Vigo, notable alto en accesibilidad pero todavía hay margen de mejora
Usuarios de Alento «validaron» las instalaciones de las últimas grandes obras

Marta G. Brea
Vigo aprueba con nota la materia de accesibilidad, aunque todavía tiene algunas tareas pendientes que resolver, sobre todo en los barrios más alejados del centro. Desde colectivos como Cogami o Alento tienen el terreno analizado y advierten que aunque vivimos en una ciudad concienciada, hay barreras arquitectónicas visibles.
Diego Piñeiro, de Cogami, indica que en los últimos años la ciudad fue modificada para facilitar la movilidad. «Vigo se distribuye en círculos alrededor del monte de O Castro y es complejo subir desde la cota López Mora a la cota Venezuela o Camelias. Con la red de ascensores es más posible desplazarse», reconoce. El Vigo Vertical, uno de los planes de humanización de la ciudad, juega a favor de personas con diversidad funcional o con algún tipo de trastorno cognitivo.

Miembros de Alento supervisan las barreras arquitectónicas de movilidad y cognitivas por la Vía Verde / Marta G. Brea
Pero, aunque enlazan calles y barrios y ayudan a sortear pronunciadas subidas y bajadas, existen otras características a tener en cuenta: «Crear aceras más anchas o bordillos bajos en los pasos de peatones facilita que no nos caigamos», dice Piñeiro. Son elementos urgentes, que facilitan la tarea, algo que no siempre ocurre con escaleras y rampas mecánicas. «No son del todo accesibles. Están pensadas para movimientos ascendentes, pero también hay personas que encuentran la bajada compleja», añade.
Para comprobar si proyectos como el Halo o la habilitación de una Vía Verde son o no lugares integradores, un grupo de personas con daño cerebral de Alento fiscalizan en grupo sus funcionalidades. Se están formando para ser futuros «validadores», un trabajo con lo que después podrán ser contratados por entidades o empresas para que den opiniones profesionales.

Miembros de Alento supervisan las barreras arquitectónicas de movilidad y cognitivas en el entorno del HALO / Marta G. Brea
Amparo Rodicio, neuropsicóloga de la entidad, cuenta que percataron de que había necesidades más allá de las que se aprecian a simple vista. Ahora están inmersos en este proyecto con el que sopesan las características cognitivas, sensoriales y físicas de espacios vigueses y emiten informes Como están en prácticas, no tienen validez legal, pero contarán con ella en el futuro.
Ayer un grupo de siete usuarios hizo una salida. Recorrieron el inicio de la Vía Verde. Tras pasar la rampa de madera, observaron el párking al aire libre y comprobaron cómo y dónde estaban ubicadas las plazas para discapacitados.

Miembros de Alento en una rampa mecánica del interior del Centro Comercial Vialia / Marta G. Brea
Tras el recorrido, entraron en Vialia (donde la mayoría nunca había estado) y se sorprendieron al ver que los baños tenía los carteles bien colocados, e incluso en braille. «Se puede entrar en silla de ruedas bien; y que los grifos y jabones salgan con sensores también facilita las cosas», dijo un asociado.
Después tocó el Halo. Subieron y bajaron en el ascensor. Comprobaron la altura de los botones. Todas las nuevas infraestructuras aprobaron con nota: «Suele pasar con la obra construida en los últimos años, que se crea pensando en la accesibilidad», indica Óscar Comis, un trabajador de la asociación.

Miembros de Alento entrando en el ascensor - mirador HALO / Marta G. Brea
Tareas
Con todo, también hay lugares hostiles, barreras arquitectónicas que no hacen democrático el uso de los espacios públicos.
Desde Cogami mencionan algunas calles estrechas de Coia o el carril bici del Náutico que, al no tener barreras, se convierte en un espacio inseguro, en el que se unen personas con problemas de movilidad y ciclistas.

Miembros de Alento ante el ascensor - mirador HALO / Marta G. Brea
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