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La investigación se intensifica al apuntar a un homicidio la muerte de Manuela Barbosa

La Guardia Civil busca pistas en el entorno de la sexagenaria y recoge nuevos testimonios de vecinos de Arcade | El cráneo tiene golpes compatibles con un objeto contundente

Finca donde aparecieron los restos de la vecina de Redondela, en Arcade (Soutomaior).

Finca donde aparecieron los restos de la vecina de Redondela, en Arcade (Soutomaior). / ADRIÁN IRAGO

La Guardia Civil ya trabaja sobre la hipótesis del homicidio en el caso de Manuela Barbosa Sousa. Tres años después de la misteriosa desaparición de esta vecina de Redondela de 66 años y transcurrido ya más de un mes desde que sus restos óseos fuesen hallados en una finca de Arcade a escasos 300 metros de la casa en la que reside una de sus hijas, a donde la mujer se dirigía cuando se le perdió la pista, los agentes de la Comandancia de Pontevedra que llevan el peso del caso han intensificado las pesquisas.

Aunque el prestigioso antropólogo forense del Imelga Fernando Serrulla todavía no ha entregado el informe sobre las causas del fallecimiento, que aún está en proceso de elaboración, este experto ya trasladó verbalmente a los investigadores, tras un primer estudio preliminar, que todo parece apuntar a una muerte violenta y que los golpes localizados en el cráneo de la víctima serían compatibles con un objeto contundente. La sospecha, además, es que el cuerpo de la mujer estuvo desde su fallecimiento en la parcela llena de maleza del barrio de O Conde donde un operario contratado para la limpieza de la finca encontró los restos del esqueleto el pasado 18 de junio mientras hacía labores de desbroce.

Como es habitual en estos casos, además de tratar de reconstruir al detalle los últimos pasos de Manuela Barbosa aquella jornada del 13 de julio de 2021 en la que se la vio por última vez con vida, la Guardia Civil busca pistas en el entorno de la víctima y recaba testimonios entre familiares y vecinos de la zona en la que se encontraron los restos óseos. Junto a la preceptiva inspección técnico policial efectuada tras el luctuoso hallazgo, los agentes se trasladaron en varias ocasiones al lugar, la última vez hace apenas unos días, entrevistándose con residentes y preguntándoles sobre lo que recuerdan de la fecha en la que desapareció la sexagenaria con la esperanza de recabar algún dato o información que les permita tirar del hilo. Acostumbrados en los últimos años a lidiar con asuntos especialmente complejos, como fueron por ejemplo el crimen del pozo de Porriño, el de Salceda de Caselas o el homicidio de Judith, todos ellos ya resueltos, en este caso, junto al trabajo que están realizando sobre el terreno, también han recabado evidencias que han sido enviadas a analizar a sus laboratorios de Madrid y es previsible que también traten de buscar pistas a través de las antenas de telefonía. El juzgado de Redondela que lleva la causa ha decretado el secreto de sumario.

La hipótesis del homicidio se barajó desde un principio y ha ganado fuerza tras las primeras impresiones trasladadas por Fernando Serrulla, si bien oficialmente aún no se da por descartado nada hasta que reciban el informe definitivo en el que trabaja el responsable de la unidad de antropología forense de Galicia, ubicada en Verín (Ourense). Junto a los restos óseos de Manuela Barbosa, que estaban junto a un pequeño muro de piedra que hay en la parcela, había efectos personales suyos como una cartera con fotos de ella y joyas (medallas, anillos y pulseras). Eso permitió su pronta identificación ya que, de hecho, confirmaron fuentes de la Guardia Civil, aún no recibieron el informe de ADN que debe acreditar oficialmente que la fallecida es esta vecina de Redondela.

