Los dos atracadores del banco de Coruxo confiesan: “Cogimos el dinero que había”
Los históricos Laureano y Edelmiro arrastran una grave drogodependencia desde hace 40 años y el segundo pidió además benevolencia a la jueza por las enfermedades que sufre

Edelmiro Fernández y, sentado entre dos de los policías, Laureano, ayer, durante la primera vista oral por los asaltos bancarios ocurridos en 2023 en Vigo. / Pablo Gamarra

Laureano Fernández Rodríguez, Laurín, y Edelmiro Fernández Rial, Miro, de 56 y 57 años de edad respectivamente, son dos de los seis atracadores históricos que han vuelto a prisión por la inusual oleada de asaltos bancarios registrada en Vigo el año pasado. Procedentes de A Lama, esposados y custodiados por policías, ellos protagonizaron ayer el primero de los juicios que se celebra por esa sucesión de robos, concretamente por el ocurrido al filo de las dos de la tarde de un lluvioso 3 de noviembre de 2023 en una sucursal de Coruxo. Aunque inicialmente lograron su objetivo y consiguieron salir a paso apresurado de la entidad con un abultado botín de 123.172 euros, en la calle les esperaba un dispositivo policial que los capturó con las armas que portaban, una pistola semiautomática Baikal y un cuchillo de grandes dimensiones, y con todo el dinero que acababan de sustraer.
Los acusados confesaron el robo en la vista oral celebrada en el Juzgado de lo Penal 2 de Vigo. Laureano admitió, a preguntas del fiscal, que se había puesto de acuerdo con Edelmiro para cometer el atraco y que, una vez en la sucursal, se repartieron los papeles: él, armado con la pistola, que tenía tres cartuchos, se encargó de quedarse con el subdirector de la oficina para que abriese la caja fuerte y los cajeros automáticos. “El dinero que había lo cogimos”, dijo sin poder precisar la cantidad. Edelmiro, que llevaba el cuchillo y que fue quien condujo al resto de empleados y a una clienta al almacén donde les inmovilizó las manos y los tobillos con bridas blancas, también reconoció su intervención en el robo, si bien –en una declaración en la que en su caso solo quiso responder a su abogada– negó tener “relación” con la pistola que portaba su compinche, indicando que ignoraba que llevaba dicha arma de fuego.

El juicio se celebró en el Juzgado de lo Penal número 2 de Vigo. / Pablo Gamarra
Una recaída por "problemas sentimentales"
Ambos también hablaron de la grave y crónica adicción a las drogas que arrastran desde hace 40 años, una toxicomanía que ha ido de la mano de su trayectoria delictiva. “Consumo cocaína y heroína”, dijo Laureano. Edelmiro afirmó ser consumidor de las mismas sustancias y concretó que cuando cometieron el atraco estaba en plena recaída. “Tuve problemas sentimentales; meses antes de eso me vine abajo y empecé a consumir de nuevo”, declaró, refiriendo también que sufre una minusvalía del 65%, una severa enfermedad y una dermatitis “muy grave”. De hecho, solicitó benevolencia en el fallo judicial que resulte de este procedimiento. “La enfermedad avanzó más, no sé cuanto tiempo me queda, téngalo en cuenta a la hora de tomar una decisión”, pidió a la jueza justo antes de que el juicio quedase visto para sentencia.
Petición de entre 3 y 6 años de prisión
Lo cierto es que, pese a que ambos admitieron el atraco, las penas que afrontan son muy distintas. La Fiscalía rebajó a 3 años, 15 días y un día de cárcel su solicitud para Laureano al concluir que su confesión, en cuanto al robo y la tenencia de armas, fue “plena”, “sin ambages ni excusas”, mostrándose el abogado defensor conforme con dicha pena. Para Edelmiro mantuvo los 6 años de prisión ya que este atracador no admite el delito de tenencia en relación con la pistola que portaba su compañero. El fiscal considera que también debe “asumir” este ilícito porque actuaron en “grupo” tras una “planificación” previa. La letrada de Miro, mientras, admite solo el robo frustrado, niega la tenencia y plantea un año y media de cárcel con las atenuantes de drogadicción y confesión tardía.
El dispositivo policial: “Fuimos a por ellos tras verlos salir a prisa, con mochilas y con las cabezas agachadas”
Aunque en el juicio no se aclaró quién dio la alarma, lo cierto es que la Policía Nacional recibió la alerta del atraco y desplegó un dispositivo policial con agentes de paisano que tuvo un exitoso final: los asaltantes fueron detenidos a la salida del banco y se pudo recuperar hasta el último billete del botín con el que huían. “Tomamos todas las precauciones porque la alarma parecía verdadera”, comenzó relatando en la vista uno de los agentes. “Era un día desapacible, llovía... Propicio para un atraco”, describió otro. Tras aproximarse a la entidad, no ver a ningún trabajador en la oficina y contarles un viandante que había escuchado unos ruidos “extraños” y “fuertes”, los policías montaron un dispositivo de espera en la terraza de una cafetería cercana.
El atraco había comenzado a las 14.00 horas y veinte minutos después, efectivamente, vieron salir a dos individuos. Caminaban “a toda prisa”, portando sombreros y mochilas y con la “cabeza agachada”. “Cuando nos rebasaron, salimos de la terraza, nos identificamos gritando ‘alto, policía’ y los detuvimos”, afirmaron. De nada les valió a los ladrones intentar zafarse o echar a correr. En uno de los arrestos se contó con la cooperación de una patrulla uniformada que cruzó su coche ante el atracador. En el juicio también declararon dos empleados del banco, que confirmaron que los ladrones llevaban armas, los rostros ocultos y los ataron con bridas.
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