¡Bendita tarde de perros!
Decenas de mascotas reciben la gracia de San Antón en una jornada lluviosa

Una cobaya, un par de gatos pero sobre todo, una tarde de perros. Las mascotas viguesas volvieron a celebrar este 17 de enero la festividad de su patrón en una jornada marcada por las lluvias y el viento. Alrededor de medio centenar de fieles –y sus correspondientes mascotas– acudieron a la llamada de monseñor Alberto Cuevas para recibir la bendición por San Antón.
Equipados con sus chubasqueros y mejores galas para la ocasión, canes de diferentes razas y tamaños cumplieron un rito “institucionalizado” en la ciudad hace una década y que sigue sumando adeptos. Y es que en la Parroquia de la Soledad se cumplió también la forma inglesa del “llover a cántaros”: “It’s raining cats and dogs”.
El caso más singular es el de Tabú, una yegua de 26 años presente a través de la fotografía que lleva su dueña María. Ante la imposibilidad de llevar al equino que vive en el Alto de San Cosme hasta el centro de la ciudad opta por esta “estampita”.
Entre los perros había quien los llevaba a pares, como es el caso de Coral. En una mano, la pequeña Mini de dos años de edad que repite por primera vez en su fiesta. En la otra, Pitu de 15 años, a quien el año pasado estuvo bastante enferma y “aunque no contábamos con ella” pero que no faltó.
Y es que el manto de San Antón cuenta ya con varios milagros en esta parroquia en su hoja de servicio. También Débora Fernández acude agradecida con Prikel en un “día especial y una bonita iniciativa, ya que también son del Señor”. Y es que hace cuatro años le dijeron que rezara a San Roque y San Antón para sanar la enfermedad. “Hasta el veterianario lo calificó de milagro” dijo mientras se comprometía a no faltar ningún año.

El manto de San Antón bien merece un chaparrón / Jose Torres
En medio de los múltiples ladridos Norberto acudió con el pequeño Pituso en brazos, quien acudió para recibir la bendición por los otros dos gatos familiares de 18 años. En cuanto a los felinos también estaba Bibiana con el pequeño Luke, un “mimoso al que le fascinan los perros” y que disfrutaba especialmente al resto de compañeros jugando en el jardín parroquial.

Víctor P. Currás
“Dejar que nos cuiden”
“No me alargo más porque se ve que está sobre todo una tarde y un día de perros” resumía el padre Cuevas antes de proceder a la bendición. En una homilía en gallego y castellano en la que recalcó la importancia de estos compañeros de vida y su significado en la Biblia y nuestras vidas. Además de “reconocer algunas caras y algunas mascotas”, el párroco aseguró que “tenemos que dejarnos cuidar y querer”.
“Tranquilos que no se van a mojar más de lo mojados que ya están” resumía al repartir el agua bendita mientras seguían llegando fieles. Y es que el día y ellos lo valen.
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