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La muerte de Franco dejó sin «muiñeiras» a 1.700 cruceristas en Vigo

La noticia del fallecimiento del dictador hace 50 años sorprendió en la ciudad a los pasajeros del Canberra, un crucero que cubría la ruta entre Lisboa y Southampton

El «Canberra», durante una escala en Vigo

El «Canberra», durante una escala en Vigo / FdV

No por esperada, la noticia de la muerte de Franco no dejó de sorprender. A los actos de homenaje al dictador que se empezaron a organizar desde el primer día, se sucedieron otros más simbólicos como el ondeo de las banderas a media asta como señal de duelo de los barcos que tal día como hoy de hace 50 años se encontraban surtos en Vigo, desde mercantes a cruceros. Entre ellos estaba el mítico Canberra, que había atracado en el muelle de la estación marítima al amanecer de aquella soleada mañana, donde desembarcaron 1.715 cruceristas británicos, que realizaron visitas a la ciudad y a Baiona y Santiago de Compostela.

El Canberra, que ya era un barco de frecuente presencia en Vigo, llegaba a la ciudad haciendo un alto en su ruta entre Lisboa y Southampton. En aquellos tiempos era habitual como acto de despedida, la actuación de un grupo folclórico gallego en uno de los salones de los cruceros que nos visitaban. Pero aquel día el festival no se llegó a celebrar en señal de duelo, para disgusto de los cruceristas.

Además del Canberra, también nos visitó el ferry-crucero de la línea regular Reino Unido-Canarias, Monte Granada, de la vizcaína Naviera Aznar. Este ferry mixto de pasaje y carga, además de pasajeros que iban o regresaban a Canarias desde Liverpool y Vigo, conducía turistas que hacían la ruta bien para pasar unos días en Canarias o Inglaterra, o simplemente para disfrutar del viaje redondo desde sus puertos de embarque en modo crucero, esto es, sin abandonar la embarcación hasta que completara su recorrido.

Además de estos dos buques, ese día hicieron escala varios mercantes, entre ellos el ro-ro Duldalk, uno de los pioneros de la «Autopista del mar», que unía Vigo con Saint Nazaire, para donde transportaba coches fabricados en Vigo, a donde regresaba con piezas y kits para el montaje de nuevos vehículos en las factorías de Citroën. Y finalmente también lucieron sus enseñas nacionales a media asta otros mercantes de tráficos hoy desaparecidos, como los quimiqueros Butacinco, que dejó un cargamento de gas butano y el Marco Gris, que había arribado para desembarcar asfalto.

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