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Palada a palada frente a la epilepsia

La neuróloga Dolores Castro y la asociación de pacientes derriban mitos sobra la práctica de deporte con esta patología | La piragüista Carmen Agra lo usa como “motor vital”

Desde la izq.: Carmen Agra, Dolores Castro y la presidenta de Ugade, Luisa Martínez.   | // PABLO H. GAMARRA

Desde la izq.: Carmen Agra, Dolores Castro y la presidenta de Ugade, Luisa Martínez. | // PABLO H. GAMARRA / A. Blasco

Vigo

En otro tiempo, a las personas que padecen epilepsia se les desaconsejaba hacer deporte. Les decían que era arriesgado por si sufrían una crisis durante su práctica. Hace tiempo que no, pero estos pacientes siguen realizándolo menos que el resto de la población. El miedo a tener un episodio en público, la falta de información o de motivación o el estigma que aún persigue a esta enfermedad son algunos de los motivos que la neuróloga Dolores Castro observa detrás de esta realidad. Con una charla organizada por la Unión Galega de Epilepsia, a finales de mayo, en el Hospital Meixoeiro, trató de derribar estos mitos. De hecho, cuenta que hay evidencia científica de que tanto el ejercicio físico como el intelectual reducen la posibilidad de sufrir una crisis. “Es más, –subraya la doctora–, a veces las crisis epilépticas aparecen cuando la persona está aburrida o tiene poca actividad”. Así lo tiene comprobado Carmen Agra, para la que el deporte es el “motor vital” que, junto a la medicación, le permite mantener bajo control esta patología.

Carmen, tudense de 26 años, tenía once cuando le diagnosticaron epilepsia. La detectaron después de que su madre la encontrara en el suelo y ella no se acordara de nada. Es una de las 1.500 pacientes que atienden desde la consulta monográfica de esta enfermedad en el Hospital Álvaro Cunqueiro. Alrededor de un 70% la mantienen bajo control gracias a la medicación. La Sociedad Española de Neurología detalla que es el trastorno neurológico más frecuente en niños y el tercero más prevalente entre toda la población española. Aparece, principalmente, en niños, jóvenes y mayores. “una persona padece epilepsia cuando ha tenido dos o más crisis epilépticas” que son “cualquier episodio neurológico generado por una excesiva actividad eléctrica de las neuronas cerebrales”. Puede deberse a causas genéticas, de alteración del desarrollo, degenerativas... Pero en más de una cuarta parte de los nuevos casos, se desconoce el origen. Como el de Carmen. Primero lo atribuyeron a la adolescencia y luego lo descartaron.

Con toda su vida ligada al deporte, cuando le dieron el diagnóstico, competía en natación. Entrenaba con un alto nivel de exigencia. Lo dejó. “Era peliagudo compaginarlo con la epilepsia”, cuenta. Pero no abandonó el ejercicio. Solo lo cambió por el piragüismo, una práctica “muy exigente”, que requiere un entrenamiento “muy disciplinado, con muchas horas de trabajo”. Lejos de suponer un obstáculo, para ella representa un beneficio. “Te ayuda a quitar todo ese nerviosismo cerebral o esas palpitaciones que se pueden acumular dentro de ti”, cuenta y añade: “Con cada palada que das, con cada esfuerzo que haces, lo sacas, lo canalizas hacia fuera”.

Desde su aparición sufría una crisis al año, hasta segundo de Bachillerato. Entonces tuvo siete en cinco meses. “Me dieron de las generalizadas, de las que te caes con convulsiones”, recuerda. Todas, en casa. Alguna, en la ducha. No sabían a qué se debía. “Me cambiaron la medicación muchísimas veces y nada. Estuve casi un año en cama, fatal, no me podía levantar”. Cuando volvió a ponerse en pie, no solo recuperó su rutina de ejercicio, sino que la incrementó. “Empecé a entrenar toda la semana, mañana y tarde”, cuenta. Hoy, lo ha cambiado por los caballos. Esta vía para “expulsar toda la adrenalina”, combinada con comida sana y “paz mental”, es la receta que a ella le funciona con la epilepsia. “Si la mente no está sana, tu cuerpo no va a estar bien”, subraya. No ha vuelto a tener crisis.

La doctora Castro explica que, muchas veces, estas se producen por “ánimo bajo, estrés o ansiedad”. Desde su consulta recomienda la práctica de deportes en especial, los colectivos, porque también facilitan la integración. “Es siempre conveniente que esté vigilado”, aunque señala que cada caso hay que valorarlo individualmente. En su consulta hay deportistas como Carmen, que lo practican a un nivel muy alto. “Hay que intentar normalizar la vida con epilepsia, quitando estigmas sociales mitos y sobreprotección.”, sostiene la neuróloga. Carmen está de acuerdo. Esta maestra de educación infantil, que el año pasado hizo un voluntariado en Kenia, no piensa renunciar a ningún sueño: “No quiero que la epilepsia me suponga una barrera para hacer nada en la vida”.

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