Cuarenta y dos centros educativos de Vigo registran en el 061 casos de riesgo de suicidio

A través del Código Agarimo, el servicio de emergencias dispone de informes médicos de estos alumnos para intervenciones más rápidas y eficaces

Los institutos activan otros mecanismos como la coordinadora de bienestar

Pintada sobre el suicidio.

Pintada sobre el suicidio. / EPE

No es una percepción aislada. Es una realidad constatada en diferentes ámbitos y por todos los profesionales implicados. Tanto los problemas de malestar emocional como los trastornos de salud mental han aumentado en niños y adolescentes. Tras la pandemia por COVID, que agudizó o evidenció esta situación, la Administración se ha esforzado por activar mecanismos para mejorar la atención a esta situación, que antes era muy reducida. Uno de ellos es el registro de casos de riesgo suicida en los centros educativos, de los que se informa al Servicio de Urgencias Sanitarias de Galicia para que, si fuera necesario, pueda actuar rápidamente y con más información. Es el Código Agarimo y, según datos del 061, cuarenta y dos centros de la ciudad han inscrito alguno.

Alerta escolar es un sistema en el que colaboran las Consellerías de Sanidade y Educación para coordinar acciones administrativas, informativas y operativas que permitan agilizar y hacer más eficiente la atención a cualquier niño escolarizado y menor de 16 años que tenga una enfermedad crónica y se pueda descompensar con riesgo para su vida, como pueden ser crisis alérgicas, epilepsia o diabetes.

Con la actualización del protocolo de prevención, detección e intervención del riesgo de suicidio en el ámbito educativo, en 2022,decidieron añadir una alerta más para poder actuar rápidamente en estos casos y se le llamó Código Agarimo. Tras la formación de los profesionales, se puso en marcha en enero de 2023.

El centro educativo no puede registrar un caso de riesgo de suicidio por propia iniciativa. Es necesario que padres o tutores aporten los informes del equipo de salud mental que ha atendido al menor, con sus recomendaciones en caso de urgencia. Después, los profesionales del colegio o instituto cubrirán un informe online, si son públicos o concertados, o remitirán un formulario, si son privados. En la ciudad de Vigo, entre públicos y privados –con y sin concierto– hay alrededor de 130 centros educativos que abarcan desde los 3 a los 16 años en régimen de educación ordinaria.

En los centros educativos, en los últimos años, se están volcando con la puesta en marcha de mecanismos para detectar y atender el malestar emocional en sus alumnos. Así lo cuenta, por ejemplo, Patricia Mena, la directora del Instituto de Educación Secundaria de Valadares, donde han trabajado mucho en este ámbito. Promovida por Educación, desde inicios de curso cuentan con una coordinadora de bienestar, que está pendiente de estudiantes con problemas. “Intentamos que todo el centro esté alerta”, añade. También tienen un grupo de actuación contra el acoso o el ciberacoso (ACAE), que investiga los casos que se detectan, sanciona a los autores y acompaña a las víctimas. “Ninguno de gran envergadura”, pero han tenido varios casos. También trabaja en esta línea el departamento de Orientación y cuentan con una Unidad de Acompañamiento Familiar y Personal (UACO), que previene el absentismo, reduce el abandono y ofrece recursos a las familias. Además, es uno de los centros al que ya ha llegado el programa YAM, que promueve la salud mental entre la adolescencia.“Lo que se trata es de que estemos todos implicados para crear una burbuja de alerta que permita detectar lo antes posible y actuar”, destaca.

Estudio sobre malestar psicológico en IES Beade

Preocupados por el incremento de los trastornos de salud mental en los jóvenes, tres médicos internos residentes (MIR) que están terminando su especialidad en Medicina de Familia y Comunitaria en el área sanitaria de Vigo, decidieron dedicar el trabajo final a tratar de palpar la dimensión del problema en un instituto público vigués. Los resultados son llamativos: “el 44% superaba la nota de corte de la escala de sintomatología depresiva y habría que intervenir”.

