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La vida de una parroquia en torno a una calle carretera

La arquitecta Laura Fernández analiza el papel urbanístico y social de su parroquia, Valladares, a través del vial que la une a Vigo. Y revela que la vida diaria se ha centrado durante décadas en los mismos espacios.

Laura Fernández, en la carretera que cruza su parroquia natal, Valladares

Laura Fernández, en la carretera que cruza su parroquia natal, Valladares / Marta G. Brea

Sandra Penelas

Sandra Penelas

Más que un vial para llegar a algún lugar, la carretera que atraviesa Valladares es una arteria vital en torno a la que los vecinos construyen su día a día y también su memoria colectiva, porque las nuevas generaciones siguen habitando los mismos espacios que sus padres y abuelos. Y aunque en los mapas que esbozan hoy los niños irrumpen las rotondas, también siguen apareciendo como referencias la iglesia, el «torreiro» de fiestas, algunos de los bares más populares o la escuela de música, que también fue centro vecinal y teleclub.

«Partiendo de preguntas más amplias sobre si mi parroquia natal siempre había tenido una identidad propia o si era una extensión de Vigo llegué a otras más concretas sobre la vía que las conectaba y cuáles eran los espacios públicos en los que se vivía en Valladares. Y a través de la cartografía, la evolución histórica y las entrevistas con tres generaciones concluí que, curiosamente, a desde hace 60 años todos comparten los mismos lugares ubicados en tres núcleos diferenciados Carregal, Igrexa-Portal y Garrida», explica la arquitecta Laura Fernández sobre el que constituye su trabajo fin de grado en la UDC.

El término de la calle carretera lo introduce el arquitecto portugués Álvaro Domingues y engloba una realidad muy presente tanto en Galicia como en el país vecino. «Hay un conflicto entre esas zonas que son residenciales pero que, al mismo tiempo, no siempre están habilitadas para ello, sino simplemente pensadas para los coches. Pero como es un fenómeno que ocurre en las periferias no se pone en el foco en él, aunque también es importante. Defender un trabajo sobre mi parroquia y su papel urbanístico ha sido un orgullo y me ha hecho mucha ilusión », reconoce Laura, que actualmente trabaja en un estudio de A Coruña.

La arquitecta Laura Fernández, ante la escuela de música, uno de los lugares de referencia de la parroquia.

La arquitecta Laura Fernández, ante la escuela de música, uno de los lugares de referencia de la parroquia. / Marta G. Brea

En su investigación hace referencia a la «huella» de las infraestructuras romanas, muchas veces construidas sobre itinerarios primitivos, y que siguieron presentes en los viales del siglo XVIII, cuando se crearon caminos reales para facilitar la comunicación entre provincias y llegar hasta Madrid.

Así entraba Vigo en el siglo XX, como una ciudad en crecimiento rodeada de varios núcleos que también se expandían y conectados por una red de caminos que, a su vez, estaban organizados por los reales. Es entonces cuando se anexionan los ayuntamientos de Bouzas (1904) y Lavadores (1940), al que pertenecía Valladares. Y la «pequeña ciudad amurallada» se convierte en «metropolitana».

«Las parroquias ya tenían entonces su identidad propia y su vida, no nacieron de Vigo sino que ya existían», subraya Laura. Y la vía que atravesaba Valladares pasó de ser un camino real de tierra «por el que circulaban ocasionalmente personas y animales», a incluir tramos de adoquín por donde empezaban a transitar los primeros automóviles y, finalmente, «convertirse en una calle carretera asfaltada».

Fotografías de uno de los tramos del vial.

Fotografías de uno de los tramos del vial. / Laura Fernández

Como consecuencia de la «falta de planificación», la vía ha llegado hasta la actualidad como «un popurrí de elementos» donde los «tramos vividos» conviven con los que «solo son transitados».

«Son consideradas como carreteras por donde solo circulan vehículos, pero en realidad se trata de calles rodeadas de casas, de niños, de vida en resumen, y que no están habilitadas para ello. El trabajo permite ver cuáles son los puntos clave para hacer actuaciones en el futuro que permitan dotar a la parroquia de espacios de calidad y responder a sus necesidades. Hay que tener en cuenta la opinión de los ciudadanos. Es un error entender el urbanismo solo desde un punto de vista económico. Aunque no tengan formación en arquitectura, los vecinos saben mucho», reivindica.

Para ubicar esos puntos, Laura comparó los mapas de 1957, 1997 y 2004 elaborados a partir de las entrevistas con vecinos y, en el caso del más actual, de los dibujos elaborados por niños de entre 6 y 11 años. «He podido conocer muchas cosas del pasado y todos estaban encantados de participar, sobre todo, los mayores, que me contaban lo que hacían de jóvenes o los caminos por los que iban», relata.

Conversación con Tila, Mucha y Jaime ante la tienda de Tila.

Conversación con Tila, Mucha y Jaime ante la tienda de Tila. / Laura Fernández

Laura entrevistó a las dueñas de la tienda de Tila, una de las más antiguas, con 70 años de vida, y a residentes del centro de mayores, que recordaron con ella los espacios adonde iban a bailar o lavar la ropa, además de los trayectos que recorrían hasta Vigo o las fiestas de otras parroquias. «Y el cura don Javier me explicó cómo funcionaba antes la administración y cómo la Iglesia llevaba a cabo los censos», añade.

Para el mapa de 1997 hizo varias entrevistas en uno de los locales más conocidos, el Bar Guillermo, y otro de sus vecinos, Isidro, le proporcionó documentación sobre la historia de la parroquia y la lucha emprendida para que el ayuntamiento vigués no se quedase con las tierras del marquesado, sino que fuesen para quienes las trabajaban.

«También hablé con Amadeo, que ha creado una plaza, un lugar donde descansar y admirar sus esculturas, entre ellas, un minidinoseto con la técnica de Gaudí», añade.

El mapa dibujado por Emma, de 8 años.

El mapa dibujado por Emma, de 8 años. / Cedido

Laura conjugó estos mapas imaginados y los trazados por los niños durante el campamento del centro cultural para detallar la evolución de los usos, constatar cómo a lo largo de los años la edificación y los equipamientos se intensifican en los tramos que funcionan como calle mientras los de carretera siguen vacíos, y que los focos principales para el desarrollo de la vida vecinal siguen siendo los mismos desde hace décadas.

A esta vecina del Alto da Garrida, de abuelo cantero y padre albañil, su curiosidad infantil por conocer cómo se construyen las cosas y su vena artística la acabaron llevando hacia el camino de la arquitectura. Y su TFG constituye un valor para su parroquia: «No es un simple trabajo. También viene de que me han dicho muchas veces que Valladares ya no es Vigo. Y es cierto que yo me siento más de mi parroquia. Aquí no llegan las luces de Navidad, pero tenemos nuestro propio encendido en una casa donde se reúnen los vecinos y lo celebran. Tenemos identidad».

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