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Los jabalís acechan el centro de Vigo: «Jamás se habían visto por aquí»

Una familia de seis de estos animales salvajes acuden de madrugada al jardín de una casa situada «a 5 minutos de plaza de España y al lado de un colegio»

A la izquierda, uno de los jabalís en el jardín. A la derecha, el perro de Josué Correa junto a la zona destrozada por los animales.

Josué Correa

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Los jabalís van paulatinamente cercando el centro de Vigo. El cambio climático, el abandono del rural y la expansión poblacional explica buena parte de esta problemática que desde hace años afecta a las áreas urbanas. En 2022, fueron observados varios ejemplares en la calle Coruña y en la avenida de Ramón Nieto, pero en los últimos días, han dado un paso más. «Ya están a solo 5 minutos de plaza de España y al lado de un colegio», relata a FARO Josué Correa, un vecino de San Roque desesperado tras haberse despertado de madrugada con la presencia de seis de estos animales salvajes en su casa.

«Llevo desde 2016 aquí y jamás había visto jabalís por la zona, y mi vecino lleva toda la vida y me comentó que tampoco», abunda el joven vigués. En múltiples ocasiones a lo largo de los días previos, una familia de suidos destrozó un sector de su jardín. «Son tres crías, dos medianos y otro que parece un caballo de lo grande que es», concreta.

«Son tres crías, dos medianos y otro que parece un caballo de lo grande que es»

Correa no tiene perimetrado su finca más allá de una simple cuerda porque nunca lo había necesitado. Por esta razón, los animales campan a sus anchas en busca de comida. Con todo, la preocupación capital del vecino radica en que sufran algún tipo de daño sus dos mascotas, un perro y un gato. Este último incluso se atrevió a amedrentarlos, con éxito.

Fue precisamente el can con sus ladridos quien alertó a Josué un día en plena madrugada tras percatarse de la presencia intrusa. Cree que los jabalís permanecen buena parte del día «cerca» de su casa, situada concretamente en la Rúa Carballo y colindante, para más inri, con el Colegio San José de Cluny. «Apestan, huelen aunque no los vea y además los escucho continuamente por la noche», abunda.

Hasta el momento, el joven ha rociado vinagre por los límites y justo en el lugar donde los jabalís escarbaron, un punto en el que se erigía un nogal que acabó derribado tras un temporal. La estrategia resultó efectiva en un principio, pero jornadas después, regresaron los suidos. Llamó a la Policía Local en varias ocasiones, pero nunca se presentaron al no existir daños mayores; tampoco tuvo suerte ni con el Seprona ni con el 112.

Uno de los jabalís, en plena finca.

Uno de los jabalís, en plena finca. / Josué Correa

«Se nota que van cogiendo confianza continuamente y me preocupa porque en primavera y verano comenzarán a salir varios frutos de la finca», continúa Josué, que se toma la situación con una sonrisa en la boca. «Imagina que estoy comiendo con mis amigos en el jardín y me sale un 'morlaco' de 200 kilos», remata resignado y sin saber qué otra vía tomar para solucionar este contratiempo.

Posibles transmisores de hepatitis E

Un estudio de la Universidad de Barcelona (UB) y el Hospital Universitario Vall d’Hebron sugirió que los jabalís «podrían ser una fuente de infecciones humanas de hepatitis E». Por ello, los investigadores destacaron la necesidad de evitar el contacto con estos animales. Al mismo tiempo, alertan a los tutores de mascotas para que presten especial atención cuando se encuentren en puntos como comederos, jardines y contenedores: «Estos espacios son frecuentados por perros y gatos, que pueden infectarse con excrementos de jabalí y pueden contribuir a expandir la infección a los ciudadanos».

Por su parte, la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), en otro informe, percibió «un aumento de la agresividad» de los suidos cuya dieta consta de comida humana hacia las personas que portan alimentos. En este análisis, los experton constataron igualmente que existen jabatos ya acostumbrados a la dieta de las personas y que deniegan desde pequeños el sustento natural, todo un desequilibrio.

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