Entrevista | Antonio Valín Valdés Nuevo obispo de Tui-Vigo
“El mensaje de Jesús es muy actual, pero necesitamos lenguajes más entendibles”
“Hay temas muy importantes: la atención sociocaritativa de la Iglesia, las vocaciones al ministerio presbiteral o los jóvenes”
“Quiero ser uno más y caminar con todos”

Antonio Valín, nuevo obispo de Tui-Vigo. / FdV
“Este es un momento de romper inercias y ser creativos, asumiendo cada uno su compromiso cristiano, y de pensar en nuestra vocación cristiana”. Es una de las tareas que propone el nuevo obispo de Tui Vigo, Antonio Valín Valdés (Ribadeo, Lugo, 1968), anterior vicario general de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol. Tomó posesión el sábado pasado en la catedral de Tui ante más de 600 personas y presidió su primera misa en la concatedral-basílica de Vigo (la Colegiata) el domingo por la tarde. “Todos tenemos que aportar algo y estamos llamados a hacerlo, mirando con ilusión el futuro, sin anclarnos reciamente al pasado que no conduce a nada”, explica en su primera entrevista para este periódico al frente de la diócesis, en la que aborda los retos a los que se enfrentará y lanza mensajes de esperanza y fe dirigidos tanto a la comunidad de fieles como al conjunto de la sociedad.
–¿Se esperaba el nombramiento como obispo de Tui-Vigo por parte del papa Francisco?
–No. Realmente, ha sido una sorpresa este nombramiento. Yo estaba en la realidad de las parroquias y actividades diocesanas, nunca esperé que esto pudiese pasarme a mí. De ahí que mi primera reacción fuese de sorpresa y estupor al ir asimilando que sí me habían propuesto esto.
–¿Cuáles son los retos que tiene por delante?
–Fundamentalmente, conocer la diócesis y a los que la forman. Vengo de una realidad distinta y quiero conocer las parroquias, los sacerdotes y agentes de pastoral, los diversos grupos, cofradías… y, con todos ellos, ir viendo los retos que la diócesis ya tiene planteados y los nuevos que puedan aparecer. Hay temas que son muy importantes: la atención sociocaritativa de la Iglesia, las vocaciones al ministerio presbiteral, los jóvenes… por citar algunos.
–¿Qué mensaje traslada a los fieles a su llegada?
–Que quiero ser uno más dispuesto a caminar con todos. Que entre todos tenemos que seguir llevando adelante el reto del anuncio del Evangelio a toda persona en todo tiempo. Que no es cuestión solo del obispo, sino que la Iglesia y el Reino lo construimos entre todos. Eso nos va a suponer romper con inercias de años para asumir retos nuevos. No hay que tener miedo, sino ilusión y docilidad para dejarnos llevar por el Espíritu del Señor, que es el que nos anima a seguir adelante.
–¿Es posible que la Iglesia atraiga más a la gente joven?
–Creo que sí. El Evangelio es para todo tiempo y edad, la figura de Cristo, también. Tenemos el reto de presentarlo con lenguaje nuevo, más cercano, y esto lo entienden bien los jóvenes. Sé que es complicado y estamos en una sociedad cambiante y nuestra palabra es una más entre muchas. La propuesta del Evangelio es necesaria hacerla, el mensaje de Jesús es muy actual, y eso llega también a los jóvenes. Esta es la misión de toda la Iglesia.
–¿Por qué cree que las personas más jóvenes conectan menos con la Iglesia?
–Supongo que no hay solo una razón. Estamos es un momento en que las verdades se relativizan, y también eso afecta a la Iglesia. Necesitamos hablar con lenguajes nuevos, más entendibles, y no siempre lo hacemos. Hay aspectos de la Iglesia que son cuestionados por muchos, y también tenemos que reconocer que no siempre hacemos bien las cosas. Supongo que todo esto, y otras razones, hace que conectemos menos con los jóvenes. Algo que nos puede ayudar es volver a lo esencial de la Iglesia: transparentar más como comunidad de fe, lugar de acogida para todos y de todos.
–¿Hay una crisis de fe en la sociedad?
