La Navidad llega a Vigo con ilusión impermeable
El encendido de las luces de Navidad llenó Porta do Sol pese a la lluvia, que concedió una tregua durante el acto y provocó un cortocircuito en el árbol
Y se obró el milagro de la Navidad de Vigo, aunque no sin suspense. No importó que esta semana cayeran más de 170 litros de agua en la ciudad porque el decreto anti-lluvia activado para el encendido de las luces en la urbe y en todo el planeta volvió a funcionar. Media hora antes de la hora prevista las precipitaciones cesaron en una Porta do Sol llena esta vez con 7.000 personas y casi el mismo número de paraguas. Y es que la Navidad de Vigo cala hondo.
Desde las tres de la tarde, las primeras filas del kilómetro cero vigués se fueron ocupando. La gente llegaba de toda la ciudad, Galicia, Madrid e incluso del otro lado del Atlántico. Un hilo musical de grandes clásicos de ayer y hoy, chubasqueros y gorros aliviaban una espera que miró más hacia el cielo que hacia el árbol. De hecho los balcones, con frases de apoyo al Celta o carteles publicitarios, mostraron una afluencia muy superior a otras ediciones. Pero la moneda volvió a salir cara y, para asombro de muchos, a las 19.30 horas las nubes se disipaban para disfrutar de un evento seguido a nivel internacional. Veinte minutos después hacía su entrada en el atril del árbol el alcalde, Abel Caballero, seguido de los otros 18 concejales del grupo socialista, el subdelegado del Gobierno, Abel Losada, y su mujer, Cristina. Allí dio la bienvenida en gallego, castellano e inglés a los visitantes.
En su discurso volvió a bromear con la cobertura de los satélites internacionales o la expectación global del evento, pero también hubo gesto de solidaridad. «Nuestro saludo y siempre estaremos al lado de los que tienen la razón, al lado de la gente de Gaza, Vigo siempre estará ahí», proclamaba mientras señalaba la decena de banderas palestinas que ondeaban en el centro de la plaza. En su discurso de diez minutos hubo también agradecimientos a los miles de trabajadores de Stellantis, el naval, la pesca, comercio, hostelería o servicios públicos esenciales. También a los que hacían posible el despliegue del acto o los irmãos procedentes de Portugal. Y es que en Porta do Sol cabían todos los acentos y lenguas del mundo. «Tenemos el inmenso honor y privilegio de ser el símbolo de la Navidad en todo el planeta», aseguraba, ya que el nombre de la ciudad y el de la fiesta «van unidos» en el mismo.

Vigo enciende la Navidad más grande de su historia ante miles de personas /
En esa competición por situar a la urbe como una referencia Caballero volvió a aludir al bajo nivel de otras capitales. «Hasta ahora en la liga de las grandes ciudades estábamos Vigo, Nueva York, Londres, París y Roma, ahora ya solo está Vigo» indicaba en referencia a la calidad de los adornos instalados por la empresa Ximénez. Para el regidor «la Navidad es una cultura que en Vigo adquiere el rango de arte», aunque con susto incluido.
Incidente en el árbol
Si el encendido de 2024 tuvo un homenaje a las víctimas de la Dana que golpeó a la Comunidad Valenciana, este año el guiño se podría decir que fue hacia el apagón del pasado 28 de abril. Cuando quedaba un cuarto de hora para las ocho de la tarde una de las placas del árbol se incendió, empezando a echar humo después de la abundante lluvia recibida durante horas. Aunque el pequeño fuego no duró mucho, fue suficiente para que el alumbrado se ejecutara en dos tiempos. Tras la primera cuenta regresiva trilingüe que encendió el árbol, fue necesario apagar por precaución las 100.000 bombillas que lo componen, lo que provocó unos minutos de incertidumbre. «Son los avatares de la lluvia, no me digáis que no tenemos mérito de que conseguimos parar el ciclón» bromeaba el primer edil ante un público que, pese a la avería, se mostró compasivo.

Vigo enciende la Navidad más grande de su historia ante miles de personas / Alba Villar
Al segundo intento y para alivio del equipo técnico el árbol pudo encenderse en una explosión de guirnaldas. «War is over» de John Lennon volvía a sonar en Porta do Sol con las banderas de Palestina entremezclándose con la nieve artificial. Porque en Vigo, incluso en la celebración, hay tiempo para el compromiso y la solidaridad.

Pedro Fernández
«Después de la tormenta viene el arco iris» fue el inicio de la siguiente canción, obra de Ozuna, que certificaría el inicio de los 57 días de Navidad que vivirá Vigo este año. A partir de las 20.20 horas se empezarían a entremezclar los más de 120 periodistas, fotógrafos y creadores de contenido acreditados para el acto con el público, que rápidamente invadió los espacios alrededor del árbol. En sus 13 metros de diámetro interior, una sucesión de selfies, abrazos y bailes marcaron el ritmo de la noche. Minutos después el cielo cesó su tregua y volvería a abrirse con varios chaparrones capaces de convertir en el Grinch hasta al más ferviente defensor de estas fiestas.

Pedro Fernández
Milagro o no, la «maravillosa y magnífica Navidad», como la definió Abel Caballero, es ya también impermeable al temporal.
Progresión por los barrios
Aunque las ocho de la tarde eran la hora indicada, calles como Travesía de Vigo, Pizarro, Rosalía de Castro o María Berdiales tuvieron que aguardar para recibir la «onda de luz» que nacía en Porta do Sol y que fue iluminando la noche olívica.
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