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Vigo Global Summit 2025

Carolina Marín: «Puedo porque pienso que puedo»

La campeona olímpica conversó con Miguel Ángel Oliver sobre el cariño que recibió tras su lesión en París: «Esa medalla la pongo en mi corazón»

Carolina Marín yMiguel Ángel Oliveren su charla.

Carolina Marín yMiguel Ángel Oliveren su charla. / José Lores

Víctor P. Currás

Víctor P. Currás

Vigo

Los caminos de la vida, la empresa y el deporte tienen muchos pasos comunes. Constancia, resiliencia e incluso azares del destino pueden llevar al último escalón: el éxito. Bien lo sabe Carolina Marín, quien pasó de no saber qué era el bádminton a emocionar a millones de personas en todo el mundo con su ejemplo. La deportista onubense cerró la primera jornada del Vigo Global Summit 2025 con un coloquio con el presidente de la Agencia EFE, Miguel Ángel Oliver, en el que repasó su carrera desde que su amiga Laura la llevó a probar en el polideportivo de su barrio este deporte hasta la gloria y dolor olímpico. Esa senda en la que la vida le ha ido me «poniendo ciertas piedrecitas» le permite hablar con la madurez de una joven que con 14 años se mudó sola a la residencia Joaquín Blume, a 500 kilómetros de su casa y sus padres.

«Estaba súper ilusionada, rogaba y suplicaba que dieran esa oportunidad. A lo mejor un tiempo después la federación no me hubiera querido a mí. Me transmitieron calma y tranquilidad y eso es lo importante», recuerda sobre el papel de ellos y las diferencias con otros que quieren que sus hijos vivan lo que no hicieron en su niñez.

En un foro en el que se habló y mucho de la amenaza china, Marín recordó la «muralla mental» que suponía enfrentarse a las rivales de este país.

Superación

La Premio Princesa de Asturias de los Deportes de 2024 pide imaginar una escalera de diez escalones, siendo el último el «gran sueño». «Si quieres llegar del primero al décimo te frustras muy rápido, te pierdes y te caes», relata. Pero desde entonces asume el lema «puedo porque pienso que puedo» como propio. La remontada en la final del Mundial de 2014 precipitó su planificación de cara al oro olímpico, previsto para Tokio y adelantado a Río de Janeiro. Tras ello llegaron dos roturas de rodilla, la pérdida de su padre y un trabajo que el público general no ve cuando llevaba su cuerpo «más allá del límite». En París, con la tercera lesión, un premio inesperado. «Me volví con una medalla que en mi vida pensé en conseguir en forma de cariño, amor y apoyo. Esa no la puedo poner en mi vitrina, la pongo en mi corazón», reconocía emocionada. En ese sentido «lo esperado» era repetir el metal de 2016, pero aquellos gritos de dolor hicieron que el público empatizara con ella aún más. «Me quedo con el camino que me ha llevado a conseguir esos sueños», resume.

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