–Vivimos un momento de cambio social. Como dice el papa Francisco, este es un cambio de época y eso se manifiesta en muchos aspectos, también en lo religioso. El ser humano es un buscador nato, necesita respuestas, dar sentido a su vida, no conformarse con lo que ve y vive, ser capaz de salir de lo inmediato para ver a larga distancia. La fe es una respuesta a esa búsqueda. Creo que, en ese sentido, la fe tiene su lugar y puede decir su palabra, y ahí siempre va a tener su papel en la sociedad. Se vivirá de otra manera, con otros estilos, pero la fe sigue teniendo su lugar y papel en esta sociedad en búsqueda.
–En unos años, ¿cree que hay iglesias que podrán llegar a vaciarse por falta de fieles?
–No podría decir cómo será el futuro. Posiblemente, la realidad sean comunidades cristianas más pequeñas, pero también más fraternas, con un fuerte sentido comunitario, para compartir la fe y comprometerse con la realidad. Si a nivel social hablamos de un cambio de época, la Iglesia que vive en medio del mundo también vive este cambio. De esto ya hablaba el papa Benedicto hace años: no seremos comunidades tan grandes como en otras épocas, puede que no tengamos tanta relevancia social como en momentos pasados, pero la Iglesia no es nuestra, así que seguirá siempre adelante hasta que Dios lo quiera.
–Hay párrocos que compaginan sus tareas en varias iglesias por la falta de sacerdotes. ¿Podría cambiarse esta situación?
–El tema vocacional es un tema serio en todas las diócesis; no sólo de vocaciones al ministerio presbiteral, sino que los cristianos vivamos nuestro seguir a Jesús como una vocación. Me admira ver a tantos sacerdotes -algunos muy mayores- que sirven a diferentes comunidades de manera extraordinaria. No podemos dejar de valorar y agradecer tantos esfuerzos. Sé que compaginar la atención a varias comunidades es complicado: nos supone compaginar horarios, servicios, cambiar estructuras y demás, pero este momento es lo que nos toca vivir. Tenemos que estar abiertos a compartir a los curas en varias comunidades, a asumir cada cristiano su papel y estar disponibles para colaborar cada uno desde sus posibilidades. En muchas diócesis, ya han tenido que unificar servicios religiosos, celebraciones de los sacramentos… Al principio, puede asustar porque los cambios siempre nos descolocan e importunan, pero ahí está también el tema de la corresponsabilidad de los laicos y el trabajar sinodalmente. La Iglesia la formamos todos y cada cristiano es llamado a un servicio dentro de su comunidad.
–¿Está relacionada la falta de aspirantes a sacerdote con el cierre del Seminario Mayor?
–Que haya menos candidatos al ministerio presbiteral nos lleva a ser más creativos a la hora de plantear la mejor formación de los muchachos. Varias diócesis de Galicia hemos optado por un Seminario interdiocesano, por lo que nuestros muchachos se formarán con otros de las diócesis hermanas, y lo harán fuera de la diócesis. El Seminario no se cierra, se usará para otras actividades diocesanas.
El futuro del edificio del Seminario Mayor: centro formativo y residencia sacerdotal
Parte del edificio del Seminario Mayor de la avenida de Madrid, desde hace años, está cedido al Centro de Estudios Universitarios (CEU) y se prevé que otra pequeña parte se destine a ampliar la Residencia Sacerdotal (ubicada en A Guía, junto al edificio de la curia diocesana).
En todo caso, fuentes del obispado indican que el inmueble seguirá usándose para las diversas actividades pastorales y formativas de la diócesis, por ejemplo, “Ágora: Escuela de Teología, ministerios y servicios”, en la que se inscribieron 71 personas que, semanalmente, reciben clase allí; o diversos encuentros diocesanos, como la Asamblea de Catequistas o la Jornada Vocacional, en las que suelen participar cerca de un centenar de personas.
“Queda analizar otras propuestas de carácter pastoral y diocesano. En cualquier caso, el Seminario no se cierra, se traslada a Santiago y el edificio seguirá a disposición para usos pastorales de la diócesis”, añaden desde el obispado. La clausura del Seminario Mayor, anunciada en mayo, obedece a la decisión de los obispos de Santiago de Compostela, Tui-Vigo –y Mondoñedo-Ferrol de constituir un Seminario Interdiocesano en Galicia (SMI), que tendrá su sede en Santiago de Compostela.
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