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La UVigo revela que la espina de las libélulas es un arma sexual para acortar las cópulas

Es la primera vez que se describe un comportamiento “agresivo” en todo el reino animal

Los encuentros con hembras sin este apéndice aumentaron de 54 a 99 minutos

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Sandra Penelas

Sandra Penelas

En la guerra de sexos del reino animal las hembras de libélula han desarrollado un arma que las convierte en un caso único. Investigadores del Laboratorio de Ecología Evolutiva y de la Conservación (EcoEvo) de la Universidad de Vigo han descubierto que la espina vulvar es, en realidad, un arma sexual para acortar la duración de las cópulas, que en estos insectos puede prolongarse durante muchas horas.

Este comportamiento tan agresivo es muy llamativo porque normalmente es el macho el que inflige el daño para controlarla. La hembra lo hace de manera más indirecta, por ejemplo, reduciendo la fertilidad del esperma mediante una guerra química. Pero nunca se había visto algo tan directo y agresivo. Es la primera vez en cualquier especie animal”, destaca la investigadora postdoctoral Anais Rivas, que incluyó este hallazgo dentro de una tesis doctoral sobre diversidad de comportamiento en la que utilizó libélulas de todo el mundo como organismo modelo.

La bióloga constató la hipótesis de que la espina vulvar de las hembras es una adaptación genital contra los machos mediante experimentos realizados con la especie Enallagma cyathigerum, presente en toda Europa y Galicia, pero este verano los han replicado con Ischnura graellsii, que también viven en nuestra comunidad, y los resultados corroboran que se trata de un arma sexual.

Durante las cópulas, las hembras no pueden alimentarse y permanecen más expuestas a depredadores, además de que sus posibilidades de estar con otros machos se reducen. Pero el estudio demostró que la espina reduce los encuentros a la mitad, de 99 a 54 minutos.

“El macho está más tranquilo cuando le retiramos la espina a la hembra porque no tiene esa molestia. Las cópulas son largas y he llegado a observar, sobre todo, en Ischnura, encuentros de 12 a 14 horas”, apunta Rivas, que para su estudio analizó 127 apareamientos en los insectarios del laboratorio entre ejemplares de Enallagma recolectados en la laguna de Doniños (Ferrol).

“Todas las hembras tienen esta espina, pero hasta ahora se desconocía su posible función”

Anais Rivas - Investigadora posdoctoral

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“Todas las hembras tienen esta espina, pero hasta ahora se desconocía su posible función. Podía ser algo vestigial, como nuestras muelas del juicio o el apéndice, pero encontramos que había un motivo evolutivo. En algunas especies es más robusta o prominente y en otras varía su longitud. Y ahí es donde nos queremos centrar ahora a largo plazo, en llevar a cabo una comparación evolutiva entre especies. Nuestra hipótesis es que en aquellas donde la espina es más pequeña o incluso ha desaparecido es porque la cópula ya es más corta de por sí y no necesitan infligir ese daño”, explica.

Los resultados del estudio, que se llevó a cabo en los laboratorios de EcoEvo en la Escuela de Forestales de Pontevedra, se acaban de publicar en la revista Evolution, en un artículo que Rivas firma junto al catedrático y líder de su grupo, Adolfo Cordero, y la investigadora Viviana Di Pietro.

Salvo las especies que practican el canibalismo sexual como las mantis, hasta ahora no se conocían casos de hembras que dañen a su pareja durante la cópula. De hecho, los expertos de la UVigo partieron de tres hipótesis para explicar la utilidad de la espina vulvar de las libélulas: reducir la duración del apareamiento, conseguir una mayor eficiencia en el momento de la puesta de huevos o servir como “dispositivo estimulador” para que el macho transfiera más esperma o fluidos nutricionales a la hembra.

Pero las observaciones ratificaron que se trata de una auténtica arma sexual, ya que este apéndice “ofensivo” permite a las hembras ejercer cierto control sobre los apareamientos al generar suficiente “incomodidad” o “dolor” a los machos para que su duración se reduzca hasta la mitad.

Los estudios también demostraron que no se producían daños físicos en la vesícula seminal del macho, que es exactamente donde la espina hace contacto durante la cópula. Además, las hembras con y sin apéndice vulvar tuvieron las mismas tasas de puesta de huevos y mostraron una fecundidad y fertilidad similares.

Y la longevidad de los machos de fue igualmente similar entre los que se aparearon con hembras de control (con espina) y con las que carecían de dicho apéndice.

El grupo EcoEvo ha desarrollado numerosos estudios pioneros relacionados con las libélulas en todo el mundo e incluso descubierto nuevas especies. Y Anais Rivas ha participado en proyectos desarrollados en México, islas Fiji, Cuba, Brasil, Ecuador y Galápagos.

Catalana de nacimiento, la investigadora llegó a Galicia en 2015 y aquí le gustaría seguir desarrollando su carrera a pesar de las dificultades del sistema en España: “Me queda un año de contrato y no sé si habrá dinero para poder renovarme. Hay muy buenos investigadores en nuestro país pero la competencia es muy elevada porque las ayudas y las oportunidades son muy pocas”.

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Más allá de su belleza, las libélulas son organismos muy interesantes por su comportamiento y porque además son bioindicadores medioambientales. “Una biodiversidad alta indica que el agua de los ríos o lagos es de buena calidad”, destaca Anais Rivas (a la dcha.). Sus experimentos sobre la función del apéndice evidencian el conflicto sexual durante el apareamiento. En la primera etapa (a y b), el abdomen del macho está en contacto con la espina, que se inserta completamente mientras transfiere el esperma (c). Sin embargo, durante la ovoposición (d), la espina no daña el tejido vegetal donde se insertan los huevos.

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