Adiós a 300 kilos de tapones solidarios para niños con parálisis cerebral

La normativa que obliga a no despegar la tapa de las botellas desploma el volumen de recogida de las asociaciones de Vigo

Voluntarios de la asociación Taporelmun, recogiendo tapones.

Voluntarios de la asociación Taporelmun, recogiendo tapones. / José Lores

Desde el pasado 3 de julio, la unión entre botellas de plástico y sus correspondientes tapones es obligatoria para todos los envases de menos de tres litros. Esta directriz tiene una motivación medioambiental, pero parece que nadie se ha acordado de las organizaciones benéficas dedicadas precisamente a la recogida de tapones para su posterior venta y destinar todos los fondos recaudados a causas solidarias. Entre ellas se encuentra Taporelmun. “Hemos notado un bajón enorme desde el nuevo diseño de las botellas. Calculamos que hemos perdido unos trescientos kilos de tapones donados al mes”, lamenta José Barcia, al frente de la entidad.

Esta asociación destina todo lo recaudado por la venta de esos tapones de plástico a terapias a niños con parálisis cerebral o enfermedades raras. Y con el bajón de donaciones, lamentablemente, hay acciones que se están viendo afectadas al no poder recaudar lo de antes. “La gente no se molesta en quitar el tapón, tira directamente la botella entera, y eso nos está afectando”, asegura Barcia. Para hacer frente a esta situación, esta asociación sin ánimo de lucro está realizando continuas campañas a través de redes sociales y entre sus voluntarios para concienciar a la población.

El bum de la recogida de tapones, que se estancó con el COVID, volvió con fuerza tras la pandemia pero ha vuelto a sufrir un frenazo por la nueva política de envases impulsada por la UE. La normativa europea de residuos y suelos contaminados pretende reducir así el impacto medioambiental de los plásticos y avanzar hacia la economía circular. Según César Aliaga, responsable de Itene, “en España cada ciudadano consume una media de 180 botellas al año”. A nivel mundial son un millón de botellas las que se consumen cada minuto y el 6 por ciento de esos tapones acaba perdido en las costas. Europa gasta más de 600 millones de euros al año en retirar el plástico de las playas. La solución requiere cierto entrenamiento porque en la calle son muchos los que comentan lo incómodo de beber con el tapón pegado. Pero este es el diseño más sostenible porque es el que menos material plástico utiliza. Las autoridades explican que se trata de cuidar el medio ambiente como también se hace evitando las bolsas o los cubiertos de plástico.

José Vicente López, Investigador en el Departamen de Ingeniería y Gestión Forestal y Ambiental de la UPM, explica que el problema surge a la hora de quitar el tapón. Concretamente, tiene tres destinos: o va al medio convirtiéndose en un contaminante o va a la basura o contenedor de reciclaje, perdiéndose en la fase de clasificación y acabando en un vertedero, o se dona a una ONG para que lo venda a un reciclador y con ese dinero financiar acciones solidarias. En varios puntos de Vigo y en las propias empresas hay contenedores para la recogida de tapones que se destinarán a un fin solidario. Y todos ellos han notado un desplome en las últimas semanas debido a la entrada en vigor de la nueva normativa medioambiental.

La población en general, en un principio, ha encontrado la medida poco lógica por la incomodidad de manejar una botella con un tapón que no se consigue desenroscar del todo. Muchos llegan incluso a arrancar el tapón desde el primer momento de apertura del envase, perdiéndose por completo la eficacia del diseño del sistema.

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