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«Hai moitas portas por abrir, pero non o van facer ata que petemos nelas»

Lucía Álvarez Martínez, ciega de nacimiento, ha conseguido a los 24 años y al primer intento aprobar las oposiciones de Secundaria en la especialidad de Lengua Castellana y Literatura. En la primera prueba consiguió un 9,576, y con su hazaña pretende abrir el paso para más casos como el suyo.

Lucía Álvarez, en su vivienda.

Lucía Álvarez, en su vivienda. / David Alján

A las 11.45 del viernes, recibía una llamada de su preparador de oposiciones. Acababan de ser publicadas las calificaciones de la segunda prueba y había aprobado con un 6,46. Lucía tuvo una reacción tardía. La nota no se comparaba con el 9,576 que obtuvo en la primera, pero su significado era mucho mayor. Con 24 años, en su primer intento y siendo ciega de nacimiento, acaba de obtener una plaza como profesora de Lengua castellana y Literatura en Educación Secundaria.

Lucía Álvarez Martínez (Cabral, 2001) estudió el extinto grado de Ciencias da Linguaxe e Estudos Literarios por la especialidad de Filología Hispánica, a lo que siguió el máster de Profesorado (ambos en la UVigo) que le permitió presentarse a las oposiciones.

«Dende nena sempre quixen axudar aos demais, e vin na figura dunha docente esa oportunidade de axudar na formación e a que teñan un futuro»

Su vocación viene de años atrás, cuando la integración en centros ordinarios durante toda su formación le hizo descubrir su interés por la enseñanza. «Dende nena sempre quixen axudar aos demais, e vin na figura dunha docente esa oportunidade de axudar na formación e a que teñan un futuro», cuenta.

Fue también en esa época cuando desarrolló la disciplina que la caracteriza, y que la llevó a conseguir ese 9,576 en la prueba de tema y comentarios, un resultado que le llegó de sorpresa: «Sabía que tiña opcións de aprobar, pero non me esperaba para nada esta nota, porque son consciente de que unhas oposicións son moi complicadas. Hai que ir ao detalle, porque hai moita xente e non aprobar non implica non esforzarse».

¿La clave para estos resultados en su primer año opositando? Lucía lo tiene claro: «Se non tes unha rutina non eres tan produtiva dende o meu punto de vista». Eso sí, también remarca la importancia de los momentos de descanso ante la «autoesixencia excesiva» que le hacían ver en su academia, Nós Oposicións, especialmente en las semanas más próximas al examen. «A partir de xuño había que adicarlle todo o tempo. Sobre todo os días despois de aprobar a primeira parte e ter que preparar a segunda foron moi agobiantes, pero parar polo menos un día á semana é importante», reconoce.

Lucía Álvarez,  en el escritorio  donde preparó  las oposiciones.

Lucía Álvarez, en el escritorio donde preparó las oposiciones. / David Alján

Un examen adaptado

En medio de la entrevista, abre un estuche para enseñar la línea Braille que conecta a su portátil, y que le permitió examinarse con las mismas condiciones que el resto. «Con esta ferramenta podo escribir como se fora unha máquina Perkins, e deixáronmo levar porque tamén me deixa ler o que escribía ou os textos dos comentarios con máis facilidade», explica. A esta ayuda se le sumó el lector de pantalla con el que preparó el temario durante los meses anteriores, y que la ONCE le instaló en el ordenador de la prueba.

El trabajo de esta fundación, junto al gran trato del resto del personal, hizo que Lucía no tuviese que superar obstáculos extra en sus oposiciones y que pudiese centrar todas sus energías previas en calmar sus inquietudes: «Durante as probas estaba moi nerviosa, pero atopar un tribunal tan simpático e empático, que se notaba que non se esqueceron de cando estaban alí, e que non poñía ningún problema á hora de adaptación de tempo e medios foi unha sorte».

En los últimos años no han sido pocas las confesiones 'off the record' en las que opositores con discapacidad denunciaban el trato discriminatorio y la falta de adaptación a sus necesidades sufridos durante el examen, por lo que conocer la experiencia de Lucía es todo un indicativo de que las cosas siempre se pueden hacer bien si hay intención y soporte. «A xente do tribunal non ten por que saber como funciona unha liña braille, pero si facilitarnos o traballo e permitir que o persoal de apoio cubra as nosas necesidades», afirma.

Lucía sonríe en el jardín de su casa.

Lucía sonríe en el jardín de su casa. / DAVID ALJÁN

Todo su esfuerzo ha merecido la pena para conseguir una plaza de funcionaria en prácticas, que se convertirá en titular fija si supera con éxito su primer año de andadura, y que le permitirá compartir con alumnos de ESO y Bachillerato sus conocimientos sobre literatura y sintaxis.

Lucía es consciente de que a día de hoy educar a adolescentes supone un auténtico reto que en su caso puede incrementarse, pero lo afronta con ganas y decisión: «Son cursos duros e idades complicadas, nas que cada un ten as súas circunstancias e problemas, pero eu espero aprender doutros profes con máis experiencia. Quero facerlle ver ao alumnado que aínda que sexa cega podo facer as miñas funcións como calquera outra docente, e conseguir erradicar os seus prexuízos».

«Quero facerlle ver ao alumnado que aínda que sexa cega podo facer as miñas funcións como calquera outra docente, e conseguir erradicar os seus prexuízos»

Para lograrlo necesitará tener en su instituto de destino el mismo nivel de adaptación que tuvo en las oposiciones, algo que se teme no será así «de todo». Lejos de echarla para atrás, Lucía ve esto como una oportunidad para que el suyo no sea un caso aislado, y poder abrir el camino para las que vengan detrás: «Aínda hai portas que abrir e que tocar, pero que se non as tocamos nunca se van abrir. Hai traballo feito, pero tamén moito por facer».

La inclusión de los profesores con discapacidad en España, una tarea pendiente

Lucía se adentra en la enseñanza en un momento delicado en cuanto a la inclusión de los docentes con diversidad en España. El caso de Uxía García, la maestra gallega con ceguera que fue declarada «no apta para ejercer» pese a llevar ya cuatro meses en las aulas, saltó en enero a los medios dejando en entredicho la capacidad de adaptación del sistema educativo español.

Ella achaca este episodio a una falta de información: «Aí tivo que haber moito descoñecemento. Hai moitos profes con discapacidade visual, por que ela non pode ser unha máis?».

Y es que aunque es consciente de los impedimentos de su condición, también lo es de que se pueden hacer cambios para adaptarle el ritmo. «Hai disciplinas nas que non podemos dar clase porque, como cada persoa, temos os nosos límites, pero eu creo que fai falta tanto concienciar como autoconcienciarse, non quero ser crítica pero creo que é un pouco inxusto», reivindica.

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