Vecinos de Vigo denuncian destrozos en sus viviendas por obras ajenas: «Quieren sacarme de mi casa»
Vecinos de República Argentina denuncian daños en sus viviendas por el derribo del edificio contiguo, actuación avalada por la justicia

Marta G. Brea / Edgar Melchor
Joaquín Abreu Vidal, único vecino del número 3 de la calle República Argentina de Vigo, vive una pesadilla desde que en febrero de 2021 se desplomó parte de un edificio de Areal sobre el patio de un gimnasio. El inmueble fue posteriormente demolido, actuación que dejó grietas en varias estancias de su hogar.
Desde hace menos de dos semanas, su situación ha empeorado. Desesperado, denuncia que los trabajos de derribo del número 5 de su calle, que comenzaron «el 28 de octubre», provocaron desperfectos en el canalón de su casa. «Me entraba agua por varios puntos del techo de la cocina y tuve que gestionar y pagar yo el arreglo», señala antes de destacar que, sin embargo, lo más grave es que los operarios encargados de la obra, de la empresa Resigal, han tirado una pared de piedra y otra paralela de su sótano, además de un tramo del techo, por lo que una zona ha quedado totalmente al descubierto.
La promotora es Construcciones Grial, con la que este periódico no ha podido ponerse en contacto este lunes a pesar de intentarlo varias veces. También hay vecinos afectados en el número 7 de esta misma calle, pero en menor medida por ahora.
«El propietario, Fernando Copa Martínez, junto con la empresa Resigal, están realizando una demolición sin ningún tipo de seguridad ni ningún tipo de control. Ya se ven los daños que me han causado. Son conscientes de ello y no se han ofrecido a reparar nada», lamenta este ciudadano, que ha sido despedido de su trabajo como camionero por ausentarse: «No me ha quedado otro remedio que quedarme en mi casa para ver qué pasa».
Asegura que la intención de la propiedad, «la misma» que la de los terrenos que rodean su vivienda, es que abandone su hogar, en una zona «codiciada» de la urbe. Fue comprado por sus abuelos hace tiempo y él reside ahí desde hace «ocho o nueve años». «Quieren sacarme de mi casa para poder construir después a su antojo o hacer lo que quieran», comenta.
Recuerda que, en un momento en el que bajó al sótano, casi le cae en la cabeza material de la demolición. «No me han matado de milagro», dice. El Ayuntamiento de Vigo, por medio de un comunicado remitido a los medios de comunicación, ha informado que «o edificio número 5 da rúa República Arxentina ten unha declaración de ruína, unha orde de demolición e autorización do xulgado para proceder á derruba do inmoble».
Anota que la propiedad solicitó esta autorización al juzgado porque comparte sótano con el número 3 —en todo caso, deja claro Joaquín Abreu que este sótano es de su propiedad: se extiende por el número 3 y continúa por debajo del número 5— y le fue concedida «coa condición de que repoña a situación previa unha vez executada a derruba».

El derribo de un sótano colindante daña gravemente a su vivienda en Vigo / Marta G. Brea
El Concello asevera que «os traballos de demolición contan coa pertinente licenza municipal e que a familia do inmoble lindeiro —la de Abreu— foi atendida polos técnicos municipais, que lle facilitaron o acceso a toda a documentación e explicáronlle in situ a actuación que se está desenvolvendo». Al respecto, Abreu indica que la sentencia, del contencioso-administrativo número 2 de Vigo, es de 2023, pero apostilla que, en la licencia, «de 2018», no constan actuaciones que afecten a su sótano «ni la reconstrucción». «Tampoco se ha modificado», continúa.
Comenta, además, que no entiende por qué es necesario que la demolición afecte al sótano. Añade que es complicado convivir con los ruidos y temblores: reconoce, de hecho, que se han formado más grietas en su vivienda. Su familia vive preocupada. Su hermana asegura que, hace días, cuando él salía de casa para ir a trabajar, veía que había personas vigilando la puerta de su casa.
«Es acoso inmobiliario», expresa Abreu, a la vez que lamenta la «mala educación» y la «falta de empatía» de los trabajadores de Resigal. Uno de ellos, de hecho, en presencia de este periódico, exhibió sus glúteos cuando Abreu estaba criticando su trabajo. Operarios declararon después que el trato del vecino ha sido malo desde el inicio de la obra.
Un residente del número 7 trasladó a FARO que el edificio, a consecuencia de esta actuación, sufre problemas estructurales y han aparecido grietas. «Un arquitecto técnico hará un informe pericial; ya hemos puesto el tema en manos de un abogado. Al del primer piso le tiraron el balcón. Al parecer, están usando martillos hidráulicos y no lo tenían previsto», expone.
Desde Resigal, aseguran que la obra cuenta con «todas las medidas de seguridad» y que existe una licencia y una sentencia judicial que avalan la actuación. Indican que los trabajos se han ralentizado porque el vecino del número 3 no les deja trabajar. «Se mete en zonas de riesgo», concretaron. Aseguraron que, acabada la jornada, taparían el hueco del sótano «con una malla electrosoldada».
La tensión ha ido a más esta tarde: Abreu denunció una «agresión física» por parte del jefe de Resigal y el abogado de la empresa aseguró que su cliente fue «atropellado» por el vecino del número 3.
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