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«Soy de una banda albanesa»: así es el chantaje a usuarios de páginas sexuales

Las extorsiones a clientes de este tipo de webs están al alza | Dos hombres se sentarán este mes en el banquillo en Vigo por exigir el envío de dinero por Bizum bajo amenazas

Las víctimas de los casos de Vigo realizaron transferencias bancarias y pagos por Bizum.

Las víctimas de los casos de Vigo realizaron transferencias bancarias y pagos por Bizum. / E. P.

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Marta Fontán

Marta Fontán

Vigo

«Pertenezco a una banda albanesa». Un vigués que escuchó estas palabras al otro lado del teléfono acabó, «atemorizado», haciendo una sucesión de transferencias vía Bizum que le hicieron perder 2.000 euros. Fue víctima de un tipo de estafa que está al alza y que ya ha dejado todo un reguero de denuncias en la ciudad olívica. Se trata de una singular modalidad de extorsión en la que el chantaje se dirige hacia usuarios de páginas web de contactos o servicios sexuales, que reciben llamadas o mensajes intimidatorios por parte de supuestos empleados que les reclaman dinero por haber «molestado» a las mujeres o por no haber acudido a las citas concertadas. En Vigo ya se celebraron varios juicios que acabaron en condena y en las próximas semanas hay fijadas dos vistas más en las que la Fiscalía pide penas de prisión e indemnizaciones a favor de los perjudicados.

El hombre que se presentó como miembro de un grupo criminal albanés, en realidad natural de Colombia, afronta dos años de cárcel y el pago de 2.000 euros en concepto de responsabilidad civil. El fiscal considera que bien él o bien un compinche telefonearon a la víctima, de la que conocían su nombre y apellidos porque ésta, a través de WhatsApp, había contratado los servicios de una mujer en una vivienda de O Calvario, si bien finalmente no fue a la cita.

En esa llamada el acusado reprochó a su interlocutor que no hubiese acudido al encuentro y le exigió que, por Bizum, le enviase 1.000 euros para entregar a dicha joven como compensación. «Es mejor que pagues por las buenas y que el asunto quede zanjado; por las malas lo pasarás mal», le advirtió. La víctima abonó esos 1.000 euros y otros 1.000 más que el acusado le pidió «para su jefe» en la misma comunicación telefónica.

Transferencias

El otro juicio centrado en este mismo «modus operandi» sentará en el banquillo a un hombre natural de Ciudad Real. El fiscal relata que envió mensajes de audio y de texto a través de WhatsApp amenazando a un usuario de una web de citas. «Tienes 5 minutos si no vas a ver que esto no es un puto juegoooo...», le avisó. «Ante el temor que dichos mensajes le provocaron», concreta la acusación pública, el denunciante hizo una primera transferencia de 500 euros al número de cuenta bancaria que se le indicaba en los mensajes así como posteriormente un Bizum por valor de 304 euros.

El delito de extorsión, recogido en al artículo 243 del Código Penal, es el que se aplica en estos casos. Castiga al que, «con ánimo de lucro», obligue a otro, con violencia o intimidación, «a realizar u omitir un acto o negocio jurídico en perjuicio de su patrimonio o del de un tercero». La pena oscila entre uno y cinco años de prisión.

La pesadilla de un vigués al que culpaban por error de apoderarse de cocaína: «Te vamos a dar unas hostias»

La agenda de señalamientos de este mayo en Vigo contempla otro juicio por extorsión, pero por cuestiones distintas. Dos hombres, uno de ellos natural de Marruecos, afrontan cárcel y multa por amenazar y retener a un vecino de Vigo al que culpaban de haberse apoderado de dos kilos de cocaína. Pero la víctima no era la persona a la que buscaban. «Este no es», acabó avisando uno de los delincuentes, huyendo y dejando en paz al hombre, que vivió una situación de gran «angustia».

Ocurrió la mañana del 24 de enero de 2024. La víctima fue abordada por dos hombres –uno de los hoy acusados y un varón que no pudo ser identificado– cuando salía de la casa de su novia. «Tira para abajo», le ordenaron mientras lo agarraban de un brazo, diciéndole uno de ellos de modo intimidatorio que lo iban a «meter» en un garaje y a «darle unas hostias». Le culpaban de haberse quedado con dos kilos de cocaína.El denunciante repitió una y otra vez que no sabía de lo que estaban hablando y que él no tenía relación alguna con dicha droga, pero los hombres lo condujeron hasta la terraza de un bar para esperar a un compinche. Allí le advirtieron que pagaría la deuda y que después lo meterían en el maletero de un coche y que «iba a desaparecer». La llegada del tercer delincuente puso fin a la pesadilla de la víctima. Se habían equivocado de hombre: «Este no es al que buscamos, vámonos».

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