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La alfabetización en salud en el área es moderada y con «importantes» desigualdades

El nivel educativo y la edad, los factores que más influyen al entender las indicaciones, manejar patología crónica y moverse en el sistema

Lourdes Gonçalves, en el Meixoeiro.

Lourdes Gonçalves, en el Meixoeiro. / Pablo Hernández Gamarra

Vigo

La alfabetización en salud es la capacidad de las personas para acceder, comprender, evaluar y utilizar la información necesaria para adoptar las decisiones más adecuadas que permitan promover y mantener una buena salud, tal y como ha definido la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y contar con un buen nivel «es tan importante como cualquier tratamiento, porque determina cómo entendemos una receta, cómo gestionamos una enfermedad o cómo nos movemos por el sistema sanitario», defiende la enfermera Lourdes Gonçalves Fernández, que ha dedicado su tesis a esta cuestión.

La investigación de esta profesional del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi) analiza por primera vez, de forma amplia y rigurosa, el nivel de alfabetización de la población adulta del Área Sanitaria de Vigo. Con un test validado a nivel europeo y complementado con cuestiones sociodemográficas, encuestó a 421 personas en centros de salud, asociaciones vecinales, espacios comunitarios y organizaciones locales, buscando una participación heterogénea que reflejara la realidad de la zona.

Con el estudio constató que el nivel general de alfabetización en el área viguesa es moderado y presenta «desigualdades importantes». «Estas diferencias no dependen solo de factores personales, sino del acceso a recursos, el nivel educativo y las condiciones sociales», destaca.

Factores que influyen

La enfermera, doctora en Educación, Deporte y Salud por la Universidad de Vigo (UVigo), detectó que el factor «más determinante» para estas desigualdades es el nivel educativo. «Cuanta más formación, mayor capacidad para comprender y aplicar la información sanitaria».

Luego está la edad. «Las personas mayores de 65 años mostraron las puntuaciones más bajas», detalla y señala que esto puede traducirse en dificultades para entender las indicaciones para sus cuidados que les dan los sanitarios; para manejar las enfermedades crónicas que puedan padecer; así como para emplear la tecnología sanitaria que hoy permite solicitar citas a través de aplicaciones, registrar datos para un mejor seguimiento continuo y a distancia o para acceder a guías on line para el paciente.

La situación socioeconómica también importa. «Ingresos más bajos y vivir en zonas rurales se asocian a menor alfabetización en salud», concluye Gonçalves en la investigación para su tesis.

En cuanto al sexo, las diferencias fueron mínimas, aunque en la comprensión de la información médica y la toma de decisiones informadas, «las mujeres mostraron una ligera ventaja» que «sugiere una mayor implicación» por parte de ellas en temas relacionados con ola salud y el bienestar personal y familiar.

Finalmente, cuanto mayor es el nivel de alfabetización de una persona, también es mejor la percepción de cómo está su salud. Es decir, los que dicen encontrarse bien, se manejan mejor.

Utilidad

La investigadora defiende que era necesario generar esta evidencia para poder «diseñar estrategias de intervención eficaces, adaptadas al contexto local, con el fin de reducir las desigualdades existentes y mejorar la capacidad de los ciudadanos para gestionar su propia salud de manera informada y responsable».

«Mi tesis busca que la información sanitaria sea accesible para todos», expone y añade: «Porque hablar claro también es cuidar». Gonçalves destaca que la alfabetización incluye desde «interpretar una analítica, hasta saber qué hacer ante una urgencia o cómo prevenir una enfermedad». Así es que «influye de forma directa en la calidad de vida de los individuos».

Además de proporcionar datos inéditos en Galicia sobre la relación entre salud y desigualdad y señalar a los grupos que necesitan más apoyo para resolver estas diferencias, la tesis de Gonçalves propone también estrategias concretas: campañas adaptadas por nivel educativo, formación del profesorado, mejora de la comunicación entre el profesional y el paciente, materiales claros y accesibles o programas comunitarios.

En esta línea, durante la investigación, elaboró artículos en los que propuso, por ejemplo, un programa de educación intergeneracional para la prevención del virus del papiloma humano en mujeres de comunidades vulnerables, con dinámicas participativas, juegos, inteligencia artificial y redes como herramientas educativas. También planteó estrategias en el contexto escolar y comunitario para prevenir el suicidio en adolescentes, con la implicación de docentes y familias.

«Mejorar la alfabetización en salud es invertir en equidad, en autonomía y en un sistema sanitario más accesible. No es una responsabilidad individual; es una tarea social», defiende.

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