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De barrio abandonado a ser un museo al aire libre

Los vecinos del barrio de Ribadavia, cansados de ver muros grises y casas abandonadas cada vez que salían por la puerta, se unieron para dar color a las calles. Están en proceso de pintar 28 ventanas con escenas de antaño, cuando había bares, tiendas y una red comunitaria que ahora ellos podrían recuperar

«El barrio de Ribadavia es como un cementerio de casas», dijo una vez un vecino mirando al frente. Las calles de la comunidad tuvieron diferentes aspectos. Pasaron de estar cuidadas a ser casi un barrizal, una escombrera en sus intersecciones. La remodelaciones recientes del asfaltado dotaron a la zona de un suelo estable, aunque gris. Sus calles lucen asépticas, descoloridas y dan fe de lo que en su día fue un lugar lleno de vida. No todas las casas están habitadas, muchas son antiguos negocios —como una tienda o un bar— que en el presente están tapiados. Otras son inmuebles que esperan venderse, pero que quedaron blindados con ladrillos. Un feísmo.

Un par de conversaciones casuales desencadenaron en todo un proyecto autogestionado: cansados de esperar el milagro, los residentes decidieron tomar las riendas y cambiar el aspecto de la zona. Van a pintar todas las puertas y ventanas en desuso para llenar de color las calles.

El abandono nunca tuvo tan buen aspecto. Apenas se conocían unos a otros, pero todos vieron con buenos ojos la idea y quisieron formar parte de la misma. El barrio de Ribadavia está a punto de convertirse en un «museo al aire libre», algo similar a lo que hay en la zona de Canido, en Ferrol, donde decenas de meninas (de Las meninas de Velázquez) aparecen en cada calle con diferentes estilos.

Ayer, casi un centenar de vecinos comenzaba las tareas de bocetado de hasta 28 ventanas. Previamente las habían pintado de blanco para crear un lienzo y distribuyeron entre ellos las zonas. «Lo hacemos sobre casas tapiadas que sabemos que de momento no se van a reformar y si se venden es a largo plazo», explicó una portavoz.

«Nuestra idea es recuperar la vida del barrio, utilizando ideas de la vida cotidiana. Por ejemplo, donde antes estaba el bar, ahora vamos a pintar a Castelao y a Rosalía de Castro tomando un café», añade. Estas figuras son las más famosas, pero también hay otros personajes reales. Una vecina, Cristina Valle, cuenta que una de las escenas que lucirá la zona es la de una «bruja» que habitaba entre ellos años atrás. «La gente hacía cola en la puerta de su casa para que les echase las cartas. Además hacía bendiciones con agua con color, yo creo que era enjuague bucal», dice con humor.

También habrá un retrato a modo homenaje del jugador de baloncesto Quino Salvo, quien habitó en su día el barrio. Lo hará el reconocido ilustrador Roberto Argüelles, también ligado a la zona.

Además de él, van a participar otros tres artistas en la confección de los muros. Carolina Martínez, una de ellas, bocetó algunas de las paredes para que niños y adultos pudiesen pintar. También estuvieron presentes Gustavo Suasnabar y Cristina Pino, escenógrafos para una escuela de teatro y capaces de crear todo tipo de ilusiones con sus manos. Ellos vieron la transformación del barrio en la última década y no dudaron en unirse cuando se enteraron de la iniciativa. «Nosotros imaginamos quién habría vivido en las casas deshabitadas y pintamos una familia de mujeres. Una madre anciana y su hija, vistas a través de las ventanas, divididas por una puerta también pintada», señala.

Para las creaciones, los vecinos cuentan con el apoyo del Concello. El alcalde, Abel Caballero, se pasó ayer por la zona junto a Carmela Silva. «Queremos arte, luz y color en las zonas. Intentaremos recuperar la belleza del barrio», indicó el regidor.

Más que un proyecto

Más allá de la puesta a punto de las calles, la idea sirvió como nexo de unión para una sociedad que se desconocía entre sí. Muchos vecinos llevaban décadas viviendo en la misma calle, puerta con puerta, y nunca antes se habían parado a hablar.

Algunas de las residentes más veteranas aseguran estar reviviendo la idiosincrasia de antaño, donde todo el mundo sabía quienes eran sus vecinos y se tendían redes de ayuda cuando era necesario.

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