Entrevista | Javier Peña Ibañez Director artístico del Festival TAC! de Arquitectura Urbana

“Vigo no tiene nada icónico y ese es su gran potencial”

El responsable del festival organizado por Concello y Ministerio en Porta do Sol reconoce la recuperación de Bouzas o la Alameda

El arquitecto Javier Peña durante la inauguración del Festival TAC! en Porta do Sol.   | // MARTA G. BREA

El arquitecto Javier Peña durante la inauguración del Festival TAC! en Porta do Sol. | // MARTA G. BREA

Víctor P. Currás

Víctor P. Currás

Nuestra forma de ser y toda nuestra vida gira alrededor de los espacios donde hemos estado y cómo se han relacionado con nostros. Bajo esta premisa Javier Peña Ibáñez (Logroño, 1985) ejerce de director artístico del Festival TAC! de Arquitectura Urbana organizado por el Concello de Vigo y el Ministerio de Vivienda en Porta do Sol hasta el 14 de julio.

–¿Cómo han vivido el arranque del festival?

–Ha sido excepcional porque siempre hay cierta incertidumbre cuando aterrizamos en cada nueva ciudad. La recepción que hemos tenido en estos dos días y los previos, la curiosidad que se ha ido generando de un elemento tan cotidiano que generaba mucha curiosidad. Vemos como todo el mundo se para y acerca, lee los textos y quieren entender más allá de lo que ves y por eso hemos incorporado ese relato en las piedras. Muy contentos por la recepción y del buen trabajo con el Concello.

–¿Ha sido la batea su mayor reto técnico hasta la fecha?

–Siempre somos un poco osados en la configuración. Lo hacemos todo en tiempo récord, aquí han sido 21 días y han testado a la perfección a todos los gremios y proveedores con profesionales muy implicados. Al final somos un catalizador de muchas cosas que ya ocurren. Hay una confluencia en la que en este proyecto se traduce muy bien el territorio, esa suma hace la fuerza.

–¿Qué buscan provocar en los visitantes y asistentes?

–Fue muy interesante el debate en el Colegio de Arquitectos sobre cómo se diseñan las centralidades de las ciudades, que es el foco de este año de TAC!. Cómo son esos espacios emblemáticos y de carácter identitario por cómo se ubican y lo que representan. Te permite cuestionar ese lugar con un elemento que introduce sombra, reescala el objeto y dialoga con los edificios de alrededor. Es interesante la transversalidad de la programación que abarca muchas concellerías. Hay un proyecto muy de ciudad que intenta mostrarla de otra forma e incorporar ese pensamiento a toda la ciudadanía. La batea es protagonista pero ese relato por debajo que genera comunidad es lo que queda.

–El alcalde amenazó con ponerla en una rotonda. ¿Qué futuro le espera después del 14 de julio?

–En el proyecto de Pablo Paradinas y Óscar Cruz cuando lo presentaron tenían como deriva de la batea llevarla a una playa. Un testimonio vinculado como si hubiera sido una ballena que varaba para mostrar la escala y compararla como un elemento más accesible. Sería un ejercicio didáctico. Eso está abierto todavía y es algo que este mes la respuesta de la ciudadanía determinará.

–En la inauguración hablaron del papel de la arquitectura para tejer comunidad y mejorar la calidad de vida. ¿Cómo plasman eso?

–Proyectos como este intentan ponerlo encima de la mesa. La práctica de la arquitectura ha estado muchas veces muy solo pensada desde los colegios profesionales. Hay que bajar a tierra todas las cuestiones que hace bien y que genera comunidad. El empoderamiento, redes de contacto, esa gran orquesta que se genera tiene un potencial en sí mismo. La arquitectura genera experiencias y recuerdos que nos construyen a nosotros mismos y con los demás. ¿Qué cosa más bella hay que generar espacios, y más si lo hacemos en público? En la pandemia se evidenció su importancia por cómo reequilibran desigualdades y generan intimidades en el exterior.

–¿Qué proyecto urbano destacaría en Vigo en ese sentido?

–Vigo es muy atractivo y tiene mucho potencial. Me da la sensación de que es una ciudad que desde el punto de vista no tiene nada icónico cuando buscas una foto concreta pero eso es el potencial que tiene porque todo es centralidad. Esa forma compleja de ser con las colinas, la conexión con el mar, lo industrial que va en el carácter… Tiene algo muy interesante ahí. Está en un proceso de transformación como otras ciudades en las que hay que estar atento a los cambios climático, de movilidad o económicos. He visitado Bouzas y es muy atractivo cómo han conectado el frente marítimo con esa zona, es otra ciudad con otra escala. Es muy extensa y tiene muchas entidades en sí mismas. Pero tiene espacios públicos de gran calidad como la Plaza de Compostela, el Náutico, Urzáiz que va subiendo y conectando zonas. La arquitectura es dura en algunas cosas pero eso le da cierta rotundidad y es un hecho muy diferencial que me genera atractivo. Nunca he tenido interés por las ciudades que parecen una maqueta, que parecen irreales. Esta es muy carnal.

–En ese proceso suelen surgir voces críticas. ¿Hasta qué punto hay que tener en cuenta la participación ciudadana o abogar por un despotismo ilustrado?

–Creo que hay que preocuparse por generar conocimiento primero, con capacidades críticas, opinar. Me gusta generar procesos. Por eso mostramos al proyecto ganador y otras opciones que no lo hicieron pero también eran válidas. Eso genera debate e interés sobre las necesidades que tenemos.

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