Procesión del Cristo de la Victoria
Los fieles abarrotan las calles para renovar su fe en el Cristo de la Victoria
Decenas de miles de devotos con velas en las manos acompañaron al santísimo en la procesión, incluso descalzos
La Porta do Sol se llenó para recibir a la comitiva
La celebración se prolongó 3 horas

Marta G. Brea
La fe invadió las calles del centro por la procesión del Cristo de la Victoria, el gran símbolo religioso de la ciudad. Decenas de miles de personas desafiaron el sol para renovar su fe y formar parte de la comitiva –algunas, descalzas– que acompañó a la imagen desde la concatedral-basílica de Santa María –la Colegiata– desde las 19.30 horas. Los que quisieron copar las primeras filas llegaron al templo horas antes de comenzar el recorrido, que, como en 2022 y 2023, continuó por la calle Real, O Berbés, Cánovas del Castillo, Montero Ríos, Concepción Arenal, Colón, Príncipe y la peatonalizada Porta do Sol antes de regresar al hogar del santísimo en la Praza da Igrexa.
Ramiro José Gómez García, comisario de la Policía Nacional de Vigo-Redondela, se encargó de portar el estandarte del Cristo en reconocimiento a los 200 años de servicio del cuerpo. Junto a las personalidades religiosas y militares que iban detrás del santísimo, caminaron las autoridades civiles, entre los que se encontraban miembros de PSOE y PP de la corporación local –el alcalde, Abel Caballero, no pudo estar por una dolencia de garganta–; la delegada de la Xunta, Ana Ortiz; y el presidente de la Diputación de Pontevedra, Luis López. El resto de la comitiva la compusieron devotos que quisieron demostrar el tamaño de su fe ante su gran protector en una de las festividades que más ciudadanos moviliza en todo el año en la ciudad.
Los momentos emotivos se sucedieron a lo largo de toda la procesión, que fue presidida por el nuevo obispo de Tui-Vigo, Antonio Valín Valdés, al que le acompañaron el obispo emérito, Luis Quinteiro Fiuza, y el arzobispo emérito de Santiago, Julián Barrio. La salida de la talla del Cristo en carroza desde la concatedral-basílica provocó un fuerte aplauso del numeroso público, que disfrutó de una representación de miembros de la Brilat con sus armas.
En la calle Real, más momentos emotivos: se repitió la clásica escena de vecinos en el balcón lanzando flores –también en O Berbés y Príncipe–. Ya al pasar O Berbés, adonde el Cristo llegó sobre las 19.55 horas, se vivió uno de los episodios más sentimentales y esperados por la comitiva. Los barcos atracados en el puerto hicieron sonar sus sirenas para mostrarle al Cristo su fervor. Y es que el santísimo guarda una fuerte relación con el mar. También se le conoce como Cristo de la Sal porque, según la leyenda, una embarcación que transportaba sal recogió en altamar una talla de Jesús crucificado y su tripulación, tras una fuerte tormenta, decidió dejarla en el lugar más próximo, Vigo, donde es venerado desde hace siglos. La trasladaron a la Colegiata y escucharon una misa. A modo de reconocimiento por el gesto, los cofrades giraron la carroza hacia el mar al pasar la nave de Portocultura.
Tras pasar por Cánovas del Castillo, Montero Ríos, Concepción Arenal y Colón, la comitiva, aplaudida por vecinos desde los balcones –algunos, con banderas de España–, alcanzó la Farola de Urzáiz y puso rumbo a Príncipe cuando faltaban 20 minutos para las 22.00 horas para vivir uno de los capítulos más vehementes del itinerario, ya cayendo la noche: las velas de los fieles guiaron al santísimo, con su carroza iluminada, hasta la penúltima parada, Porta do Sol, donde se celebró el acto central.

Abel Caballero con alfombristas / FDV
Alfombra floral de unos 80 m2
En Porta do Sol, la carroza del Cristo pasó sobre una alfombra floral de 80 m2 confeccionada por 28 miembros de la Asociación de Alfombristas do Corpus Christi de Ponteareas durante cuatro horas. Reprodujo la imagen de Cristo crucificado con las Cíes al fondo en una puesta de sol en homenaje al Cristo de la Sal, como también se conoce al Cristo de la Victoria.
El obispo pidió al protector de Vigo que mantenga la esperanza de los vecinos y les permita seguir soñando, ya que es capaz de “hace realidad lo imposible”, un mensaje que trasladó también en la misa solemne de la mañana. “Mirándote, encontramos la salvación, el alivio de nuestros pesares y el compromiso transformador porque sabemos que somos amados. Tú eres nuestra esperanza, ahora y siempre”, pregonó tras comunicar que “la experiencia de la cruz siempre es dura, difícil de asumir, incluso de ver, pero también es cierto que, en el silencio de nuestra vida y oración, nos sentimos fascinados e interpelados porque en ella vemos la cercanía de Dios, su ternura, su solidaridad con el ser humano, su palabra elocuente y silenciosa de amor”.

Marta G. Brea
Al finalizar la procesión, las corales de Acopovi cantaron al Cristo en una Porta do Sol abarrotada, cogiendo el testigo de los grupos de baile de la Agrupación de los Centros Culturales y Deportivos de Vigo, que amenizaron la procesión junto con la banda de música Unión Musical de Coruxo. La última de las canciones fue el himno al Cristo de la Victoria. Finalizado, la comitiva arropó al santísimo de vuelta hacia la Colegiata pasadas las 22.30 horas. Voluntarios de la asociación Vodea contribuyeron al correcto desarrollo de la procesión y del resto de la jornada.