La Unidad docente del Área sanitaria de Vigo y el grupo de investigación en Servicios de la Salud del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS) ha premiado como mejor investigación de residentes de Familia y Comunitaria –incluida Medicina y Enfermería– este trabajo de las doctoras Marina Maraver Cadenas y Marina Jara López Ribera y el doctor David Albino Gómez Costa.

Desde la izquierda, los doctores López Ribera, Gómez Costa y Maraver Cadenas.   | // MARTA G. BREA

Desde la izquierda, los doctores López Ribera, Gómez Costa y Maraver Cadenas. / Marta G. Brea

El estudio se realizó en una muestra de 124 alumnos de tercero de la ESO a segundo de Bachiller, –de 14 a 19 años– del Instituto de Educación Secundaria (IES) de Beade. En una hora tutoría, en la sala de informática, les impartieron una charla de salud mental y, tras ello, les invitaron a rellenar un cuestionario. Escogieron una escala validada internacionalmente, la PHQ9.

El doctor Gómez Costa destaca que “la prevalencia de sintomatología depresiva fue abrumadora”,. Además del 44% que consideran que necesitaría intervención por los niveles de sintomatología registrados, sostienen que tres cuartas partes necesitarían un seguimiento por cuadros leves.

Además de esta escala validada, ellos crearon otras para ver si estos síntomas se asociaban, por ejemplo, al tipo de núcleo familiar en el que viven. No encontraron relación, pero sí vieron que los que manifiestan cuadros típicos de depresión se sienten menos apoyados por sus parientes.

Constataron que perciben que rinden menos en sus estudios, aunque no llegaron a contrastarlo con los resultados reales –“es algo que se podría hacer luego”–. También vieron concordancia con el apetito, “a algunos por exceso y a otros por defecto”.

“Es un estudio que en los próximos años se podría hacer a gran escala”, defiende el doctor Gómez Costa que resalta la “importancia de actuar pronto. “Porque quizá cuando nos llegan ya a nosotros, en adultos, igual es tarde”, señala.

Cuenta que los alumnos fueron muy participativos y en las notas libres que les animaron a escribir al término de la sesión se encontraron con mucha gratitud, pero también con casos graves que les asustaron y que pusieron en conocimiento del centro.

El de Beade fue un centro escogido al azar y no está peor que otros, según pudieron saber ellos y cuenta también su orientadora, Paula Soto. Son datos que concuerdan con lo que ha vivido en 15 años de profesión. “Esto viene de atrás”, resalta y considera que es un problema multifactorial en la que opina que tienen que ver cuestiones como el individualismo cada vez mayor de la sociedad o la menor capacidad de resolución de problemas de las nuevas generaciones.

La ocupación de la unidad infantojuvenil, al 185%

Más allá de los problemas de malestar emocional, en Salud Mental del Chuvi también están percibiendo un aumento de los trastornos graves en niños y adolescentes. Lo ven en consultas, pero también en los ingresos de menores de 16 años. Este año y hasta el 30 de abril, el servicio había recibido 59 ingresos de menores de 16 años. Son diez más que en todo 2019 y dos tercios de los registrados en 2020. La escalada continúa. El Álvaro Cunqueiro estrenó a finales del año pasado la ansiada unidad de hospitalización infantojuvenil y el índice medio de ocupación en sus primeros cinco meses ha sido del 185%. Las seis camas habilitadas se han quedado insuficientes ya al arrancar. Solo han podido atender allí a entre el 50 y el 60% de los casos. El resto ingresaron en Pediatría o Salud mental de adultos. La unidad cuenta con seis habitaciones ahora individuales, pero están dotadas para ser dobles y, con ello, se podría cubrir prácticamente la demanda. Atienden, sobre todo, trastornos del espectro autista, esquizofrenias y trastornos de la conducta alimentaria. Son menos las desregulaciones emocionales, entre las que se incluyen las autolesiones e intentos de suicidio. La gran mayoría de los casos son del área de Vigo, aunque también les derivan de Ourense y Pontevedra.

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