Cincuenta años en el escenario: «La música es nuestra vida»
Coincidiendo con la celebración de Santa Cecilia, La Unión Musical de Valladares rinde homenaje cada año a los integrantes más veteranos, aquellos que cumplen cinco décadas en la banda con la misma ilusión con la que entraron siendo críos. Hoy serán distinguidos el saxofonista Álvaro Iglesias y el tubista Marcelino Figueroa

Álvaro Iglesias y Marcelino Figueroa, con sus instrumentos, en el local de ensayo. / Alba Villar
Veteranía, compromiso y amor por la música. Álvaro Iglesias y Marcelino Figueroa reciben hoy el homenaje de la formación en la que aprendieron a dar vida a los instrumentos y a la que se han mantenido leales durante cincuenta años a pesar de los compromisos familiares y profesionales. Y lo que les queda, porque ninguno de los dos está dispuesto a retirarse de los escenarios. «Mientras pueda y me guste pienso seguir», promete Marcelino. De hecho, tras ser distinguidos hoy, ambos recuperarán sus respectivas posiciones en la banda para ofrecer el tradicional concierto de Santa Cecilia en el auditorio del Centro Veciñal e Cultural (20 horas).
«La música es mi vida. Siempre digo que me lo pasaba tan bien que casi tendría que pagar yo por mi trabajo. Fui un afortunado», reconoce Álvaro, al que todos conocen como ‘Papito’, sobre una larga trayectoria profesional que culminó en la Banda Municipal de Santiago, a la que perteneció desde 2008 hasta su jubilación en 2023.
Pero antes también impartió clases de saxofón en el Conservatorio Superior de Vigo y en Mayeusis, así como en Matamá, Cabral, Santiago, Ferrol, Nigrán y Redondela. «Fui un trotamundos», comenta entre risas.
Y combinaba toda esta labor docente con su trabajo en la Orquesta Amistad de Vigo, en la que entró a principios de los 70 y solo la dejó cuando entró en la banda como profesional: «Ya me era imposible seguir porque en Santiago ensayábamos todos los días, en verano y en invierno».
«La orquesta me gustaba mucho también y tocaba otros estilos, sobre todo, rock ‘n’ roll, pero llega un momento en que se hace duro. Los veranos empezaban en mayo y acababan en octubre. Dormías mal, acostándote a las 4, las 5 o las 6, y comías mal. Acababas deshecho», recuerda Álvaro, que también formó parte de la banda militar de Vigo mientras hacía la mili en Barreiro.
Pero, sin duda, Santiago fue el mejor broche a su carrera como profesional. «Para mí fue una cosa maravillosa. En Valladares también hay gente muy buena, pero fue genial tocar con músicos de nivel », celebra.
A punto de cumplir los 69 años, la jubilación le ha permitido dedicar más tiempo a la Unión Musical de Valladares, en la que aprendió a tocar de niño antes de ir al Conservatorio para hacer la carrera superior de saxofón y seguir formándose después con «cursos y cursos» durante años.
«Todo empezó aquí. Mi familia es de músicos e incluso mi primo fue el director. Y nunca dejé la banda. Cuando me necesitaban y podía, yo siempre ayudaba», destaca.
Marcelino Figueroa: «Siempre me gustó la música. En casa nadie tocaba, pero yo ya hacía flautas con las cañas»
De idéntica lealtad ha hecho gala desde niño su compañero Marcelino, que entró en la escuela de Valladares en el verano del 75. «Siempre me gustó la música. En casa nadie tocaba, pero yo ya hacía flautas con las cañas. Y viviendo al lado de la banda y debajo del Torreiro de fiestas pues ¡ya me dirás!», indica entre risas.
Después de 30 años con la flauta se pasó a la percusión porque se necesitaban músicos de esa especialidad. «Y cuando ya había bastantes, entres ellos, mis dos hijas, cambié a la tuba y ahí estamos ahora. Pero no he dejado ni un día de venir, desde los 14 años hasta hoy, que tengo 64», subraya.

Álvaro y Marcelino, con sus dos instrumentos / Alba Villar
Sus hijas ya no están en la banda, pero siguen vinculadas a la música. La mayor se formó en el conservatorio superior y ahora es profesora , además de tocar en la banda de Arcos de Valdevez cuando puede. Y, la más pequeña, aunque no terminó el profesional, toca en Vincios, la parroquia de su madre.
Precisamente a ella le agradece su comprensión Marcelino: «Recorrió media Galicia conmigo, si no hubiese comprensión esto no funcionaría porque son muchas horas de ensayo y de viajes».
En su caso, ha tenido que restar tiempo a la familia y al trabajo e incluso al fútbol, que practicó hasta los 51, y las comisiones de fiestas. «Cuando eres joven tiras para todas las esquinas. Primero fui carpintero, después monté mi empresa, también tuve un bar en el centro cultural con mi mujer, mi hermana y mi cuñado y, por casualidades de la vida, en 2012 entré a trabajar en el cementerio de Valladares. A algún ensayo faltas porque llegas cansado o hay velatorio, pero trato de ir todas las veces posibles porque sin ensayar la cosa no funciona y porque hay que ser compañero», defiende.
La banda es una mezcla de veteranía y juventud: «Si está bien hecha la mezcla, funciona, y aquí funciona desde 1902». Y tiene muchos conciertos en la memoria, incluidos los concursos fuera de Galicia: «La música tira, es un gusanillo que hay ahí siempre»:
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