Detectan “stickers” porno y macabros en chats de alumnado de institutos de Vigo

Profesionales que imparten talleres de educación afectivo-sexual en las aulas advierten que es una dinámica habitual entre los menores | Familias y centros desconocen estas prácticas

Una persona conversando a través de la aplicación de mensajería de WhatsApp.

Una persona conversando a través de la aplicación de mensajería de WhatsApp.

Carolina Sertal

Carolina Sertal

Eyaculaciones sobre rostros de mujeres, penetraciones anales, vaginales y bucales, masturbaciones, zoofilia, escenas sangrientas, cuchillos rasgando vulvas e incluso fragmentos de un cuerpo, “como si estuviera descuartizado”, que al enviarse al chat siguiendo un orden determinado acaban revelando en pantalla a una mujer “reconstruida”. Son solo algunos ejemplos del tipo de contenido pornográfico y “brutal”, en versión sticker (pegatina), que profesionales que imparten talleres de educación afectivo-sexual con alumnado de institutos vigueses y del área metropolitana han detectado que se distribuyen en los chats de grupo de estudiantes de Bachillerato y Educación Secundaria Obligatoria (ESO).

Familias y centros educativos desconocen por completo esta realidad que, sin embargo, expertas en materia de igualdad advierten que es una “práctica habitual” entre los menores y que, si bien en la gran mayor parte de los casos no son conscientes de “qué es lo que está mal”, se ha extendido y normalizado por completo, llegando a convertirse en “un elemento socializador” en las conversaciones que los adolescentes mantienen a través de aplicaciones de mensajería como WhatsApp.

Incluso menores que no consumen pornografía ni tampoco la buscan, acaban llegando a ella a través de estos chats

“Cuando realizamos intervenciones con el programa Falemos de sexo, centrado en pornografía y sexualidad, siempre sale el tema de que hay unos stickers, unos stickers que se mueven por los grupos de WhatsApp, y cuando pedimos que nos los enseñen o que nos los envíen, resulta que nadie los tiene. En el fondo saben que un adulto no los va a aprobar y por eso encontramos muchas resistencias, pero en un grupo finalmente logramos tener acceso a ellos y pensé que era una buena oportunidad para poder mostrarlos luego a las familias para que conocieran qué contenido están viendo sus hijos en los móviles y qué se está difundiendo en los institutos de la zona”. Pero en cuanto Lucía Pereda recibió el material en su teléfono móvil, esta educadora social y agente de igualdad confiesa que no se vio capaz de emplearlos como recurso didáctico: “Son de tal violencia física y de tal contenido de violencia sexual, que rápidamente llegué a la conclusión de que ni se pueden mostrar a familias ni se pueden distribuir ni reproducir”, afirma.

Esta profesional habla con claridad sobre la envergadura de la situación apuntando que “la carga de violencia es brutal y lo más grave es que lo normalizan y acaba siendo un elemento socializador. Es decir, es la normalización de la pornografía traducida en stickers y pasa a ser un elemento más que les da acceso a ella, porque incluso menores que no consumen pornografía ni tampoco la buscan, acaban llegando a ella a través de estos chats”.

Isto está acontencendo en institutos da cidade de Vigo, na contorna, en Pontevedra, en Vilagarcía, .... Está á orde do día!

Lucía Pereda destaca que muchas niñas abandonan inmediatamente estos grupos en cuanto reciben ese tipo de contenido “porque no soportan esa violencia”, si bien también indica que, “por sus edades, todavía no saben identificarla con la etiqueta de violencia sexual o física contra las mujeres, pero les remueve las emociones, al igual que sucede cuando se consume otro producto como películas, vídeos o series, y las emociones que les provocan los stickers está claro que son desagradables. Ya estamos viendo casos en los primeros cursos de la ESO”.

Corrobora esta realidad la politóloga y especialista en igualdad de género, Priscila Retamozo, quien afirma que “isto está acontencendo en institutos da cidade de Vigo, na contorna, en Pontevedra, en Vilagarcía, etcétera. Está á orde do día e moitas rapazas saen dos grupos en canto os reciben, pero é que son criaturas e aínda non saben identificar por que lles molesta. Escandalízanse e incluso levan susto, pero non son capaces de explicar por que. De feito, temos algún caso de Primaria”, asegura esta experta.

A abordaxe é importante non enfocala dende a sanción, xa que provoca que teñan medo e que se sintan culpables, pero non que o eviten

¿Y cómo llegan estos stickers a los chats de niños y adolescentes? Ambas profesionales responden que los menores obtienen este contenido en el momento en el que tienen acceso a internet y a las aplicaciones de mensajería, “con que un neno ou nena acceda a este material, o resto da clase xa está exposto porque se viraliza”. Asimismo, Priscila Retamozo hace referencia a que, en los casos de Primaria que han detectado, se corresponden al uso de videojuegos: “O que nos atopamos nos obradoiros é que o contacto tamén se dá a través de Roblox, por exemplo, un videoxogo ao que xogan xa dende Primaria e semellante aos Sims, de realidade virtual, no que poden interactuar con persoas descoñecidas e nos que se envía contido pornográfico. E estamos falando de crianzas de terceiro ou cuarto de Primaria!”, a lo que Lucía Pereda añade que “es habitual que pedófilos se hagan pasar por niños en estos juegos online y distribuyan ese tipo de contenido”.

Abordaje correcto

Estas expertas en materia de igualdad achacan esta realidad al acceso precoz a las nuevas tecnologías sin ningún tipo de supervisión y coinciden en que los menores todavía no disponen de las herramientas adecuadas para distinguir qué tipo de contenido está bien y cuál está mal. Tanto para Priscila Retamozo como para Lucía Pereda, la solución y el abordaje de estas situaciones tan delicadas jamás debe enfocarse desde la sanción.

En este sentido, ambas expertas comparten que se debe evitar el castigo, “xa que isto provoca que teñan medo e que se sintan culpables, pero non que o eviten” y destacan que la comunicación es fundamental, explicándoles por qué este tipo de contenidos no son adecuados y así crear conciencia crítica, haciéndoles saber también que si en esos stickers aparecen otros niños o niñas su tenencia o distribución es delito.

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