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La tragedia vuelve a golpear al Vigo más vulnerable

El crimen de la estación se une al de Judith o al de Carmen, la mujer de la maleta, víctimas que también sufrían el azote de la pobreza

Marta Fontán

Marta Fontán

«Esto no es vida...». Juan Ignacio Martínez pronuncia esta frase con un rictus de tristeza y resignación. Lo hace mientras mira hacia el maltrecho chabolo donde su amigo Roberto perdió la vida a cuchilladas. Este hombre es una de las personas sin hogar que pernoctan en la vieja estación de autobuses de Vigo escenario del homicidio ocurrido el jueves. Allí también malvivían y dormían el fallecido y la detenida de una tragedia que ha vuelto a golpear al Vigo más vulnerable: el de las personas en situación de exclusión social severa. Otros crímenes recientes con víctimas que se vieron azotadas por la pobreza fueron el de Judith o el de Carmen, la mujer cuyo cadáver se halló dentro de una maleta. O el de la casa okupa de la calle Coruña que le costó la vida a Jonny, un hombre que fue asesinado de una certera puñalada en el corazón.

Roberto, la víctima del crimen de esta semana, tenía 56 años. La artrosis le provocaba severos problemas de movilidad y debía usar maletas. Como muchos de los de su generación, la drogodependencia que arrastraba desde su adolescencia y la adicción a la bebida tuvieron mucho peso en que acabase viviendo en la calle. «Él quiso esta vida, no se acostumbraba a las condiciones que debía cumplir en casa, quería tener su autonomía...», cuentan familiares suyos, lamentando el trágico final de una «buena persona» que estaba alejada de cualquier tipo de violencia. «Era un tío de p. madre», suscribía con los ojos enrojecidos otro de quienes viven en la estación.

El colectivo Os Ninguéns deja flores en el lugar donde un sintecho fue mortalmente apuñalado en Vigo.

El colectivo Os Ninguéns deja flores en el lugar donde un sintecho fue mortalmente apuñalado en Vigo. / M. F.

En este caso la presunta homicida, Silvia, su pareja desde hacía unas semanas, también se había visto abocada a vivir en la calle. Os Ninguéns, colectivo vigués que lucha contra la pobreza y la exclusión social, ya conocía tanto a la víctima como a la supuesta agresora. Lo ocurrido el jueves ha reavivado sus eternas demandas: una alternativa habitacional digna y programas de intervención de calle para quienes se han visto abocados a dormir a la intemperie.

Otros casos en trámite

Igual que Roberto, otras víctimas de crímenes ocurridos en los últimos años en Vigo también sufrían de enorme vulnerabilidad. Es el caso de Judith, la vecina de Vigo de 37 años cuyo cadáver fue arrojado tras un contenedor en el polígono porriñés de As Gándaras hace ya casi dos años. Vinculada al mundo de la prostitución, residía en una vivienda abandonada en Camiño Redomeira. Su caso todavía está en fase de instrucción judicial, al igual que el de María del Carmen Bento Domínguez, la mujer de 60 años de edad cuyo cuerpo en avanzado estado de descomposición fue hallado dentro de la maleta encontrada en febrero de 2024 en la zona viguesa de Espedrigada.

El crimen de esta mujer derivó en el arresto e ingreso en prisión provisional de José Manuel Durán González, «O Chioleiro». Los vecinos que los vieron cuando estuvieron alojados juntos en una pensión cercana al lugar donde fue abandonada la maleta describen a Carmen como a una mujer «muy desmejorada» y vinculada a la toxicomanía: «Se veía que había tenido una vida difícil».

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