La jueza archiva el caso Déborah porque no hay indicios: solo “meras sospechas”

Las “contradicciones” del exnovio no permiten afirmar, concluye, “que él estuvo con la joven la noche de la desaparición y además la mató dejando su cuerpo en una cuneta”

Rosa, la hermana de Déborah, en primer plano, en 2021 durante una pegada de carteles.

Rosa, la hermana de Déborah, en primer plano, en 2021 durante una pegada de carteles. / Marta G. Brea

Marta Fontán

Marta Fontán

“Tras la instrucción practicada no constan indicios bastantes para imputar el hecho delictivo a persona determinada”. Veintidós años después de la desaparición y muerte de la joven y transcurrido casi un lustro desde la reapertura de la causa, el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Tui acaba de acordar el sobreseimiento provisional del caso Déborah. Tras recibir los resultados de las pruebas de ADN, que descartan que el semen y un pelo hallado en el cadáver de la víctima sean del exnovio, Pablo P.S.L., el eterno sospechoso policial y el único investigado judicial que hubo en el procedimiento, la magistrada decreta el archivo en base a este “dato objetivo” y al resto de diligencias practicadas durante los últimos años. Porque, más allá de “meras sospechas” basadas “en datos no acreditados o en contradicciones en las declaraciones de Pablo o de testigos pero sobre aspectos incidentales”, afirma, “no existen indicios contundentes e irrefutables que permitan fundamentar la imputación delictiva”.

“Pablo ha explicado lo que hizo esa noche y no se ha logrado evidenciar que fuera falso”, se zanja en el auto judicial sobre la jornada clave, la de la desaparición de la joven el 30 de abril de 2002. “Sus contradicciones y rectificaciones afectan a aspectos accesorios de su testimonio, pero no permiten afirmar, ni tan siquiera indiciariamente, que él estuvo con Déborah la noche de la desaparición y que además la mató, dejando su cuerpo en una cuneta”, agrega la magistrada Ana Isabel Cabido Quintas en una resolución de 18 páginas con fecha de ayer mismo en la que concluye que ni los testimonios recabados, ni la exhumación del cadáver, ni la inspección del arcón congelador propiedad en su día del exnovio “dieron resultado positivo para la investigación”. “Tampoco el análisis del móvil Nokia utilizado por Déborah que fue encontrado en dependencias policiales”, indica en referencia al terminal de la joven, que estuvo años extraviado en sede policial hasta que, en 2022, fue casualmente hallado, sin su tarjeta SIM, durante unas obras.

La prueba del ADN

Esta causa reabierta en 2019 que ha sacado a la luz los errores y despropósitos de la investigación del caso estaba desde hacía semanas únicamente pendiente de las pruebas de ADN. Y este pasado martes el Instituto Nacional de Toxicología de Madrid remitió los resultados al juzgado, lo que ha precipitado el archivo. “El dato objetivo que también choca con la implicación de Pablo en la muerte de Déborah es el resultado del análisis genético de los restos de semen hallados en el cadáver”, afirma la jueza. Y ello porque el perfil de ADN espermático obtenido en la vagina de Déborah no es el del exnovio, según ya se determinó en 2002 y se acaba de confirmar ahora. Y el haplotipo que se identificó en un pelo encontrado en el pie de la víctima, que se corresponde con el ADN hallado en la cuerda que estaba bajo su cuerpo, tampoco es de este vigués, “ni pertenece a ninguna de las personas cuyo ADN ha sido confrontado” en esta investigación.

Una relación intermitente

En base a las diligencias practicadas, la magistrada refiere que se puede acreditar que Déborah y Pablo “mantuvieron una relación sentimental más o menos intermitente” debido a que ella residía en Vigo y él se trasladó a Argentina. “Sabemos que a la fecha de la desaparición no habían roto totalmente el contacto, aunque el noviazgo, como tal, no estaba vigente”, refiere.

El día de la desaparición, el 30 de abril de 2002, él la llamó a su teléfono móvil a las 14.07 horas, contacto que duró 48 segundos. Y se acredita también que la fallecida “tenía intención de verse” con su exnovio esa tarde. Una tarde en la que la joven salió caminando de su casa de Alcabre hacia Samil, donde se encontró con su prima, de la que se despidió a las 20.30 horas. A las 20. 45 los testigos la situaron en la “curva del matadero” de vuelta a su domicilio, pero nuevos testimonios recabados en esta fase de las pesquisas la ubicaron entre las 20.45 y las 21.00 horas lejos de allí, en un videoclub de la zona de Coruxo alquilando la película “Amelie”. Lo cierto es que ya no volvió a casa. Diez días después su cadáver desnudo fue hallado en O Rosal, a 40 kilómetros de Vigo.

