El guardia civil Troitiño, atropellado cuando perseguía a unos ladrones, sale del hospital

El guardia civil Marcos Troitiño, de 41 años, abandonó nueve meses después el hospital Vithas Vigo tras sufrir un grave atropello cuando perseguía a unos ladrones en Castellón

Marcos Troitiño, junto a su mujer y su hija, recibe el reconocimiento de sanitarios y compañeros.

Pablo Hernández Gamarra

No puede parar de temblar. Los ojos le brillan por la emersión de una lágrima y la excitación de saber que en media hora podrán abandonar la que ha sido su segunda casa los últimos nueve meses. “Nos volvemos para Asturias, los tres”, cuenta María González, con una sonrisa inquebrantable, adjetivo que se ha puesto por bandera desde que un año atrás su marido, el guardia civil Marcos Troitiño, de 41 años y natural de Pontevedra, sufrió un grave atropello cuando perseguía a dos ladrones a la salida de un centro comercial de Castellón, donde se encontraba entonces destinado

“Fuimos conscientes en todo momento de que el daño cerebral era muy grave, pero también en todo momento supe que no iba a tirar la toalla. Los cuidados paliativos que nos ofrecían a los tres meses del accidente no llegué a contemplarlos nunca. Y nos vinimos a Vigo, al Hospital Vithas, y hoy por fin volvemos a casa, Marcos, yo y nuestra hija”, amplía María.

Tras el atropello, la vida de esta familia se detuvo por completo. Marcos ingresó entonces en la UCI del hospital de Castellón con un trastorno neurocognitivo mayor grave. De ahí fue derivado a Gijón, donde residían y a donde había solicitado el guardia civil su próximo traslado. “Fueron unos meses horribles; estaba en coma y no nos daban más solución que paliativos. Así que estuve buscando un centro de neurorehabilitación y di con este en Vigo, el Hospital Vithas. Llegamos aquí el 6 de octubre, y el 11 lo despertaron del coma. No sabía que había pasado, no recordaba nada de los últimos 20 años; tuvimos que contarle todo y empezar de cero: aprender a comer, a escribir, a hablar... A él le hicieron una traqueotomía y tiene una voz muy diferente, está en silla de ruedas y tiene poca movilidad todavía pero es el menor de nuestros problemas. Que siga vivo es un milagro; dimos con los especialistas que necesitaba”, cuenta María González desde el hall del hospital del barrio de Fátima, donde varias decenas de agentes de la Guardia Civil de Vigo lo esperaban.

Homenaje de la Guardia Civil

Y es que nunca abandonarían a un compañero, ni lo hicieron durante su estancia en Vigo ni mucho menos el día que recibiría, por fin, el alta hospitalaria. Por ello, ataviados con sus uniformes, cámara en mano y alguno que otro aguantando las lágrimas y la voz quebrada, le hicieron a Marcos un paseíllo entre aplausos mientras abandonada por primera vez en meses el centro hospitalario.

“Nunca contemplé los paliativos; no tiré la toalla y apareció Vithas”

María González

— Mujer de marcos troitiño

Visiblemente emocionado y hasta un poco incrédulo se encontraba el guardia civil Troitiño, que los saludó desde la inocencia de desconocer el recibimiento que le esperaba a la salida de Vithas. “Marcos no sabía que el día que corrió detrás de esos ladronas era una carrera a subirse a un ring a pelear contra la muerte. Porque dos médicos le dieron por muerto, le dijeron a su mujer, la persona más fuerte que yo he conocido en la vida, que lo único que podían era darle paliativos. Lo que no sabía toda la gente que rodeaba ese ring, es que en una esquina estaba la muerte y en la otra estabas tú, tu mujer y tu hija. Tu mujer te cogió y se movió contigo por varios sitios de España y ahora en este pequeño hospital, pequeño en estructura pero grande por dentro, y hoy –por ayer– te van a dar el alta. La vida sigue y tienes una familia maravillosa”, afirmó el Jefe de Operaciones de la Guardia Civil.

Marcos Troitiño y su mujer, María González, a la salida del hospital Vithas Vigo, con varios compañeros guardia civiles. 12 junio 2024. Pablo Hernández Gamarra

Marcos Troitiño y su mujer, María González, con varios compañeros guardia civiles. / Pablo Hernández Gamarra

Instituto de Rehabilitación Neurológica

Además de un nutrido grupo de agentes de la Benemérita, numeroso personal del centro médico también quiso despedir a Troitiño y a su familia a la salida del hospital. Entre ellos se encontraba el doctor Pablo Villarino, director de Irenea, el Instituto de Rehabilitación Neurológica en Vithas Vigo, que atendió desde su llegada al paciente, y de cuya evolución se energullece gratamente.

“Cuando llegó estaba encamado, con una movilidad muy, muy pequeña, comía a través de una sonda... Cuando lo despertamos su capacidad de respuesta era únicamente con el dedo y estaba desorientado. Después de un trabajo de ocho meses y medio, ya puede comenzar a recibir un tratamiento ambulatorio porque ya es capaz de andar con andador, come... Es cierto que todavía hay margen de mejora y hay que seguir trabajando pero ya puede hacerlo desde su casa”, comentaba el doctor Villarino, quien celebró las buenas intenciones y trabajo de Marcos durante todo este tiempo. “Se ha esforzado mucho, es muy determinado e inconformista. Dice y espera que pueda llegar a caminar, esa puerta la verdad es que está abierta”, apremió.

Vuelta a casa

Marcos Troitiño, María González y su hija Martina viajan este miércoles en su coche hasta Gijón, donde la vida vuelve a empezar para ellos. Para los tres. Juntos. “Iremos juntos a rehabilitación, hemos adaptado la casa para poder estar con él, pero sabemos que podremos hacer una vida juntos, normal, aunque nos queda un largo camino por delante. Toda nuestra familia y amigos están deseando saludarlo”, concluía María.