Las colas del hambre, lejos de menguar en Vigo: ya se sirven 400 raciones diarias
Cada día cientos de personas esperan en una larga fila su ración diaria de comida. Son personas sin hogar, pero también extranjeros que no convalidaron sus títulos o pensionistas que no llegan a fin de mes.

Marta G. Brea
La calle Urzáiz es una de las más frenéticas de la ciudad, sobre todo en Navidad. Cada día pasan cientos de personas que ojean, compran, van y vienen. Pero en medio del trasiego hay una hora en la que dos mundos contrastan. En la calle Cervantes se inicia una cola que gira la esquina y sube hacia arriba. Son decenas de personas que esperan para poder comer caliente. Otros hacen una fila alternativa para llevarse alimentos que cocinar a sus familias. Dependen de la caridad, aunque muchos en el pasado también formaban parte de esa gran masa de personas que circulaba sin plantearse si pasaría hambre alguna vez. Y es que desde las Misioneras del Silencio advierten de que cada vez hay más pensionistas que requieren sus servicios. «O pagan un piso o comen», dice Guadalupe Egido, la directora. Son personas que se ven por primera vez en la vida en una situación así. Lo mismo con los extranjeros, que tienen que acogerse a ayudas mientras esperan que arranque una tediosa burocracia.
En Vigo funcionan tres comedores. El de las Misioneras del Silencio, en Urzáiz; el de Hogar San José, en la calle San Francisco, y el de la Sal de la Tierra, en la calle Manuel de Castro (Coia). Entre todos reparten más de 400 raciones cada día, alrededor de cien más que el año anterior.
De lunes a viernes dan un menú completo de dos platos y postre, mientras que para el fin de semana ofrecen bolsas con comida preparada para comer tanto en la calle como en sus viviendas.
Desde el Hogar San José explican que cada día atienden a 150 personas, desde las 12,30 a las 14,30 horas. A mayores tienen una «tienda» de la que los usuarios pueden llevarse algunos productos extra. El trabajador social, Agustín Soneira, señala que el perfil es variado, aunque cada vez se ven más extranjeros que todavía no consiguieron los papeles. Lo mismo indica Egido desde las Misioneras del Silencio, donde están en 160 raciones diarias: «La mayoría son latinos», apunta. También advierte que se nota una gran vuelta del alcohol y la droga de personas jóvenes y de mediana edad. Además de los pensionistas.
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