Entrevista |
“El órgano es el único instrumento capaz de sonar de forma indefinida”
El organista de la boda de los Reyes o los funerales de Estado del 11M o Spanair toca mañana el de la concatedral en el Festival 8 pés

Roberto Fresco. | // CEDIDA / A. Blasco
Coincidiendo con la festividad de la patrona de la música, Santa Icía, la Orquesta Clásica de Vigo celebra desde hoy la tercera edición del Festival 8 pés. Esta cita nació para poner en valor el órgano de la concatedral-basílica de Santa María de Vigo, el único en activo en un templo de la ciudad: un Alberdi de 1909, restaurado en 2017 por Federico Acitores. El segundo de los tres conciertos que incluye el programa –a las 21 horas de hoy, mañana y el sábado– lo ofrece el organista titular de la catedral de la Santa María La Real de la Almudena y profesor de órgano del Centro Superior Katarina Gurska de Madrid, Roberto Fresco. El también director de la Academia de órgano Fray Joseph de Echevarría y profesor de los Cursos Internacionales de Música en Compostela destaca que interpretará un repertorio especialmente escogido para el instrumento del templo vigués. La entrada es gratuita, pero se puede hacer donativo para la financiación de este evento autofinanciado.
–¿Qué es lo que va a ofrecer en su concierto en Vigo?
–El órgano es un instrumento muy particular. Todos son diferentes y, dependiendo también del estilo y de la época de construcción de cada uno, cabe un repertorio un otro. El de la concatedral de Vigo fue construido en España con una determinada estética a principios del siglo XX y voy a presentar un repertorio pensado específicamente para este instrumento. Hay música española del siglo XX, de Eduardo Torres, de los hermanos Halffter... Todo esto viene alineado con transcripciones que compositores de finales del siglo XIX y principios del siglo XX hicieron sobre música barroca, de Bach. Su forma de entender Bach no es la que tenemos ahora mismo
–¿Por qué se caracteriza la música de órgano de principios del siglo XX?
–En España en concreto y en el órgano de la Concatedral de Vigo de manera particular, todo estaba un condicionado por la reforma litúrgica de Pío X. La música en la iglesia durante el siglo XIX había llegado a unos extremos en que se parecía más a la ópera que al ambiente litúrgico y hubo una reforma muy importante a principios del siglo XX en la que la música tuvo mucho que decir. En España, la corriente fue muy fuerte. Uno de los ejemplos fue Eduardo Torres.
–¿Qué referencias tiene de este órgano?
–Además de saber que se ha restaurado y que comenzaron a hacer un festival, poco. Hay muy pocos hechos en España, de ese momento, restaurados y en funcionamiento. A lo largo de los últimos 40 años, han tenido muy mala prensa porque en España estaba primando el órgano barroco y la restauración de los del siglo XVIII, que tenemos muchísimos. Eso ha ido en detrimento de estos otros, pero llevamos ya una corriente de diez años en defensa de esta estética que habíamos dejado olvidada. Particularmente, reconozco mucho la música antigua española, pero también me interesa muchísimo toda la escrita a finales del siglo XIX y a lo largo del siglo XX, con esta estética de la reforma litúrgica de Pío X, pero también con otras connotaciones distintas a las de la iglesia, como son las obras que voy a tocar de los Haffter.
–¿Qué cree que tiene de especial la música de órgano?
–Primero, es que en un 98% de los casos nos estamos moviendo en un ambiente muy distinto del resto de los instrumentos y de la concepción de la música. Fuera de un auditorio o sala de conciertos. Estamos en un escenario radicalmente distinto: la iglesia. Como espacio tiene unas connotaciones. En cuestión de acústica, cuando escuchas un órgano es una música que te envuelve. Luego, para mí tiene otras cuestiones un poco más personales, como el olor, en el que se juntan cosas de muchísimo tiempo, el de la cera que se impregna en las paredes, el del incienso... Cuando respiras dentro de una iglesia, respiras de otra manera. Y para mí también es importante la luz, porque es radicalmente diferente. Es un espacio que puede tener cien, doscientos o quinientos años. Todo esto condiciona la escucha.
–El templo se convierte en parte del instrumento, ¿no?
–Efectivamente, es la caja en la que resuena. Y además, el órgano es el único instrumento capaz de emitir un sonido de manera indefinida. Un instrumentista de viento tiene que respirar. Al de cuerda se le acaba el arco y tiene que recomenzar. En el órgano no sucede. Puede ser la relación del órgano con lo eterno.
–¿Ese estrecho vínculo con la religión es un problema para la difusión de la música de órgano entre gente que no es creyente?
–A mí me resulta habitual encontrar en los conciertos, que son mayormente en la iglesia, gente que no va allí para ninguna otra cosa. Otra cosa, desde el punto de vista del organista, es que presenta algunos inconvenientes: dependes de un espacio que no es tuyo, de unas costumbres que no son las tuyas, de unos horarios y también de la voluntad del párroco.
–Como organista titular de la catedral de la Almudena, ¿en qué actos más solemnes ha podido participar?
–Llevo de organista en la catedral veintitantos años y me han tocado cosas de cierta relevancia, como la boda de los actuales Reyes. Y también otras cosas más dolorosas como los funerales por los atentados del 11M en Madrid o del accidente de Spanair. Hay dos vertientes muy distintas.
–¿Coinciden con los conciertos más especiales para usted como músico?
–Son cosas distintas. En determinado momentos, aunque tiene que haber música, queda relegada. Algunas cosas tienen tanta relevancia que queda un poco de lado, como en los funerales. En el caso de la boda de los Reyes sí porque hubo que hacer un repertorio con orquesta y coro. A la catedral vienen con relativa frecuencia coros de Estados Unidos y de otros puntos de España y Europa y, a veces, hay momentos muy especiales para compartir la música.
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