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Entrevista | José Antúnez Cid Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Eclesiástica San Dámaso

«Sacerdotes ya usan la IA para preparar la homilía»

La inteligencia artificial protagonizará el acto académico que el Centro Teológico San José de Vigo organiza para celebrar la fiesta de Santa Catalina de Alejandría, patrona de los filósofos

Un sacerdote consulta información en un ordenador

Un sacerdote consulta información en un ordenador / Anna Stills

José Antúnez Cid (Madrid, 1968) protagonizará la ponencia «Del espejo a la realidad. La inteligencia artificial (IA) frente al ser humano» el martes en Vigo con el objetivo de abordar los principales retos de la IA desde una perspectiva de la antropología filosófica. Charla con FARO para analizar sus oportunidades y riesgos.

¿Qué retos abordará en la ponencia del martes?

Cuestionar cómo el hombre, ante la oportunidad y el desafío de la inteligencia artificial, puede tener una ocasión de comprenderse a sí mismo mejor y de tomar las riendas del futuro si acepta de manera positiva las posibilidades y los peligros que conlleva. Es un reto antropológico: prestar atención a quiénes somos, a la identidad humana ante el producto de nuestras obras y sus maravillosas posibilidades, y también ante sus tremendos riesgos.

¿Qué riesgos son los más peligrosos?

Hay riesgos a nivel político-social. La IA puede ampliar mucho la capacidad de control y dominio. Puede también ampliar brechas entre las poblaciones, los estratos sociales, según el acceso y la capacidad de utilizarla. Puede también disminuir la capacidad del pensamiento crítico de las personas. Hay estudios de la Unesco que avisan de que puede debilitar la convivencia, favorecer los populismos extremos y crear tensiones añadidas a las que ya tenemos que gestionar. También puede usarse para lo contrario.

¿Cómo podría beneficiarse la Iglesia de la IA?

Puede permitir que el paso al tiempo de reflexión, al tiempo de oración, al saber estar —no solo el hacer— sea mayor, lo cual repercutiría en una mayor calidad de la atención que presta la Iglesia. Por ejemplo, hay comunidades contemplativas que ofrecen un servicio de meditación a sus seguidores y, en una primera fase, utilizan inteligencia artificial para elaborar esa meditación. Le piden ideas y fuentes de San Agustín, de la Escritura, del Papa Francisco o de quien sea, fuentes que ayuden a comentar el texto del Evangelio para un destinatario concreto: unos fieles de un área rural, unos fieles inmigrantes, etc. Es una herramienta de apoyo: no puede hacerlo todo ella, pero facilita el trabajo. También habría áreas de gestión parroquial o diocesana en las que, igual que en la vida pública o en las empresas, puede ayudar a reducir costes y tiempos para un trato más personalizado.

El sacerdote José Antúnez Cid estará en Vigo el próximo  martes para ofrecer una ponencia sobre inteligencia artificial.

El sacerdote José Antúnez Cid estará en Vigo el próximo martes para ofrecer una ponencia sobre inteligencia artificial. / FdV

¿Cree que la IA pone en riesgo la labor pastoral personal en las iglesias y demás centros?

Creo que no. Si lo hacemos bien, puede ayudar. No puede sustituir.

¿Conoce a algún párroco que esté utilizando la inteligencia artificial para las misas?

Para dar misa, no. Para enriquecerse con alguna historia, sí, algún sacerdote. Hay sacerdotes que buscan fuentes e ideas para preparar la homilía, pero nunca la homilía será lo que diga la inteligencia artificial: es solo una herramienta de ayuda.

¿Cómo imagina usted la Iglesia en un futuro con la IA?

Interactuando, colaborando, sirviéndose de ella y también iluminando a la sociedad, aportando su luz para que las inteligencias artificiales que diseñemos tengan un contexto político, jurídico y social ajustado a la ayuda al hombre y a la comunidad, no a lo contrario: no como herramienta de dominio o discriminación. La Iglesia convivirá con ella y aportará luz desde su experiencia y su sabiduría.

¿Qué puede aportar el ser humano frente a la IA en la labor pastoral?

Sobre todo, que el encuentro es real. Hay un encuentro y hay realidad. No es simplemente estar en una burbuja virtual. Hay un contacto de carne y hueso, un rostro, un tú, sentimientos y afectividad que entran en juego y permiten que la ayuda, el servicio y el enriquecimiento mutuo sean vivos y profundos; por lo tanto, la huella y la ayuda son más eficaces. La inteligencia artificial puede abrir el camino, pero no llega a esa concreción humana.

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