Roberto Gallego, a solas en el mar
El marinero baionés es patrón de un barco de bajura
A finales de año, su hermano, con quien trabaja, se jubila, y la falta de relevo generacional le complica encontrar sustituto

P.P.
El agua de la ría de Vigo está más oscura de lo habitual. Una proliferación de microalgas rojizas enturbia, y en lenguaje marinero, purga, el mar. Son las cinco y media de la mañana, y reina la calma. En el puerto pesquero de Baiona, Roberto Gallego, patrón del Novo Elías, una embarcación de bajura, se prepara para soltar amarras. Irá en busca de pulpo: “No creo que saquemos mucho, el mar es caprichoso, y estos días no está habiendo suerte”, explica.
En el puerto, Gallego señala otra embarcación de mayor envergadura, de artes menores, el Meromar. Está varada desde hace aproximadamente un año. “Se jubiló el dueño y es complicado de vender. Las cofradías tienen listas enormes de barcos a la venta, como este. Pero nadie está por la labor”, explica. Roberto no sale solo al mar, junto a él, su hermano mayor, Manuel Gallego, quién se jubilará a finales de año: “El día que se jubile, no voy a tener a nadie a quien contratar, nadie quiere hacer este trabajo”, asegura Roberto.
Y no es que no haya gente en la industria, sino que muy poca tiene los conocimientos necesarios. Hay una brecha generacional en el relevo de los conocimientos, los jóvenes, al contrario que Roberto y Manuel, ya no heredan la sabiduría marina. Ninguno de los hijos de los dos hermanos pertenece al mundo de sus padres. “Es un oficio muy duro. En invierno se pasa mal”, confiesa Roberto.

Manuel Gallego, trabajando abordo del “Novo Elías” / P.P.
Cada día que van a por pulpo se gastan al menos 100 euros en carnaza, si no trabajan bien, o no tienen suerte con las capturas, fácilmente pueden entrar en pérdidas.
Saliendo del puerto de Baiona, un par de arroaces acompañan al Novo Elías. Asoman sus aletas dorsales por encima de la superficie, inspeccionando al madrugador barco. La cofradía de Baiona avisó a los pescadores que una pareja de estos delfines mulares lleva un tiempo merodeando por el puerto, y que era preciso intentar no molestarles. Los dos hermanos navegan en la oscuridad de la noche, todavía no apareció la aurora por el este, y la ciudad duerme. Trabajan cinco días a la semana y su piel está curtida del contacto con el agua salada y el sol.
En verano trabajan el pulpo más cerca de la costa, en invierno la marejada es más fuerte, por lo que lo capturan mejor en mar abierto. En esta jornada irán hasta Cabo Silleiro, donde el día anterior han dejado sus nasas, esperando encontrar el preciado cefalópodo. El vaivén de las olas no les molesta, salvó cuando el mar está muy agitado. Roberto recuerda su primera jornada de pesca: “Aquel día la mar estaba en calma total, pero la cabeza no me paraba de dar vueltas. Tenía 16 años y quería ayudar a mi padre en el barco, pero hasta que no me acostumbré, pasado un tiempo, me fue imposible”.

Roberto Gallego, patrón baionés, recogiendo nasas / P..P.
El Novo Elías, llamado así en honor al hijo de Roberto, puede capturar por día 105 kilos de pulpo. “Debería ser un límite semanal”, exige el patrón baionés. “En los días buenos podríamos volver a puerto con 120 kilos, por ejemplo, y así compensaríamos si al día siguiente, solo obtenemos 35. Si el límite fuera semanal podríamos aprovechar mejor la cuota, y también no tendríamos que venir todos los días al mar”, justifica.
“La jornada de hoy es tranquila del todo”, recalca el patrón, pero ir a faenar no está exento de riesgo, hay días que “da miedo, ver como las olas empujan el barco contra las rocas mientras se tensa la cuerda de las nasas...”, relata Roberto. Han tenido más de un susto. El peor fue en 2015, donde perdieron su antiguo barco, el “Novo Vanesa”. Asediado por las olas de la rompiente, zozobró, echando por la borda a los hermanos Gallego. Era una mañana de mayo y los dispositivos de emergencias lograron sacar del agua con vida tanto a Roberto como a Manuel.

Marineros retirados de Baiona haciendo pesca deportiva en la ría de Vigo / P..P.
En esta jornada de pesca, los hermanos Gallego obtuvieron sobre 40 kilos de pulpo. “No ha sido una buena jornada, pero es normal en un día como hoy, cuando el mar está purgándose, es lo que hay”, se conforma Roberto. Depende de la marea, suelen salir a las 05.00 de la madrugada, y regresar a mediodía. Al día siguiente, tanto Roberto y Manuel como el resto de los pescadores del puerto baionés y de Galicia tendrán que volver a levantarse antes del alba para echar las nasas o palangres y confiar en tener una buena jornada. Confiar en no naufragar cuando las condiciones sean hostiles y el océano muestre su cara menos amable.
La mar es una fuente de riqueza que hasta hace poco se consideraba inagotable. Los pescadores, que están en contacto diario con ella, ven sus cambios: en la temperatura, en la acidificación del agua, en los ciclos de regeneración de las especies, en los efectos de la sobrepesca o en el famoso mar de ardora, causado por bacterias bioluminiscentes en el mes de julio. “Ya no es lo que era. Antes aquello iluminaba de forma impresionante, ahora es una fracción de lo que era hace unos años”, se lamenta Roberto.
La importancia de la pesca de bajura en Galicia es fundamental, la pesca sostenible contribuye a la protección de la fauna marina y a la conservación de los océanos. Los métodos tradicionales respetan el medio ambiente e incentivarlos supone una de las mejores maneras de mantener la economía y de cuidar el planeta. “Esta es una pesca selectiva, sabemos lo que podemos llevar y lo que no. Cuidamos las especies. La mayoría de ejemplares los devolvemos al mar ”, concluye el patrón.
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