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Suri, Laura y Chloe: jóvenes que transforman su experiencia en arte contra la violencia

La muestra «Haters&Lovers» de Alborada reunirá en Vigo imágenes de adolescentes de entre 13 y 17 años para reivindicar el buen trato como herramienta de cambio a través de la fotografía

Suri, Laura y Chloe, participantes en el taller fotográfico de «Haters and Lovers» de Alborada.

Suri, Laura y Chloe, participantes en el taller fotográfico de «Haters and Lovers» de Alborada. / J. L.

Elena Ocampo

Elena Ocampo

Vigo

«Es para decirle al mundo que nadie está solo y que siempre se puede pedir ayuda», dice Chloe Starr Ayala Valles, con la claridad de quien habla desde lo vivido. A su lado, Laura asiente en silencio antes de resumir su propia experiencia con una frase que desarma: «Aunque pienses que nunca va a terminar, siempre llega un punto en el que mejoras». Suri —Ana Suri Fernández Pérez—, la única mayor de edad de las tres, completa el triángulo emocional: «Dentro de todo lo malo siempre tiene que haber algo bonito que destaque, algo que te recuerde que puedes salir adelante». Una flor entre los escombros.

Estas tres jóvenes no solo prestan su voz: han creado y protagonizado varias de las escenas fotográficas que dan forma a la exposición «Haters&Lovers». Sus imágenes —pensadas, discutidas y representadas por ellas mismas— son parte esencial de una muestra que busca mirar de frente la violencia entre iguales y reivindicar el buen trato como un camino.

La exposición, promovida por la Asociación Ciudadana de Lucha contra la Droga Alborada y la Asociación CyES (Comunicación y Educación Social), se inaugura este jueves 4 de diciembre en Vigo. El centro comercial Gran Vía acogerá los trabajos realizados por jóvenes de entre 13 y 17 años tras un proceso creativo que convierte la fotografía en una herramienta de expresión, conciencia y cuidado colectivo. «Hay muchas emociones ahí contenidas», reconocen.

La catarsis, a la cámara

La muestra nació en el marco de un taller coordinado por la fotógrafa social Silvia D’Imperio y el fotógrafo Toni Vacas, quienes guiaron a una veintena de adolescentes en un viaje que mezclaba reflexión, interpretación y técnica fotográfica. Pero lo esencial fue lo que ellos aportaron: sus vivencias. Comparten aquí esa catarsis, en plena cuenta atrás para la muestra.

Para Chloe, crear las imágenes «fue conectar con otra gente». Para Laura, fue descubrir que cada fotografía podía llevar dentro una historia personal: «Se notaba que cada collage reflejaba lo que nos pasaba a cada uno». Y para Suri, que ya entonces arrastraba experiencias difíciles, significó una revelación creativa: eligió representar escenas de violencia mezcladas con flores, por su creencia en «algo bonito que resalte».

Las jóvenes que realizaron la imágenes, junto con la fotógrafa que desarrolló el taller y educadores de Alborada.

Las jóvenes que realizaron la imágenes, junto con la fotógrafa que desarrolló el taller y educadores de Alborada. / Jose Lores

La fotógrafa Silvia confirma que las escenas que ellas imaginaron —y protagonizaron— fueron más potentes de lo que nadie esperaba: «Aparecía mucho el maltrato físico: patadas, empujones, incluso la muerte, pero también surgía enseguida una reacción de cuidado: abrazarse, tender la mano».

Muchos participantes llegaron a los talleres apáticos y con ese pudor que protege lo que todavía cuesta nombrar. Pero algo cambiaba cuando entraban al estudio. «Nos levantábamos del sofá cuando empezaba la dinámica. Y ahí sí, ante la cámara queríamos participar», ríe Suri.

Las tres coinciden en que la parte actoral fue la más liberadora. Posar, exagerar, interpretar el rol de víctima o agresor, construir escenas difíciles con el apoyo del grupo… «Me sentí liberada contándolo», dice Chloe.

Pedir ayuda, «un acto de fuerza»

«Era bonito porque cada uno pensaba en sus cosas, pero trabajábamos en conjunto», añaden. Las escenas fotografiadas no surgieron de la nada. Para alguna, la violencia es una presencia conocida. «Sí, he sido víctima. A nivel familiar y también de bullying», relatan con serenidad dos de ellas. Laura comparte un proceso similar: «Fue duro, pero aprendí a salir adelante. No todo dura para siempre». Suri, por su parte, se reconoce como mediadora: «Normalmente intervengo, para que a otros no les pase». Sus testimonios no son un añadido al proyecto: son su columna vertebral.

Lo que muestran las fotografías es exactamente eso: la existencia de violencia, la capacidad de reconocerla y la posibilidad de enfrentarla juntas. Cuando se les pregunta qué es «el buen trato», las tres llegan a una conclusión. «Es tratar a las personas como te gustaría que te traten», resumen como «regla de oro», sin titubeos. Luego, Suri añade: «A veces te educas sola; aprendes de la vida». Y Chloe solo pide una cosa a quienes, desde este semana, visiten la exposición: que entiendan que pedir ayuda es un acto de fuerza. «Necesitas apoyarte en personas». También, que «la vida es más dura si tú la haces difícil».

La fotógrafa Silvia, que acompañó todo el proceso, resume mejor que nadie lo que significa: «Nuestra labor no era dirigir, sino aprender de ellos. Mirar de frente lo que pasa, sin dramatismos pero con verdad».

En «Haters&Lovers, e ti que ves sendo?» se muestra un espacio donde la violencia se nombra sin miedo y donde, entre luces de estudio, el buen trato deja de ser una teoría para convertirse en gesto, en mirada, en imagen… y en camino.

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