Una huella dactilar en la botella de la gasolina delata al atracador de Beade
Con 29 detenciones a sus espaldas, David C.P., de 44 años, estaba en tercer grado con una pulsera telemática cuando asaltó el Caixabank de la parroquia donde vivía hasta su vuelta a prisión

Vista de la sucursal bancaria de Caixabank atracada en octubre en Beade. / Marta G. Brea

Una huella dactilar en la botella de plástico de dos litros donde llevaba la gasolina es una de las pruebas que delatan al delincuente de 44 años detenido a finales del pasado octubre por supuestamente asaltar la sucursal de Caixabank de Beade después de arrojar el combustible de forma intimidante hacia el lugar donde se encontraban un empleado y la directora de la entidad, los dos únicos trabajadores de esta oficina. David C.P., vecino de la misma parroquia viguesa en la que está ubicada la sucursal bancaria, se encontraba en tercer grado cuando se produjo el robo. Y según él mismo declaró, portaba por este motivo una pulsera telemática. Tras ser detenido, el juez decretó su ingreso en prisión provisional. Porque este atraco no es el único que se le atribuye. En solo 27 horas, según destaca la Policía Nacional en su atestado, protagonizó «un grado de actividad delictiva muy elevado»: tras el asalto en Caixabank ocurrido a media mañana del 29 de octubre y donde se hizo con un botín de 600 euros, al día siguiente intentó entrar en otro banco en la avenida de Martínez Garrido y horas después volvió a actuar en Beade, donde sustrajo 368 euros en la escuela de música.
El Juzgado de Instrucción número 8 de Vigo se ha hecho cargo del caso. El atestado de la Policía Nacional describe las pruebas recabadas contra el investigado, que ya era bien conocido por los agentes al contar con 29 detenciones anteriores en su historial delictivo. El asalto del Caixabank que se le atribuye ocurrió el 29 de octubre. Tras aparcar un Peugeot 206 gris a las puertas de la sucursal, entró en la oficina a las 11.46 horas vestido con una cazadora tres cuartos con capucha de color beige, una visera negra de la marca Adidas, unos guantes plásticos amarillos y naranjas y unas zapatillas Munich de color verde fosforito. Todo ocurrió en dos minutos: intimidó a los empleados vaciándoles la gasolina que llevaba en la botella plástica y tras hacerse con 600 euros, a las 11.48 horas salió de allí y se fugó en el mismo coche en el que había llegado.
Otros indicios: el abrigo, las zapatillas deportivas y los golpes del coche
Una huella dactilar hallada en la base de la botella es una de las pruebas más importantes en su contra. Pero en el atestado policial se citan más: en las imágenes del banco donde intentó entrar al día siguiente, en las que se le ve la cara, llevaba el mismo abrigo que captaron las cámaras del Caixabank de Beade. En el registro en su vivienda se encontraron también unas zapatillas deportivas de la talla 45 idénticas a las que se ven en el vídeo. Y el Peugeot 206 que utilizó el atracador y en el que David C.P. fue detenido la tarde del día siguiente son el mismo: en ambos casos el capó del motor es negro con los respiradores en el lado del copiloto, presentando idénticos golpes y hendiduras en zonas como la defensa delantera, una de las puertas o la aleta.
El investigado se declaró inocente ante el juez
David C.P. se acogió a su derecho a no declarar en comisaría, pero sí habló ante el juez que después lo envió a prisión. Negó los delitos que se le imputan: sobre el asalto en el Caixabank, dijo que es cliente, pero que esa mañana no fue a dicho lugar ni cometió por tanto el atraco. Sobre la tentativa de Martínez Garrido, reconoció que era él, pero que no acudió allí con intención de robar, sino que solo fue al cajero. Y sobre su situación, tras concretar que residía en Beade con sus padres y hermana, declaró que es consumidor de droga y que en la actualidad se encontraba en tercer grado con pulsera telemática tras haber estado encarcelado desde 2017 hasta enero de este mismo año.
Los empleados bancarios pensaron durante los primeros segundos que era «una broma»
La directora y el empleado con funciones de administrativo de la sucursal de Beade asaltada ya declararon tanto en sede policial como ante el magistrado que lleva el procedimiento. Los trabajadores contaron que la sucursal cuenta con una puerta de acceso al patio de oficinas que está siempre cerrada y se abre a demanda de los clientes y que ese 29 de octubre el hoy encarcelado accedió a media mañana: lo hizo concretamente a las 11.46 horas. Junto a describir su complexión física y la vestimenta que llevaba, relataron que el hombre «no vocalizaba bien» y parecía «forzar» mucho su habla. En una de sus manos portaba una botella plástica de refresco. Tras entrar a la sucursal, el que creían que era un cliente les dijo que aquello era un atraco y, según consta en el atestado policial, los empleados, debido al tono de su voz, creyeron inicialmente que se «trataba de una broma».
Pronto vieron que no era así. El ladrón les vertió «el líquido azul que llevaba en la botella y que olía a gasolina», repitiéndoles de nuevo de viva voz que estaban ante un atraco y que «quería dinero». Ante esta situación, la directora le dijo que solo podían darle lo que ofreciese el dispensador, obteniendo del mismo 600 euros que entregaron al atracador. Este no parecía estar conforme y les trasladó que era poca cantidad y que quería más, si bien cuando le contestaron que si le daban más dinero saltarían las «alarmas», tras un momento de duda el asaltante se dio la vuelta y se fue de allí, tirando la botella plástica en la zona del patio de operaciones. Por su «modus operandi», los empleados bancarios manifestaron también a los agentes su convicción de que el atracador «no parecía tener experiencia» en este tipo de robos.
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