El hostelero investigado por el caso del agua contaminada con sosa cáustica: «El problema vino de la botella»
El dueño del restaurante donde se sirvió el agua mineral que causó quemaduras a un cliente declara ante la jueza
Niega que la contaminación se produjese en su local: «Es imposible»

Un hombre se sirve una agua en un vaso en un bar de Vigo. / JOSE LORES

«El problema vino de la botella. Quedó claro y se han presentado pruebas de ello. Es imposible que esa contaminación se produjese en mi local». El dueño del restaurante de Vigo donde un cliente bebió un trago de agua mineral con gas que le ocasionó severas quemaduras en la parte baja del esófago y en el estómago defendió ayer su inocencia. El hostelero compareció en calidad de investigado en el Juzgado de Instrucción número 7 de Vigo, que fue el que abrió diligencias para tratar de dilucidar dónde está el origen de la contaminación con sosa cáustica, si en una presunta negligencia del establecimiento que sirvió la consumición o, al contrario, de la planta embotelladora de la que salió en origen el producto. Aunque este tipo de intoxicaciones son muy excepcionales, en Galicia y en otros puntos de España hubo durante las últimas décadas casos bastante similares de lesiones provocadas cáusticos que acabaron, igual que el que se investiga ahora, en la vía judicial.
Todo ocurrió el 12 de abril, cuando Pablo, un empresario de Salvaterra do Miño de 42 años, pidió un agua mineral con gas en el restaurante vigués. Le sirvieron una botella de cristal de una conocida marca. «Tenía tapa de rosca, estaba cerrada e hizo el típico ruido al abrir. Eché un chorro en un vaso con hielo y limón, le di un trago al agua y en segundos ya noté que me quemaba vivo por dentro», relató el afectado entonces. El líquido, según se comprobó después, parecía tener un tono amarillo. El camarero que atendió a Pablo y a sus amigos contó a los policías locales que fueron allí que había retirado todas las bebidas de la nevera sin ver «nada anormal».

Pablo, el afectado por la intoxicación, cuando estuvo ingresado en el Hospital Ribera Povisa a causa de las graves quemaduras internas sufridas. / JOSE LORES
Tras las primeras indagaciones, incluida la toma de declaración al perjudicado, y después de recibirse el informe pericial de la Policía Nacional, el juzgado citó al hostelero –es el primer y único investigado que hay en la causa judicial al menos por el momento–, que prestó declaración ayer y que se reafirmó en que la contaminación cáustica no se produjo en su local. «Es imposible», afirmó a preguntas de FARO tras la comparecencia judicial.
«La botella de agua estaba en la nevera. Estaba fría y cerrada. El cliente la abrió en la mesa, se ve en las imágenes de las cámaras», había ya manifestado tras los hechos, negando entonces y ahora la hipótesis de que se pudieran haber vertido productos de limpieza en botellas de agua, ni accidentalmente ni como práctica habitual.
Una recuperación con buena evolución
El afectado por la intoxicación, mientras, continúa su recuperación. Tras dar aquel trago al agua y sufrir las graves quemaduras, estuvo algo más de dos semanas ingresado en el Hospital Ribera Povisa recibiendo nutrición parenteral por vía intravenosa. Cuando recibió el alta se fue para su domicilio con una dieta muy limitada, pero a día de hoy afortunadamente ya puede llevar una vida «normal». «Físicamente me encuentro bien y, salvo algún problema puntual, no tengo dolores. Los médicos me dicen que la evolución es buena. Para lo que pudo ser, tuve mucha suerte», resume Pablo. En todo caso, transcurrido ya más de medio año aún tiene algunas restricciones alimentarias –no puede comer carne roja, bebidas gaseosas ni alcohol– y debe someterse a gastroscopias periódicas. Junto a seguir avanzando en su mejoría, ahora espera que la instrucción judicial en marcha aclare el origen de la intoxicación que le dio el susto de su vida.
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