La UVigo evalúa la degradación y ecotoxicidad de las bolsas de plástico y compostables en el mar

El grupo Ecotox desarrolla un método sencillo y rápido para ayudar a la industria a desarrollar materiales menos dañinos

Ensayos con restos de bolsas de plástico en un acuario de la Ecimat.

Ensayos con restos de bolsas de plástico en un acuario de la Ecimat. / Environmental Pollution

Sandra Penelas

Sandra Penelas

Las bolsas de plástico constituyen una parte importante de la basura marina con efectos ya bien conocidos en la fauna que las ingiere o que acaba enredándose con ellas. Las convencionales de polietileno están siendo sustituidas por otras compostables, pero su impacto y su biodegradabilidad en este medio todavía está por definir. El grupo Ecotox del CIM-UVigo ha evaluado la descomposición y ecotoxicidad de ambas para establecer un método sencillo y más rápido que las pruebas estándar actuales que puede ayudar a la industria a desarrollar nuevos materiales menos dañinos y a establecer certificaciones más claras y robustas.

“Hemos creado y optimizado un sistema y, aunque se puedan mejorar ciertos aspectos en el futuro, la idea es que tenga aplicación y no se quede en el ámbito académico. Queremos que lo utilicen la industria y las organizaciones de certificación, porque ahora mismo solo hay una en el ámbito marino que tienen muy pocos productos”, indica Sara López Ibáñez.

A partir de los ensayos realizados en las instalaciones de la Ecimat de Toralla, la bióloga jienense ha publicado cinco artículos en revistas internacionales que constituyen una tesis dirigida por el catedrático y responsable de Ecotox, Ricardo Beiras, y que defenderá tras el verano.

La investigadora Sara López Ibáñez.

La investigadora Sara López Ibáñez. / Cedida

Su investigación se desarrolló en varias etapas, desde los estudios in vitro y en los acuarios del laboratorio a los realizados en tanques de hasta 400 litros del mesocosmos de Toralla, el complejo al aire libre que permite replicar las condiciones del medio natural.

El último artículo, publicado en la revista Environmental Pollution, se centra en la degradación y la ecotoxicidad durante exposiciones en estas últimas dos fases –60 días en acuario y 120 en el mesocosmos– de bolsas de la compra y de basura tanto fabricadas con polietileno, de primer uso y reciclado, como también las certificadas como compostables, biodegradables y recicladas.

Para medir la degradación utilizaron como criterios la pérdida de peso y las propiedades mecánicas y en los ensayos de toxicidad evaluaron el impacto del plástico o solo de sus aditivos en larvas de erizo de mar –Paracentrotus lividus–. “En solo 48 horas podemos ver si crecen hasta el tamaño que deberían o si presentan malformaciones”, comenta.

Estudios de degradación en el mesocosmos de Toralla.

Estudios de degradación en el mesocosmos de Toralla. / Environmental Pollution

“Y añadir las propiedades mecánicas es importante porque nos da una idea de la fuerza que debería hacer un animal para liberarse del plástico y ayuda a seleccionar los materiales que suponen mayor o menor riesgo”, apunta.

“Lo que observamos en el estudio es que las bolsas de polietileno, incluso en condiciones optimizadas para acelerar su degradación, permanecen intactas. Pero, por otra parte, muestran una toxicidad muchísimo menor o prácticamente imperceptible en comparación con las compostables, que sí se degradan casi todas pero tiene una toxicidad más alta”, explica López Ibáñez.

“La toxicidad que muestran estas bolsas recién compradas manifiesta que también contienen aditivos, pero diferentes a las de polietileno. A veces, incluso más porque tratan de imitar sus propiedades. Una bolsa biodegradable está hecha para que se deshaga pero no tiene sentido que se rompa con el primer uso. Y para que tenga flexibilidad y resistencia hay que añadirle aditivos. Por tanto, son una alternativa pero tenemos que intentar que contengan compuestos lo menos tóxico posibles y que se degraden lo máximo posible en el medio”, añade.

Ensayos en mesoscosmos (A, B y C) y en el laboratorio (D, E y F)

Ensayos en mesoscosmos (A, B y C) y en el laboratorio (D, E y F) / Environmental Science & Technology

“También observamos que esta toxicidad se pierde una vez permanecen en el agua porque los aditivos que no están fuertemente unidos a la matriz del polímero se liberan al agua. Y, en algunos casos, cuando pasan algunos meses la pueden recuperar al liberar productos de degradación”, detalla sobre los resultados.

La investigación de Ecotox ayudará a la industria a buscar plásticos realmente biodegradables. Pero llegar a estos nuevos materiales, subraya, no significa que no debamos seguir siendo respetuosos con su uso. “Fabricar bolsas que se degraden cada vez mejor ayudará a mitigar un problema que tenemos ahora y que va a mantenerse durante mucho tiempo. Pero no queremos que la gente se confíe y las arroje al medio marino”, advierte.

"Las etiquetas deben ser claras para que la gente sepa qué hacer con las bolsas"

El método desarrollado por el grupo Ecotox también puede contribuir a mejorar los actuales sistemas de certificación y etiquetado. “Las etiquetas deben ser claras y específicas para que la gente sepa bien dónde tirar las bolsas y qué hacer con ellas. Hay productos que pueden estar reconocidos como compostables, pero solo en unas determinadas condiciones, no en cualquier lugar en el medio natural o en el jardín de tu casa”, plantea.

A lo largo de su tesis, titulada “Understanding plastic degradation in the marine environment: a multi-tiered assessment”, también ha realizado estudios sobre la influencia de los procesos microbianos en la biodegradación y de la variación de la luz ultravioleta. “La toxicidad aumenta a medida que también lo hace la radiación”, revela.

Suscríbete para seguir leyendo