La actividad física decae tras el diagnóstico de párkinson pese a sus beneficios

Expertos de la UVigo participan en un estudio con pacientes de varias comunidades que constata los cambios de hábitos

Caminar es la opción favorita, y el neurólogo, el principal prescriptor

Clase de taichi en la Asociación Párkinson de VIgo.

Clase de taichi en la Asociación Párkinson de VIgo. / Marta G. Brea

Sandra Penelas

Sandra Penelas

La actividad física beneficia la salud de las personas con párkinson, sin embargo, tiende a decaer tras el diagnóstico, sobre todo, por la falta de energía y el miedo a las caídas. Un estudio con 211 pacientes desarrollado de forma conjunta por las universidades de Vigo, País Vasco y León constata estos cambios y tmabién reivindica la figura del titulado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFD) en la prescripción del ejercicio más adecuado en cada caso.

El trabajo se desarrolló en colaboración con once asociaciones de párkinson de País Vasco, La Rioja, Cantabria, Asturias y Castilla y León para explorar los hábitos de los pacientes e identificar a los profesionales responsables de recetarles actividad física y brindarles orientación, dos ámbitos en los que se ha desarrollado muy poca investigación hasta el momento.

“El Observatorio Parkinson de la Federación Española de Párkinson contactó conmigo y les propuse hacer una investigación sobre este tema. Los pacientes son cada vez más conscientes de la importancia de hacer ejercicio y los neurólogos les recomiendan seguir activos, pero ahí queda su consejo. No les dicen ni qué tipo de actividad pueden hacer ni con qué frecuencia. Y normalmente es a través de las asociaciones, que cuentan con algún graduado en CAFD o están inscritas en algún programa municipal, las que les ayudan a saber qué ejercicio pueden hacer y cómo llevarlo a cabo”, explica el catedrático y coordinador del grupo Well-Move, Carlos Ayán.

Los resultados del estudio rebelaron que el 58% de los participantes, la mayoría hombres y con una media de edad de 72 años, eran inactivos. Y el 43,2% mostraban un tiempo prolongado de estar sentados. Sin embargo, antes del inicio del párkinson, ocho de cada diez realizaban actividad física y las actividades más comunes eran la caminata (87,8%), la natación (22,8%) y el ciclismo (21,8%),

Clases impartidas por el Concello de Bueu.

Clases impartidas por el Concello de Bueu. / FDV

Tras el diagnóstico, el 66% continúa activo y el 19% lo intentó solo durante un tiempo. Pero el 78% dijo haber introducido cambios en sus hábitos como reducir la frecuencia del ejercicio y su duración, lo que corrobora, según los autores, que tienden a volverse más pasivos con el tiempo.

Además, la caminata era la actividad preferida y un tercio de los pacientes practicaba actividad física sin supervisión.

El estudio también refleja que la mayoría de los participantes (85%) recibió asesoramiento en el momento del diagnóstico (52%) o poco después (28%). Y que la principal fuente de consejo fue el neurólogo (74,7%), aunque también recibieron orientación por parte de otros profesionales de la salud, pacientes y empleados de la asociación a la que estaban vinculados.

Los investigadores destacan que la falta de información constituye una “barrera” para la práctica de actividad física y que los pacientes alentados por un neurólogo tienen más probabilidades de hacer ejercicio, siendo la orientación temprana “esencial” para una “gestión efectiva” de la enfermedad.

Los resultados, publicados en la revista de neurología Rev Neurol, la publicación en español en este ámbito de mayor tirada y difusión, ratifican la importancia de promover la actividad física en pacientes con párkinson para mejorar su calidad de vida “a través de una movilidad mejorada”. También aporta una "información valiosa” para la toma de decisiones informadas en el ámbito de la atención médica y la rehabilitación.

"Al sistema sanitario le falta un peldaño dentro de la rehabilitación a través del ejercicio físico, el graduado en CAFD"

En este sentido, el catedrático Carlos Ayán pone en valor la figura del graduado en CAFD. “Normalmente, por desconocimiento, los pacientes buscan a un fisioterapeuta, que lleva a cabo una rehabilitación en los primeros estadíos o cuando la patología impacta muy severamente. Pero en casos leves o moderados es el CAFD el que pauta si la persona puede caminar, nadar, bailar o hacer ejercicios de fuerza y resistencia. Es el que está capacitado para diseñar un entrenamiento personalizado”, subraya.

La participación de los CAFD en la rehabilitación de la salud genera el rechazo de los fisioterapeutas y ha dado lugar a sentencias del Supremo y a desencuentros dentro de la propia UVigo entre las facultades de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y de Fisioterapia a cuenta del máster de Ejercicio Terapéutico puesto en marcha por esta última.

“Al sistema sanitario le falta un peldaño dentro de la rehabilitación a través del ejercicio físico. Está el fisioterapeuta, pero también es necesario el CAFD. Los médicos de Atención Primaria empiezan a reclamar su presencia dentro del sistema sanitario porque tienen un rol muy importante en la prescripción de ejercicio físico. Sin embargo, todavía no ha llegado una legislación que regule sensatamente esta situación. El médico te puede recomendar actividad física, pero luego te derivaría al CAFD, que es el especialista que te puede decir cuánto ejercicio hacer, cómo y dónde”, detalla Ayán.

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