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Atrincherados en Samil para hacer del arenal su propia playa privada

Los usuarios de la playa viguesa abusan cada vez más de cortavientos y otros parapetos para parcelar de manera indiscriminada la zona

Varias personas disfrutan de Samil con sus "cortavientos"

Varias personas disfrutan de Samil con sus "cortavientos" / Alba Villar

Vigo

El debate sobre el modelo turístico se ha recrudecido este verano en Galicia. Las llegada masiva de visitantes ha generado polémica por toda la comunidad, desde el bar de Oleiros que cerró para descansar "de los 'fodechinchos'" hasta las protestas de los vecinos de O Morrazo, que cortaron el tráfico para reclamar medidas que eviten la saturación en las zonas de playa.

Los expertos urgen medidas que ayuden a la convivencia entre los que llegan y los que viven aquí durante todo el año, y así evitar una ola de turismofobia. Pero esto tiene también mucho que ver con la educación y la empatía, que a veces brilla por su ausencia.

Otra ejemplo de falta de civismos se encuentra en el uso desmesurado de cortavientos y otro tipo de parapetos de importantes dimensiones con los que los usuarios de las playas se dedican a parcelar los arenales, buscando así crear su propia playa privada. Precisamente, en los últimos días se ha viralizado un vídeo grabado en Samil, donde un grupo amplio de personas acota una importante parte de la playa -se llegan a contar hasta unas siete sombrillas en su interior- colocando varias telas opacas. La polémica está servida, ya que tanto a través de las propias redes sociales como a pie de playa queda constancia del malestar que esta práctica produce en el resto de los bañistas: "La playa es de todos".

Y no se trata solo de una percepción subjetiva o de sentido común, y es que el uso del cortavientos debe limitarse al que su propio nombre indica: amparar de la corriente de aire en playas muy abiertas, donde el viento puede ser molesto al levantar la arena. Pero, en este caso concreto y en otros muchos que se pueden ver cada día en los arenales vigueses, la función ha cambiado ya que directamente delimita una parcela de arenal al resto de usuarios.

¿Qué dice concretamente la normativa viguesa? El Concello publicó en 2021 una Ordenanza que regula el uso y disfrute de los arenales en la localidad. El texto no menciona explícitamente la prohibición del uso de cortavientos para "reservar" parte de la playa, pero si incluye diversos puntos que hacen referencia a las nuevas prácticas que se están extendiendo y creando controversia en el litoral.

Prohibido acampar

En primer lugar la normativa deja claro que queda prohibido "el uso privativo del dominio público marítimo-terrestre", es decir, que la playa "será libre, pública y gratuita, para los usos comunes y acordes a la naturaleza de aquel, tales como estar, pasear o bañarse", explica en el capítulo II.

En el punto VII el texto aborda las "acampadas y campamentos" en los arenales. En este apartado podemos ver que queda prohibido "dejar instalado cualquier objeto, siempre que no se encuentren presentes los propietarios, con la finalidad de reservar un lugar en la playa". Asimismo la Policía Local de Vigo podrá "retirar los elementos instalados irregularmente y depositarlos en dependencias municipales", además, los infractores podrían enfrentarse a una sanción.

Multas

La normativa advierte de que todo aquel que incumpla con las directrices marcadas por el Concello de Vigo puede enfrentarse a multas que pueden llegar hasta los 3.000 euros dependiendo de la gravedad de los hechos.

En este caso, se consideraría una infracción de carácter grave "acampar, instalar tiendas de campaña, estructuras de lona o similares", con sanciones que pueden ir de los 751 a los 1.500.00 euros.

Un debate de norte a sur

Lo que ahora empieza a aflorar como un problema de convivencia en las playas gallegas lleva años dando quebraderos de cabeza en otros comunidades, especialmente en el Mediterráneo. La batalla de la sombrilla tiene solera en Andalucía, tanto que en municipios de Málaga como Torrox o Vélez las multas llegan a 300 euros y, además, por recuperar la sombrilla los usuarios deben abonar hasta 50 euros.

Otro tanto ocurre en la Comunidad Valencia. En Benidorm ante las aglomeraciones esta año se han establecido pasillos de seguridad para favorecer los accesos en caso de emergencias. Incluso en lugares menos concurridos empiezan a poner la tirita antes de que la herida se haga mayor. Es el cado de El Campello, un municipio alicantino de unos 30.000 habitantes, que estudia cómo lograr que los bañistas respeten una franja de seis metros con respecto a la orilla del mar. “Realmente en nuestras playas no registran muchos problemas al respecto, y somos ajenos a fenómenos que solemos leer y ver en prensa y televisión referidos a bañistas que acuden a las playas muy temprano para plantar su sombrilla y garantizarse disfrutar de la primera línea horas más tarde”, explicaban desde el departamento municipal de Playas a Información -diario de Prensa Ibérica-, “pero sí se han producido casos de gente que quiere instalarse delante de las áreas destinadas a los adjudicatarios de los servicios de alquiler de hamacas y sombrillas, que cumplen escrupulosamente con la distancia que indica la ley”.

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