El obispo durante su alocución / Marta G. Brea
El obispo pide por mantener la esperanza prendida en su primera gran cita en la urbe
“En este día, Santísimo Cristo de la Victoria, te pedimos que no perdamos nunca la esperanza. Que nunca falte una mano amiga que nos ayude en las dificultades, un hombro cercano en el que llorar y descansar en los problemas, una caricia en el rostro del mayor que se apaga”. Fue una de las demandas que pregonó el nuevo obispo de Tui-Vigo, Antonio Valín Valdés, en su alocución por la procesión del Cristo, la primera en la que participa tras tomar posesión en la catedral de Tui el 20 de julio.
Aprovechó la ocasión para pedir al Santísimo que mantenga “la sonrisa en los niños que se abren a la vida, la ilusión en la mirada limpia de los jóvenes, la cercanía y confianza de los amigos, el entusiasmo de tantas parejas que llevan adelante un proyecto de vida en común y la entrega y el servicio de cuantos hacen algo por los demás de manera generosa”.
“Que esta esperanza nos anime a comprometernos con el respeto y cuidado de la Creación, nuestra Casa común; con los más desfavorecidos y vulnerables; con aquellos que pasan por momentos difíciles. Que siempre pongamos a la persona como centro de nuestro ser y quehacer, que busquemos todos el bien común y que nunca nos cansemos de luchar por una mayor fraternidad y una paz duradera”, proclamó el obispo tras recordar a la comunidad de fieles que la esperanza está en el santísimo.
“¿Podemos mantener la esperanza en una sociedad tan polarizada, tensa, crispada? ¿Hay razones para creer y mantenernos en la esperanza? ¿No será una ingenuidad seguir afirmando esto? Nosotros decimos esta tarde, una vez más, que sí hay esperanza. ¡Sí, hay esperanza! El Dios que se manifiesta en Jesús es misericordia, es más grande que nuestras dificultades y faltas: Él lo perdona todo, perdona siempre; acoge a todos, acoge siempre”, destacó Valín Valdés.
Al igual que hizo en su toma de posesión, el obispo invitó a los fieles a “soñar”. “Queremos seguir creyendo que, contigo, lo imposible se hace realidad. Bendícenos, Señor, con la esperanza. Bendice a nuestra ciudad, a cada persona e institución, y haz que seamos el rostro amable de tu amor con cada hermano”, manifestó.
“Es el referente espiritual de la ciudad”
“Siempre hay algo que pedir y algo que agradecer”. La devoción al Cristo de la Victoria volvió a congregar ayer a miles de devotos llegados de todos los puntos de Vigo y también de otras localidades gallegas. Desde primera hora de la tarde, en las calles aledañas a la Concatedral y Porta do Sol los fieles que ya habían realizado el recorrido para evitar las aglomeraciones y los que iban llegando para participar en la procesión se cruzaban con los sorprendidos cruceristas del Anthen of the Seas y con otros turistas de visita en la ciudad.
Una leve brisa hacía más llevadera la temperatura, pero el fervor por el Cristo se impone “a todas las inclemencias”. Acalorados pero felices, Juan y Esther completaban el recorrido junto a su nieta Valeria, de 11 años. “Por motivos de salud no puedo hacer la procesión y así puedo ir a mi ritmo. Y ahora esperaremos para ver salir al Cristo. Es muy especial para los vigueses y le pedimos, sobre todo salud y poder volver el año que viene”, comentaban.
También Elena González realizó el trayecto por su cuenta junto con su marido José Manuel y su perra Chispa, que siempre la acompaña: “Hace años hicieron el recorrido por mí porque tenía una rodilla mal y desde entonces lo hago siempre por esa persona y por mí. Y ahora me voy a trabajar, porque hay tiempo para todo, Este año me ha parecido que había menos gente”.
Entre los primeros devotos que llegaban a la Concatedral se encontraba Antonio Pérez, que solo recuerda haber faltado un año, aunque sí pudo realizar el recorrido en la jornada previa. “Me ofreció mi abuela de niño y desde entonces no falto nunca. Tenía 3 años y voy a cumplir 56”, destacaba.
Rosa y su hija Beatriz son viguesas pero residen en Santiago y este año no querían faltar a su cita con el Cristo. “Venimos a agradecer, estuve cuatro meses en la UCI pero salí adelante. El médico me dijo que San Pedro no me abrió la puerta”, bromeaba la madre. “Es el que conocemos, el más cercano a nosotros, al que pedirle antes de que pase algo y al que ofrecernos cuando pasa”, comentaba la hija sobre el enorme cariño que genera el Santísimo.
“Es un gran sentimiento, un acto de fe, siempre acudimos a él porque reconforta. No es por restar a otros, pero para nosotros el Cristo es algo distinto”, corroboraban María y Fátima, dos amigas de infancia que procesionan desde niñas. Y Fátima lo hace descalza cuando se ve capaz de resistir el abrasador pavimento. “Llevamos velas por nuestros hijos. Uno de los míos es ateo pero me da igual, yo sigo insistiendo”, reconocía entre risas.
María José también tenía clara su asistencia este año a la procesión. “Quería venir porque me operaron de cáncer y todo salió bien, siempre me ayudó. Tenía ganas de estar aquí”, comentaba junto a su hija Antía.
“El Cristo es el referente espiritual de la ciudad. Tienes que ser vigués y creyente para entenderlo y es algo que se va transmitiendo de padres a hijos. Nosotras veníamos de niñas con nuestra madre y después empezamos a venir con nuestros hijos, desde que estaban en la silla”, comentaban las hermanas Patricia y Eva, que ayer estaban acompañadas por el marido de la primera, Daniel, y el hijo de ambos, Antón, de 21 años. “Siempre vienes con tus peticiones y tus promesas, principalmente, relacionadas con la salud”, añadían.
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