triste y después de nuestra actuación estuvo toda la tarde riéndose», cuenta el payaso. Para él, esa sensación es «lo más gratificante que hay».
Detrás de cada nariz roja se esconden muchas historias; no todas son agradables, por eso los payasos de hospital cuentan con apoyo psicológico. «Es importante tenerlo, pero la parte positiva pesa mucho más que la negativa», asegura Javier. Entre sus recuerdos favoritos está el de una niña de cinco años que, al saber que los sábados eran los días que ellos acudían a planta, pidió a su madre un disfraz de payasa y les esperó delante del ascensor vestida exactamente igual que ellos.
«Es un espacio en el que tienes que trabajar de otra manera, con muchísimo más cuidado, midiendo cada palabra y cada objeto que llevas»
Cada año la asociación ha ido ganando más protagonismo hasta contar con su propia sala dentro del hospital, donde dan vida a sus personajes. Se centran sobre todo en pediatría: los lunes visitan el Hospital de Día, REA y UCI; los sábados, la planta. Desde abril de 2025 han comenzado un nuevo proyecto para incluir también el área de psiquiatría infanto-juvenil. «Es un espacio en el que tienes que trabajar de otra manera, con muchísimo más cuidado, midiendo cada palabra y cada objeto que llevas», explica Javier, aunque siempre van acompañados por los terapeutas ocupacionales. Son seis payasos fijos para generar confianza.
«Es una experiencia preciosa; por lo que nos dicen los sanitarios, les está haciendo muchísimo bien», resalta. Su trabajo trasciende el hospital: también dan charlas en colegios y talleres de capacitación para concienciar a la sociedad.
Buscan ampliar horizontes
El gran objetivo de Galiclown es repartir alegría por todos los hospitales de Galicia. De momento solo actúan en el Álvaro Cunqueiro de Vigo, pero para expandirse necesitan voluntarios en todas las provincias y acuerdos con los centros médicos. «Cualquier persona con sensibilidad y que le gusten los niños puede ser payaso de hospital», asegura Javier. Solo hay que entender que la función es regalar tiempo para que un niño enfermo tenga, aunque sea un rato, un motivo para sonreír. Y lo más importante: estar comprometido. No vale ir un día al año; buscan personas que puedan acudir, al menos, una vez al mes.
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