El centenario de la amabilidad se celebra en Vigo
Consuelo Puente, religiosa del Amor de Dios, celebra hoy sus 100 años con una misa y una comida multitudinaria

Consuelo Puente Lobo, esta semana, en el Amor de Dios. / Ricardo Grobas
Ser sociable, amable, estar activa y ayudar a los demás. Puede que esa sea la receta que utilizase Consuelo Puente Lobo (Aldea de Puente, León; 10 de agosto de 1923), religiosa del Amor de Dios, para llegar a los 100 años, aunque ella asegura que “no hay un secreto” para alcanzar el centenario. Eso sí, le agradece a Dios la “salud” que le ha dado. “A veces, me duele un poquito una rodilla y me falla algo la vista. Tengo que usar las gafas para todo, pero estoy bien”, reconoce. Hoy, desde las 12.00 horas, celebrará su cumpleaños en la capilla del colegio de la avenida de Europa con una eucaristía de acción de gracias que oficia el obispo de la diócesis de Tui-Vigo, Luis Quinteiro Fiuza. A las 14.00 horas, se reunirán unas 80 personas para compartir una comida en el hotel Los Galeones.
Consuelo tuvo seris hermanos. Fue a la escuela de su pueblo y salió para ingresar en la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios en 1939. Desde ese momento, pasó por varios lugares dependiendo de las necesidades que se presentaban: Zamora, Pola de Siero, Verín, Pizarrales (Salamanca). Desde el año 1984, está destinada en Vigo. “Llegué para atender a una hermana que estaba recién operada y necesitaba cuidados. Salí de Salamanca con mucha pena, pero los religiosos y religiosas tenemos un voto de obediencia y vamos al sitio que nos mandan en el momento que nos necesitan. Enseguida me encariñé con Vigo y su gente. Soy feliz aquí”, destaca esta religiosa, que también atendió la portería del colegio olívico. Sus compañeros de Vigo destacan de ella su sonrisa, amabilidad y deseo de ayudar siempre a todos.

Consuelo Puente, en la portería del Amor de Dios, donde ella trabajó hace años. / RICARDO GROBAS
“Yo quería hacer el bien a los demás desde muy pequeña. Quería trabajar con los más pobres y, al conocer a las hermanas y ver cómo vivían, me pareció que, en el Amor de Dios, podía conseguirlo. Una frase de nuestro fundador, el padre Jerónimo Usera, es “Dirás la verdad y harás el bien”. Eso me ilusionó”, explica Consuelo, que recomienda “no complicarse la vida, hacer ejercicio y vivir con sencillez” para ser feliz: “Es bueno para el corazón”. “En casa, procuro estar activa. No me gusta el sillón. Me gusta ver las noticias en la televisión para estar enterada de lo que pasa en el mundo, pero no estoy horas delante de la tele. Me gusta leer y procuro prepararme en geriatría y también en temas que son propios de nuestra Congregación. Vivo feliz y sin hacerme problemas por cosas que no tienen importancia”, apunta.
Guarda en su memoria con especial cariño “el trato con la gente más pobre y necesitada” los años que estuvo en Pizarrales. “En Vigo, me encantaba atender a los pequeños madrugadores del colegio. La portería también fue para mí un trabajo muy agradable que me permitía hablar con mucha gente”, recuerda. Ahora, su vida es “tranquila”. “Mis hermanas dicen que mi obligación es cuidarme. Normalmente, me levanto a las siete, como todas ellas, y arreglo mi habitación. Después de desayunar, me gusta ayudar a las hermanas mayores que viven en mi comunidad en todo lo que puedo. Me gusta prepararles la merienda, acompañarlas al médico y charlar con ellas. Siempre que puedo, paseo una hora por la mañana y una hora por la tarde y me gusta hacer recados. A veces, voy hasta las Traviesas dando un paseo”, relata Consuelo.

Consuelo Puente se abraza con una compañera del colegio y exalumna. / RICARDO GROBAS
Reconoce que la ciudad “ha cambiado mucho” desde que es su hogar. “Está mucho mejor. Yo vi hacer muchos de los edificios de Coia y de La Florida. Ahora, Vigo está precioso, muy cuidado. Muy bonito”, apunta. Indica que “hay cosas buenas en todos los tiempos” en los que ha vivido, pero asegura que le gustan “mucho” los “adelantos que hay ahora”. “Antes, no contábamos con tantas cosas que nos ayudan. No existía Internet, la vida era más difícil para muchas personas, los viajes eran más largos y pesados. Me gusta mucho vivir en esta época”, apostilla.
Para que la rutina sea todavía más agradable, lanza una última recomendación: “Lo más importante es seguir el camino para el que se sientan llamados, el matrimonio, la vida religiosa, etcétera, y vivan con intensidad el día a día. También es muy importante que compartan su vida con la gente que quieren y la aprovechen cada día”.
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