¿Qué ocurrió aquel 13 de julio? Esta es la pregunta a la que deberán dar respuesta los investigadores. Lo que se sabe de aquel día es que Manuela Barbosa salió de su casa de Redondela para ir a visitar a una de sus hijas. Cogió un taxi en la localidad donde residía y pidió al conductor que la dejase a la altura de un restaurante existente en Arcade para hacer el resto del trayecto paseando. Las cámaras de una sucursal bancaria captaron su última imagen caminando. El rastreo de su teléfono móvil autorizado judicialmente en aquellos primeros momentos confirmó que su pista se perdía ahí, en Arcade, lugar que solía visitar frecuentemente por motivos familiares. Pese a esta evidencia, las intensas búsquedas y batidas en las que participaron cuerpos y fuerzas de seguridad, familiares y vecinos no dieron resultado y no fue hasta este verano cuando, en un exhaustivo desbroce de la citada finca del barrio de O Conde, se hallaron casualmente los restos óseos.

Los golpes del cráneo pusieron en alerta a la Guardia Civil desde el principio, abriendo todas las hipótesis. Una de las posibilidades barajadas es que, en ese paseo, Manuela se desorientase, entrase en la finca y falleciese por causas naturales o fruto de una caída accidental, con lo que esos impactos los habría recibido tiempo después de su muerte a consecuencia del choque de algunas de las máquinas usadas para desbrozar el terreno en los últimos tres años. Pero ha surgido con fuerza la hipótesis del homicidio, la de que esos fuertes golpes habrían sido la causa del fallecimiento. La compleja investigación que tiene por delante la Guardia Civil, que ha relevado a la Policía Nacional en el caso, tiene como objetivo aclarar lo que sucedió aquella fatídica tarde de verano.

Extrañeza y respeto por la familia de la víctima en el barrio de O Conde

Los vecinos de la finca donde apareció, consternados por el misterio

En el barrio de O Conde, en Arcade, todos conocen el caso de Manuela Barbosa. Desde su desaparición hace tres años, los vecinos compartieron primero las labores de búsqueda y luego la consternación por el hallazgo del cuerpo en una finca de esta zona próxima a Pontesampaio. Saben que una de las hijas de la víctima es residente allí, y que el día que se le perdió el rastro iba a visitarla. Todos sospechaban que los huesos aparecidos en junio en la finca eran de Manuela. Pero el vecindario es reacio a lanzar hipótesis que pudieran hacer más difícil el trago a la familia.

Comparten una sensación de misterio y extrañeza. Fernando, un hombre de Soutomaior que ayer por la tarde bajó a comprar a O Conde, ya estaba informado del informe previo del forense. “¿Cómo se puede explicar que tuviera tres golpes en la cabeza? No creo que cayéndose pudiera pasarle eso”, aventuraba en tono preocupado. “A mí lo que más me choca es que, según decían, todos los años hacían el desbroce de la finca [donde los restos de Manuela aparecieron] y es justo este año que la encontraron. Es raro. Aquí hay tomate”, concluía.

En una de las viviendas más cercanas a la finca en cuestión vive Jesús. Cuenta que él mismo “apañaba a herba dalí logo de que a desbrozaran”, cuando la salud se lo permitía. Tenía un acuerdo con los propietarios, “una familia de Pontesampaio”, indica, que cada año encargaba la limpieza del terreno a “un ou dous operarios”. La despejaban de maleza pero hace tiempo que no se cultivaba. “Este ano, o pobre home, atopou á señora”, lamenta sobre el autor del macabro hallazgo. Jesús también cree que “o corpo non podía estar aí antes” porque lo hubieran descubierto en limpiezas anteriores.

Otra vecina del barrio, que quiso permanecer anónima, se manifestó en el mismo sentido porque su casa está muy cerca de la finca y “no olía nada” en el periodo en que a Manuela se le dio por desaparecida.

No es fácil el acceso al lugar donde los restos y efectos personales de la víctima salieron a la luz. Es un campo de pequeñas dimensiones, delimitado por vallas y muretes de piedra, rodeado de fincas similares a distinto nivel. Desde allí se contempla la desembocadura del río Verdugo, la localidad de Pontesampaio y el fondo de la ría de Vigo.

Una pareja que transitaba por la carretera más cercana, la N-550 o Avenida Castelao, aseguró que desde que se supo del hallazgo “viene gente a ver la zona por morbo”. La mujer confesó sentir “escalofríos” al conocer que el forense contempla una muerte homicida de Manuela Barbosa.

Estos días también visitan el barrio de Arcade agentes de la Policía y Guardia Civil: continúan recabando testimonios sobre un caso sin resolver.

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