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Venezolanos en Vigo: «Le dijeron a mi hija que si hablaba mal de Maduro podía ir a la cárcel»

Cuatro venezolanos dan su punto de vista contrario al gobierno imperante

Miranda Piñeiro, Ana Sara Lera, Manuel Pérez y Grechi.

Miranda Piñeiro, Ana Sara Lera, Manuel Pérez y Grechi. / FdV

Vigo

A pie de calle los venezolanos muestran una perspectiva unánime sobre lo que está pasando en su país. Con cierto nerviosismo por un futuro incierto, afirman que la solución pasa por la destitución de Maduro como presidente.

Manuel Pérez, responsable de Fevega en Vigo, explica que todas las personas que no pueden volar al país vinotinto están intentando desplazarse a través de Colombia, ya que todavía está abierto el tráfico terrestre. «Hay que salir con poco equipaje, sin levantar sospechas», indica. Los envíos también se están viendo afectados: «Aquí tenemos seguridad sanitaria, pero no estamos pudiendo mandar nada allí, solo lo que se puede negociar con el país fronterizo», lamenta.

Otra compatriota, Ana Sara Lera, habla de una situación con Estados Unidos difícil de comprender. «Hablo con gente de España que me pregunta ‘pero, ¿cómo vais a querer que os invadan?’ y no es eso. Pedimos ser liberados. Bienvenido sea Trump si nos ayuda», opina.

En su día a día ve como sus familiares padecen las consecuencias del bloqueo: «Mi hermana tuvo una muela inflamada y estuvo dos semanas con dolor. Para podérsela arreglar se la quitó directamente porque no hubo manera de conseguir un antibiótico».

Miranda Piñeiro pasó ayer la mañana en el Consulado arreglando su pasaporte. Espera que en los próximos meses algo cambie. «Como no se pudo sacar a Maduro por dictador, a ver si se puede por narcotraficante», señala.

Cerca esperaba Grechi, otra venezolana que está viviendo tiempos complicados. Tiene un familiar preso político, un militar opositor del régimen: «Solo puede comunicarse con nosotros dos minutos cada quince días», indica. Y solo les permiten entregarle un bocadillo.

Pero, además, su hija de 14 años está al otro lado del charco. Vino a España y no se quiso quedar. «El psicólogo del colegio le advirtió que tuviese cuidado y que si le escuchaban hablar del gobierno podían llevarla presa», dice. Ahora, la mujer, que está sola y recién llegada, asegura que espera con miedo hasta que algo ocurra.

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