En el auto se citan las declaraciones de Pablo, sus padres o amigos sobre lo que hizo el hasta ayer investigado aquella tarde-noche. Y pese a admitir la jueza que “habría tenido la oportunidad” de coincidir con Déborah a las 20.45 horas, llevarla al videoclub, de ahí a su piso de Canido e incluso “habría tenido tiempo suficiente para discutir con ella y acabar con su vida”, éstas son solo “meras suposiciones porque cualquier otra persona podría también haberlo hecho”. “Nadie vio a Pablo con Déborah, ni antes ni después del partido [que jugó él en el Club de Campo] esa noche, nadie la vio en el coche de él o en su apartamento y ningún vestigio del cadáver o del lugar donde se encontró lo señala”, concluye.

“Nada acredita que el semen se introdujo artificialmente”

Una de las hipótesis policiales que ganó peso, en la fase de la investigación del caso Déborah realizada en 2009 y 2010 en el marco de la que se denominó “Operación Arcano”, fue la de que la joven fue abandonada en la cuneta de O Rosal rodeada de pistas falsas para despistar sobre el autor o autores de los hechos. Esas pistas falsas serían entre otras el preservativo y un pañuelo que había junto al cuerpo, pero sobre todo el semen hallado en su cuerpo, que se habría introducido “post mortem”.

La jueza hace referencia a este extremo en su auto. “La posibilidad de que el semen se introdujera de forma artificial [en el cuerpo de la víctima] se contempla en el informe médico forense de fecha 26 de octubre de 2009, pero como una mera posibilidad” , indica. “De hecho”, agrega, “se dice en el informe que no se puede determinar con exactitud el intervalo post-coital que ha generado la existencia de dichos hallazgos (cabezas de espermatozoides), no resultando incompatible tanto una relación previa a la desaparición de la fallecida como una relación posterior a la misma pero anterior al fallecimiento”.

En base a ello, considera la magistrada, “no contamos con ningún indicio o dato objetivo que permita afirmar que efectivamente el semen se introdujo artificialmente, ni mucho menos, de ser así, que Pablo tuvo algo que ver en dicha actuación”.

La familia: “Es un día muy triste, pero volveríamos a luchar así una y mil veces”

El archivo judicial estaba en el horizonte desde hacía tiempo. Hace casi un año los padres y los hermanos de Déborah, junto a sus abogados, comparecían en Alcabre para anunciar que habían pedido el sobreseimiento provisional del procedimiento indignados “por el maltrato judicial” y con “rabia contenida” tras más de dos décadas de lucha. Ese momento, el del cierre de la causa, llegó ayer. “Es un día muy triste, pero estamos orgullosos de la lucha y del trabajo hecho, lo volveríamos a hacer una y mil veces porque ahora sé muchas más cosas de lo que sabía antes”, afirmaba ayer emocionada Rosa, hermana de la joven fallecida. “Es un día de luto, pero no solo para mi familia, sino para toda la sociedad”, añade esta mujer. Uno de sus letrados, Ramón Pérez Amoedo, lamenta también que no se haya podido obtener justicia para Déborah. “Es un fracaso del Estado que la muerte de una joven, que la muerte de Déborah, no se haya resuelto”, considera el jurista, para añadir que el procedimiento ha evidenciado un cúmulo de “incompetencias”. “Alguien procuró que no se supiese lo que pasó”, opina en relación con todos los interrogantes que deja abiertos el caso Déborah. La familia y su equipo legal avanzan que cuando el auto notificado ayer sea firme se convocará rueda de prensa “para exponer lo acontecido en estos 22 años facilitándose cuantos datos sean necesarios para que sea la sociedad la que valore lo ocurrido”.

Teléfono móvil

En un comunicado, los abogados informaron también que en relación con la petición que hicieron “sobre qué personas tuvieron intervención en la incautación del teléfono móvil de Déborah y la sustracción de la tarjeta SIM”, a petición de la Fiscalía la jueza ha remitido la información a la comisaría de Vigo “por si considera de interés iniciar una investigación o si lo remite a la comisaría de Madrid”. “Ello en base a entender que el juzgado de Tui no sería competente para investigar un hecho no ocurrido en su jurisdicción, lo que tampoco será recurrido a fin de que se cierre la causa, aún cuando sea con carácter provisional”. El viejo Nokia 3310 de Déborah fue entregado por la familia a la Policía en 2006. Estuvo desaparecido hasta que fue hallado casualmente hace dos años sin la SIM. Ya no pudo aportar nada de interés para la causa.

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