La Universidad de Vigo detecta microplásticos en agua y sedimentos de cuatro ríos de la provincia de Pontevedra

El Lagares tiene las concentraciones más altas y Miñor y Tea, las más bajas

También están presentes en larvas de insectos

Investigadores de la UVIgo, durante el trabajo de campo en el río Tea.

Investigadores de la UVIgo, durante el trabajo de campo en el río Tea. / FDV

Sandra Penelas

Sandra Penelas

Un estudio desarrollado por el grupo de Biología Ambiental de la UVigo ha detectado microplásticos en el agua y los sedimentos de cuatro ríos de Pontevedra: Lagares, Gafos, Miñor y Tea. El trabajo, financiado por la Diputación, también ha revelado su presencia en insectos y los autores proponen explorar su uso como bioindicadores de este tipo de contaminación.

Los investigadores partieron de un primer proyecto realizado en los ríos que atraviesan las dos ciudades más pobladas de la provincia y lo ampliaron a dos cauces a priori más prístinos. “Como era esperable, la concentración de microplásticos, tanto en la columna de agua como en el sedimento, es más elevada en el Lagares y el Gafos porque tienen cuencas más alteradas y urbanizadas, además de discurrir por zonas más pobladas. Pero también están presentes en el Miñor y el Tea porque estamos ante un contaminante emergente y ubicuo que constituye una preocupación global”, destaca David Gutiérrez, uno de los autores del trabajo.

Los biólogos tomaron muestras durante la primavera y el verano en diferentes tramos representativos de diferentes usos del suelo. Y los resultados evidencian que el grado de urbanización es el principal factor de contaminación del agua, mientras que en el caso de los sedimentos lo es la densidad de población.

Fibra de plástico detectada
en los muestreos.

Fibra de plástico detectada en los muestreos. / FDV

El Lagares presenta las concentraciones más elevadas de microplásticos en agua y sedimentos, mientras que las más bajas se hallaron en Miñor (agua) y Tea (sedimentos). Los resultados varían mucho según las estaciones del año y en ambos tipos de muestras las fibras constituyen el tipo más abundante, 81% y 70,6%, respectivamente, seguidas de fragmentos, películas y esferas.

Los expertos también detectaron efectos en los insectos. “Los tricópteros construyen unos estuches durante su fase larvaria en el fondo de los ríos. Los fabrican con la seda que producen y van añadiendo arena y restos vegetales. Y encontramos que incorporan microplásticos a estas estructuras tubulares”, detalla Gutiérrez.

Este hallazgo podría ser de interés a la hora de establecer controles de este tipo de contaminación a partir de los invertebrados bentónicos: “Todavía es algo preliminar, pero podrían ser una posible vía para facilitar información sobre la presencia de microplásticos. La directiva marco europea ya utiliza estos bioindicadores para determinar la calidad del agua, pero a día de hoy los microplásticos todavía no están contemplados y, por tanto, no hay límites de concentración como sí existen para otras sustancias o parámetros en los ríos”.

Microplásticos en la larva
de un tricóptero.

Microplásticos en la larva de un tricóptero. / FDV

El trabajo realizado en los ríos pontevedreses, publicado recientemente en la revista Water, también contribuye a la estandarización de los métodos de investigación. “Todavía no están unificados. Hay proyectos enfocados exclusivamente a este objetivo para que todos los investigadores los sigan y así se puedan comparar los datos obtenidos en cualquier parte del mundo”, apunta Gutiérrez.

El grupo de Biología Ambiental, liderado por Josefina Garrido y Salustiano Mato, mantiene activa esta necesaria y prometedora línea de trabajo con otro estudio en el río Louro para intentar estimar la cantidad de microplásticos que transporta a lo largo del daño.

Imagen destacada
David Gutiérrez Rial - Autor del trabajo

“Un único río puede llegar a transportar cientos de kilos a lo largo de un año”

“Desde que se empezó a hablar de microplásticos la atención se centró, sobre todo, en los ecosistemas marinos. Pero hay estudios que señalan que los ríos podrían llegar a tener una cantidad tres veces mayor que la estimada para los océanos. Y el problema puede ir a más. Un único río puede llegar a transportar cientos de kilos a lo largo de un año. Y en zonas como Galicia, con una industria marisquera y pesquera de gran importancia, esto supone un problema porque una fracción de esos microplásticos termina en el mar”, subraya.

David Gutiérrez participa en estos estudios mientras desarrolla una tesis centrada en el estudio de la contaminación por microplásticos en ambientes acuáticos, así como en la biodegradación de bioplásticos: “También tienen efectos negativos, pero su nombre genera confusión entre los consumidores. Las bolsas compostables no van a desaparecer por arte de magia y mientras la gente no se conciencie va a ser difícil ponerle solución”.

“El problema de los microplásticos es que, a medida que se degradan, pueden convertirse en vectores de otras sustancias contaminantes, como los metales pesados, y también liberar los aditivos que se utilizan para dar propiedades al plástico y que pueden provocar ecotoxicidad. Y esto no solo puede afectar a la salud humana, sino también a la biodiversidad, cuya protección es clave y esencial”, remarca el investigador marinense.

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