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En las entrañas de Multicines Norte

Los cines más independientes de Vigo llevan cuatro décadas siendo refugio de «frikis», mayores, Erasmus o simplemente de espectadores interesados en ver buenas películas, alejadas de las imposiciones del mainstream. La magia se crea con cinco proyectores y una buena selección

María Arias, programadora del cine, con uno de los antiguos proyectores de los Norte

Pedro Fernández

Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Multicines Norte es el único espacio de la ciudad en el que se pueden ver películas independientes, de autor. Sus salas, abiertas desde hace más de cuatro décadas, son refugio de filmes sinceros, más liberados de las exigencias de una superproducción y con vocación de contar historias perturbadoras, emocionantes, a las que nada de lo humano les es ajeno.

La primera emisión que realizaron, en el 82, fue El matrimonio de Maria Braun de Fassbinder y El último metro de Truffaut. Mientras, las grandes salas ponían Rocky III.

El dueño de esta casa, Pablo Vázquez Caride, explica que él nunca quiso ofrecer cine convencional, sino de autor y en versión original. «Sé que atraemos a un público más minoritario, pero también más fiel», indica. Son personas mayores, nostálgicos, frikis (en el sentido más estimable) y Erasmus que buscan entretenimiento en su idioma.

Él continuó a los mandos de un negocio que inició su padre, Antonio Vázquez, expresidente del Celta entre 1973 y 1976. «Siempre le gustaron mucho las películas y, aunque en mi casa me inculcaron cultura cinematográfica, yo también era un apasionado», indica. Recuerda haberse ido a estudiar a Londres y alucinar con las salas que allí había, muy modernas, nada que ver con las españolas.

Emisión en la nube

En 2013 se produjo un cambio en las salas de vía Norte. Se pasó de las cintas a la emisión a través de la nube. Entonces, ¿qué hay ahora tras el proyector?, ¿cómo se pone una película? Con estas preguntas en mente acudimos a las instalaciones de Multicines para ver cómo trabajan.

La programadora, María Arias, explica que el proceso es en la actualidad menos aparatoso. Comienza con ella, que se encarga de elegir las películas. Lo hace siempre en base a lo que ya le suelen ofrecer a su público, aunque tampoco se resisten a emitir un filme muy popular. Por ejemplo, el dueño de la sala, Pablo Vázquez, recuerda que nunca en su vida vivieron un estreno como el de Titanic, para la que se hacía cola en la calle.

Una vez que están decididas y adjudicadas las proyecciones semanales, las reciben de forma online. «La descargamos en el servidor y entonces se puede proyectar, pero nunca la misma en dos salas. Cada una tiene su KDM (Key Delivery Message), que es como un carné de identidad», explica. Antes, introducen también las publicidades.

«La distribuidora nos indica todo, cuándo tenemos que apagar las luces, encenderlas, y hacer pausa en caso de que haya que hacerla, como ocurre ahora con The Brutalist», indica Arias.

En este momento tienen tres tipos de proyectores diferentes. Todos funcionan con mecanismos similares, excepto porque dos de ellos envían la imagen con láser en lugar de con luz y espejos. Se ubican en dos salas, con los techos bajos y las herramientas que antaño se utilizaban para pasar las cintas (y después rebobinarlas). Todavía hay viejos rollos en los estantes y tickets de hace décadas.

Vigo. Sala de proyección de Multicines Norte

Pablo Vázquez y María Arias, en la sala de proyecciones. / José Lores

La maquinaria hace un ruido blanco constante y entre las salas se pueden escuchar los diálogos de las películas. «Los que trabajamos aquí nos las acabamos sabiendo tras unas semanas en emisión», bromean.

La deriva del cine

Para Pablo Vázquez las películas en la actualidad son más flojas. «Por lo general son peores. Se hacen muchas y se exhiben no tantas, pero además las plataformas están comprando todos los derechos», indica.

Por su parte, María Arias cree que cada vez es mas difícil encontrar un filme que sorprenda: «La pandemia nos hizo mucho daño a todos los cines y me da la sensación de que, desde entonces, es muy difícil llegar a ese tipo de películas. Falta algo y lo digo porque lo ves en el público. Ya no interesan los estrenos como antes, ya no ves la misma satisfacción al salir de una sala», opina. 

Cuando Kaurismäki los eligió

Uno de los momentos cumbre en la memoria de Pablo Vázquez fue cuando el finlandés Aki Kaurismäki eligió las salas viguesas de entre todas las de España para estrenar una de sus películas.

El director, que el año pasado estrenó Fallen Leaves y se llevó por ello dos globos de oro, dirigió otros laureados filmes como Un hombre sin pasado, La chica de la fábrica de cerillas o El otro lado de la esperanza.

«Vino y le gustó el concepto de cine de barrio. Eligió este sitio porque sus películas encajan en este ambiente. Está afincado en Portugal y quiso venir aquí para su primera proyección», recuerda orgulloso. «Es un director que me gusta, me interesa la forma en la que hace sus películas. No sé si es porque le cogí cariño, pero me gusta lo que hace de trabajar siempre con los mismos actores», añade. 

El cine de culto siempre es su preferencia: «Los directores tienen más libre albedrío para contar su historia. Además, están curtidos, hechos a sí mismos», afirma Vázquez. 

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