La víctima del crimen de la vieja estación de autobuses de Vigo estaba indefensa y recibió cuchilladas en cuello, tórax y costado
La sospechosa, pareja del fallecido, pasará este sábado a disposición de la jueza
Un varón que compartía chabolo con el fallecido y la detenida arrebató el arma a la mujer, pero ya era tarde
Otro se acercó tras escuchar los gritos de auxilio: «Me están matando»

Margarita Quinteiro y José Enrique Carrera, cuñada y sobrino de la víctima / M. F.
«Me están matando». Dos de las personas sin hogar que residen en la vieja estación de autobuses de Vigo son testigos clave en la investigación policial abierta por el crimen ocurrido este jueves, el que le costó la vida a Roberto Carrera Carrizo, vigués de 56 años que llevaba años viviendo en la calle y que fue apuñalado con un cuchillo de cocina doméstico supuestamente por Silvia G.V., de 36, con la que mantenía una relación sentimental y con la que desde hacía algo más de un mes compartía el pequeño chabolo construido con cartones, maderas y sábanas donde fue el homicidio.
La víctima, que estaba sobre la cama cuando ocurrió todo, recibió varias puñaladas en cuello, tórax y costado y, dada su situación –se movía con bastante dificultad y necesitaba muletas por los problemas de artrosis que tenía en cadera y rodillas–, no habría podido defenderse, si bien habrá que esperar a los resultados de la autopsia, que serán claves para aclarar este extremo.
El crimen ocurrió en el acceso de Gregorio Espino donde a día de hoy duermen casi una quincena de personas en las casetas y colchones que se suceden al pie de la fachada de la estación. Uno de los sinhogar que declaró como testigo ocupa un chabolo próximo al del homicidio. «Me están matando», escuchó. No pensó que fuera nada grave, pero cuando se acercó allí y vio la sangre se alarmó. «¿Qué te pasa Roberto», le preguntó. «Lárgate, no te interesa», le habría dicho la ahora arrestada. Dado que tiene teléfono móvil, este testigo alertó de inmediato a 112 y a los medios policiales.

Homicidio por apuñalamiento en la antigua estación de autobuses de Vigo / C. L.
No fue el único que acudió allí. Un varón que compartía esa caseta desde hace unos días con Roberto y Silvia y que había salido de forma momentánea se topó con el ataque al entrar. Las fuentes consultadas señalan que se encontró a la mujer de rodillas sobre su pareja y que de inmediato le arrebató el cuchillo que le vio, si bien ya fue demasiado tarde ya que la víctima ya había recibido las cuchilladas, una en el cuello. Otra mujer de las que pernocta allí y dispone de móvil también dio la alerta.
«En cuatro minutos esto se lleno de agentes», relata esta testigo. La primera en llegar fue la Policía Local, que se dirigió hacia la víctima para socorrerla y que custodió a la presunta homicida hasta que acabó siendo detenida. A continuación ya se personaron Policía Nacional y los sanitarios del 061. Sobre la actitud de la arrestada tras el crimen, la misma mujer describe que «estaba tranquila, no se resistió, no decía nada, no sé si es que estaba en shock o qué... Estaba sentada, la levantaron y la metieron en el coche policial».
«No estaban enfadados»
El homicidio cogió por sorpresa a todos los que allí viven. «Roberto era buena persona, no se metía con nadie. Ella tenía problemas psiquiátricos, a veces cogía y se largaba unos días... Pero nunca la vi agresiva», comentaba una mujer. «Él llevaba aquí meses, unos ocho o nueve aproximadamente, y ella vino de forma más reciente. Estaban juntos y en una ocasión tuvieron ‘lío’ en el médico. Pero aquí nunca les había escuchado ni un grito», dijo otro varón. Otro más concretó que estuvo con ellos horas antes del crimen: «Estaban comiendo jamón y queso y compartimos cervezas y licor café. No estaban enfadados».
La detenida, que fue trasladada a la comisaría de Álvaro Cunqueiro, pernoctaba desde hacía pocas semanas en la zona de Gregorio Espino, pero llevaba bastante más tiempo en la calle. En un reportaje publicado en abril por praza.gal fue una de las entrevistadas ya que ya dormía en la vieja estación, pero en aquel momento en el otro acceso, el de la avenida de Madrid. «É unha situación moi triste. Eu xa saíra da rúa. Vivía nun piso pero agora volvín», contó al diario. «Polo menos aquí non hai pelexas», añadió entonces. Este sábado pasará a disposición judicial por el homicidio que presuntamente acaba de cometer.
Familiares del fallecido: «Era muy tranquilo, nunca pensamos que pudiese morir así»
«Nunca pensé que fuese a morir así. No se lo merecía. Solo llevaba un mes con ella y fue su verduga...». Margarita Quinteiro es cuñada del fallecido. Ella y su hijo José Enrique acudieron este viernes a la estación. Él ya lo había hecho el día del crimen e identificó a su tío.
«Él quiso esta vida, quería su libertad, pero tiene familia. Yo hace poco lo invité a cenar y le daba dinero...», dice este vigués. «En una ocasión estuvo en la cárcel, lo fuimos a buscar y estuvo en casa, pero él allí no estaba a gusto y decidió irse», añade Margarita.

El colectivo Os Ninguéns deja flores en el lugar donde un sintecho fue mortalmente apuñalado en Vigo. / FdV
Roberto vivió muchos años en ese barrio, en un edificio de calle Gaviota, y tenía un hijo, tres hijas y una nieta. Con severos problemas de movilidad que le obligaban a usar muletas, desde que se divorció vivía en la calle: estuvo en una casa okupa y en otras zonas hasta que se fue para la vieja estación. «Aún hace poco nos dijo que aquí iban a hacer obras y que le iban a dar un albergue. No me lo puedo creer, qué pena...», afirman. La familia lamenta que la toxicomanía que arrastraba desde adolescente y su adicción a la bebida condicionaron su vida: «Pero era tranquilo, en la vida fue violento, nunca cometió ni una agresión ni un robo».
Flores ante la chabola donde se cometió el crimen
Antón Bouzas y otros miembros del colectivo Os Ninguéns llegaron a media mañana a la vieja estación de autobuses y dejaron unas flores en recuerdo de Roberto. Lo conocían. Y también a Silvia, la mujer detenida. Con mucho dolor por lo ocurrido, insistían, como ya lo han hecho en ocasiones anteriores, en urgir una solución para las personas sin hogar que duermen allí, algunas de ellas desde hace más de un año. «Lamentamos profundamente lo ocurrido y deseamos que cuanto antes se tomen medidas para que el resto de las personas que pernoctan aquí sean reubicadas en una alternativa segura y confortable», piden.
Bouzas incidía en que las personas que se han visto abocadas a dormir en la vieja estación están «muy empobrecidas» y muchas tienen enfermedades crónicas «muy severas», tanto físicas como psíquicas. «Hace falta un albergue que tenga plazas suficientes, las que hay no llegan», avisa. «Las administraciones publicas no deben dejar que se maten entre ellos», avisa.
Vecinos de la zona también piden una solución por la insalubridad e inseguridad que hay en el entorno de la estación.
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