La UVigo reduce en tres millones el capital de Ciudad Universitaria para frenar las pérdidas
La sociedad anónima, constituida en 1999, gestiona los locales de ocio y deportivos de As Lagoas-Marcosende
Reigosa: “El modelo no funcionó, es muy difícil atraer gente”

La plaza Miralles del campus de As Lagoas-Marcosende, con el Aulario y los locales comerciales. / FDV
La UVigo ha decidido reducir en tres millones de euros el capital de Cidade Universitaria (CUSA) para frenar las importantes pérdidas que arrastra desde hace años. La sociedad anónima, constituida en 1999, gestiona los locales comerciales y deportivos del campus de As Lagoas-Marcosende y también de Ourense. Y, para paliar su situación deficitaria, los equipos rectorales anteriores ya optaron en su momento por comprar algunos de los edificios que eran propiedad de la entidad como el Aulario Miralles y el Teatro Vidal Bolaño.
Los socios, entre los que se encuentran las diputaciones de Pontevedra y Ourense, el Concello de Vigo y su homólogo ourensano, tomaron la decisión por unanimidad. De esta forma, CUSA pasa a tener un capital de 6,7 millones de euros y el actual gobierno universitario espera que sea suficiente para garantizar su sostenibilidad.
“Hay un cierto nivel de actividad en los locales comerciales y en los espacios deportivos que administra CUSA en Vigo y Ourense y aspiramos a que no siga teniendo pérdidas en el futuro y se mantenga de una forma correcta. No se trata de ganar dinero, sino de prestar un servicio a la comunidad universitaria y también a las personas del entorno. En todo caso, seguirá devolviendo de forma absolutamente rigurosa el dinero que debe, porque parte de la construcción se hizo con préstamos. Y, una vez que acabe el proceso de reducción, le tocará al próximo equipo de gobierno decidir si es una herramienta que sigue teniendo sentido o no”, explica Manuel Reigosa.

Jornada de bienvenida a los nuevos estudiantes de la UVigo en la plaza Miralles. / DUVI
En su momento, el actual rector votó a favor de la constitución de CUSA para gestionar la construcción y posterior explotación de la ciudad universitaria proyectada por Miralles. Pero, veinte años después, admite que aquel modelo “obviamente, no funcionó”.
“Habíamos vivido un crecimiento enorme de estudiantes. Teníamos 30.000 y parecía que lo mejor para el campus era generar más servicios y crear una verdadera ciudad universitaria. Pero no conseguimos crear ese foco. Es difícil atraer gente y ahora mismo tenemos alrededor de 19.000 alumnos y hay que pensar que en el futuro habrá una reducción global por la caída de la natalidad”, apunta Reigosa.
El rector también incluye la ubicación del campus entre las razones del fracaso: “Hay otros modelos de universidades alejados de la ciudad pero es más fácil llegar a ellos, por ejemplo, con un tren de cercanías en 10-15 minutos, con un coste limitado y comodidad absoluta. Este campus es una maravilla, pero, en el día a día, sobre todo, en invierno, no llama a la gente. Las actividades culturales y deportivas que organizamos ahora no tienen el mismo nivel que hace 20 años. La gente va a clase y después regresa a sus respectivas ciudades. En su día, se pensó que incluso la gente viniese aquí al cine o al teatro. Y estaban pensadas viviendas y una peluquería. A mí me ilusionó esa posibilidad de atraer gente aquí para fijar población. Pero todo eso va a ser difícil que se desarrolle”.
“Y otra de las cosas que hicieron que el equipo de gobierno de entonces tomase la decisión de crear CUSA, que yo hago mía porque estaba a favor, fue pensar que iba a producirse un crecimiento de Vigo a través del eje de comunicación de la avenida Clara Campoamor. De hecho, el hospital está ubicado en este eje de comunicación”, añade.
Mientras la actividad en el campus, más allá del ámbito docente e investigador, es mínima, la Universidad ha encontrado en el edificio Redeiras un punto de encuentro con los vigueses. “Cuando organizamos algún acto en la ciudad siempre tenemos más éxito y cada vez le estamos dando más uso a este espacio en O Berbés porque allí tenemos la posibilidad de interactuar con a ciudadanía”, destaca.
Una decisión polémica desde el inicio y que llegó al Supremo
En su día, la creación de Cidade Universitaria S.A. generó una gran polémica y enfrentamientos entre el equipo de gobierno de Domingo Docampo y la oposición liderada por José Tojo, que planteaba otras alternativas como una fundación para evitar la “privatización” de la institución académica. El Claustro llegó a pedir la disolución de la sociedad en el año 2000, pero su demanda fue ignorada.
CUSA nació con un capital inicial de 500 millones de pesetas y cinco accionistas –UVigo, Caixavigo, Zona Franca, Concello y Diputación– con la misión de promover la construcción y explotar zonas, edificios y servicios relacionados con el ocio recreativo, la cultura y el deporte. En 2001 preveía unos ingresos anuales de 100 millones de pesetas solo por el alquiler de los bajos comerciales. Sin embargo, desde su creación apenas reportó beneficios, cerraron muchos negocios con el paso de los años y acabó generando un coste para la Universidad.
Por si fuesen pocos obstáculos, en 2007 el Tribunal Supremo anuló la entidad al considerar que su constitución había sido un acto ilegal, tal y como había denunciado la Federación de Enseñanza de UGT. Desde el sindicato entendían que la creación no había sido motivada ni tampoco se habían presentado el informe jurídico y el estudio de viabilidad.
Finalmente, la Universidad de Vigo presentó los documentos y la sentencia no llegó a ejecutarse. Pero la sociedad sigue muy lejos de alcanzar los objetivos para los que fue creada. “Estamos muy contentos con los socios, tanto con las administraciones como con las instituciones privadas, pero es difícil visualizar que el campus de Vigo vaya a ser aquello que se pensó en su día con locales, viviendas y un cine. Lejos de crecer, CUSA se va haciendo más pequeña”, admite el rector Manuel Reigosa.
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