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Rafael lleva tres años viviendo con sus tres perras en un barco en el Náutico de Vigo

El hombre vive en una embarcación desde hace 15 años y lleva tres atracado en la ciudad. Se ahorra los disparatados precios del alquiler y se libra del mundanal ruido. Pasa los días acompañado por sus tres canes, en su opinión, la mejor familia que podría tener.

Rafael vive en su barco con sus tres perritas en el puerto de Vigo

Pedro Fernández

Vigo

Rafael vive sin relojes y asegura no saber qué día es. Paga 300 euros al mes por una vivienda de tres habitaciones en el centro de Vigo. El único inconveniente es que se tambalea incesantemente, más cuando llueve y hay temporal. Pero le merece la pena. No tiene vecinos y la bulliciosa Navidad apenas se percibe.

Todo ello es posible desde que hace tres años amarró su barco en un espigón de la ciudad: llevaba quince viviendo a bordo de Kiss, atravesando el Mediterráeno y parando en Canarias. También estuvo en Croacia, país del que se considera un enamorado. Le compró el navío a un arquitecto de Vigo, cuando lo vio supo que era lo que quería para el futuro. Tras décadas en la carrera judicial, cambió de aires radicalmente: eligió la vida nómada. Ahora, pasa el tiempo ocupado en otros quehaceres que asegura «le dan menos dolores de cabeza».

Rafael, subiendo a su barco ante sus perras bichón maltés (Cala, Mía y Nata)

Rafael, subiendo al barco ante sus perras Cala, Mía y Nata / Marta G. Brea

Aunque ondea una bandera polaca, de eslavo no tiene nada. Pero los trámites así fueron más sencillos. Es de Pontevedra e hizo su vida fuera. Al jubilarse, cansado del sur, vino a Galicia. El Mediterráneo le resultaba «una ratonera» y Canarias ya estaba muy vista. «Quería establecerme en alguna de las rías y este fue el sitio más cómodo que encontré. Estoy en el centro y tengo todo cerca», explica. Vino con una avería y en medio de un temporal, «90 grados a babor y 90 a estribor. Tuve que hacer varias reparaciones», indica. Asegura que en la costa portuguesa fue donde pasó más miedo: «No se ve venir a nadie, parece que vas a chocar», dice.

Desde entonces, una vez que se instaló ya no volvió a salir, pero no descarta cambiar de muelle algún día próximo. La casa la lleva a cuestas y nunca le falta de nada. Tiene wifi, televisión, un generador (el apagón no le afectó en absoluto) y una amplia biblioteca para pasar el rato.

Las tres perras grumete bichón maltés (Cala, Mía y Nata), que viven con Rafael en su barco atracado en el Náutico de Vigo

Las tres perras grumete bichón maltés (Cala, Mía y Nata), que viven con Rafael en su barco atracado en el Náutico de Vigo / Marta G. Brea

Bichones malteses

Su vivienda, que puede recorrer de pie, se compone de un camarote principal con una cama de 1,40, baño privado, un salón, cocina y otras dos habitaciones con literas. Tiene bombas de agua y acceso a electricidad. Son las únicas facturas que paga, además de lo que le cuesta estar amarrado, que es mucho más barato que cualquier piso en la periferia.

Lo que Rafael tiene claro es que disfruta de su soledad. Dice que no quiere saber nada de compañía humana, sino que prefiere la que le dan sus tres bichones malteses.

Los vecinos que frecuentan esta zona del Náutico lo conocen porque siempre va con sus acompañantes, Cala, Mía y Nata, que además son abuela, madre e hija.

Antes también tenía un macho, pero murió cuando aún residían en Canarias. Rafael es inseparable de las tres perras que le acompañan, aunque ya saben donde está la salida del pantalán y alguna vez aparecen en uno de los bares de la zona. «No creo en vender ni comprar animales, por eso tengo conmigo a toda la familia», señala.

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